La participación hasta ahora en las municipales (más las 13 autonómicas) ha sido comparativamente más baja que en las generales.

Sin embargo, a pesar de que son millones los electores que se abstienen (más de once millones en locales de 2003) hay muchos que acuden a las urnas y votan sin elegir a ninguna candidatura.

Hay dos tipos de votos de esta categoría que se contabilizan al hacer el recuento: los votos nulos y los votos en blanco.

Los primeros son aquellos en los que el elector ha escrito algo en el sobre o en la papeleta (a veces son insultos), tienen tachaduras en las listas, sobres con dos papeletas de candidaturas distintas (si son de la misma es válido y se cuenta como un solo voto) o papeletas ficticias hechas por el elector.

Todos estos supuestos de nulidad representan habitualmente en las municipales entre un 0,7% y un 0,9%; es decir, alrededor de 150.000 a 200.000 votos.

La discusión sobre la nulidad de un voto tiene su importancia en los pequeños municipios donde dos candidaturas se disputan el control del ayuntamiento por pocos votos.

Está prohibida la destrucción de los nulos.

Demócratas convencidos que manifiestan su descontento global con la atmósfera política o con la política llevada a cabo por el partido más afín a su ideología

Ahora bien, el voto nulo puede tener en determinados momentos otro claro carácter político, ya que es nulo también el voto a una candidatura no admitida por sentencia judicial.

Este caso se dio en el País Vasco en las anteriores municipales de 2003, ya que, como se recordará, la candidatura creada por Batasuna fue ilegalizada antes de las elecciones.

Se repartieron papeletas de esta formación y por ello se sobrepasaron los 300.000 votos nulos, un aumento debido al hecho de que en el País Vasco el voto nulo pasó de 9.995 en 1999 a 126.760 en las locales de 2003 (el 10% del voto vasco).

En esta ocasión hay posibilidades de que se vuelva a repetir, al haberse invalidado buena parte de las candidaturas del entorno de Batasuna.

El voto blanco es un voto que se computa como válido y es el sobre que no contiene ninguna papeleta.

Este voto es generalmente un voto propio de muchos electores que prefieren no abstenerse, de demócratas convencidos que manifiestan su descontento global con la atmósfera política o con la política llevada a cabo por el partido más afín a su ideología.

Este sufragio blanco, que en las municipales de 1987 y de 1991 superaba ligeramente los 200.000 votos, ha ido paulatinamente aumentando hasta rebasar los 400.000 tanto en las locales de 1999 como en 2003 (representa entre 1,8% y 2% de los votos).

Este tipo de voto (no utilizado por los radicales vascos) será un indicador el próximo 27 de mayo de los efectos de la crispación política.