El Papa
El Papa aseguró en Brasil que la Iglesia había purificado a los indígenas. (Foto: EFE)

El papa Benedicto XVI, criticado en Latinoamérica por decir que la Iglesia Católica había purificado a los indígenas, reconoció el miércoles que se cometieron injusticias durante la colonización de América.

Sin embargo, no llegó a pedir perdón como habían reclamado algunos líderes de la región, entre ellos el presidente de Venezuela, Hugo Chávez.

"Aunque no pasamos por alto las diversas injusticias y sufrimientos que acompañaron la colonización, el Evangelio ha expresado y continúa expresando la identidad de los pueblos en esta región", dijo el Sumo Pontífice el miércoles.

"Es, de hecho, imposible olvidarse del sufrimiento y las injusticias inflingidas por los colonizadores a la población indígena, cuyos derechos humanos y fundamentales fueron muchas veces pisoteados", dijo el Pontífice en un mensaje en italiano más fuerte que el texto publicado previamente en inglés.

En un discurso a obispos al final de una visita a Brasil este mes, el Papa dijo que la Iglesia no se había autoimpuesto ante los pueblos indígenas de América.

Benedicto XVI dijo que estos habían dado la bienvenida a la llegada de los sacerdotes europeos en el momento de la conquista porque estaban "esperando en silencio" a la cristiandad. Abrazar la religión los purificó, destacó.

Reacciones contundentes

El teólogo y escritor brasileño Leonardo Boff, creador de la Teología de la Liberación, consideró hoy que las declaraciones del papa Benedicto XVI respecto a la evangelización en América Latina son "un insulto a los indígenas" y demuestran un claro desconocimiento de la historia.

Así se refirió Boff, en declaraciones Zaragoza, a las afirmaciones del Papa.

 

Decir que hubo diálogo es no conocer la historia, es ser ignorante

"Decir que hubo diálogo es no conocer la historia, es ser ignorante", señaló el teólogo, quien además manifestó que los ibéricos "destrozaron todo", "mataban a la gente" y trataban a los indígenas como si fueran "herejes" o "enemigos de la fe".

 

En Brasil había 6 millones de indígenas y hoy son 600.000, por lo que resaltó que la colonización y la evangelización en aquel momento "fueron un proyecto único y se mataba con la cruz y con la espada".

En este sentido, opinó que cuando el papa Benedicto XVI va a Brasil y dice que la primera evangelización no fue por imposición, sino que fue "la realización de un anhelo secreto de las religiones indígenas", sus palabras se entienden como "un insulto a los indígenas" y un "desestímulo a todas las iglesias y grupos, que son muchos, que ayudan a rehacer los pueblos indígenas amenazados".

Precisamente, apuntó que la Iglesia está "en crisis" y abogó por una reforma interna que apoye la descentralización, para que sea más cercana; y las comunidades de base, ya que se ha demostrado que donde hay trabajo de este tipo, "por los pobres y por la justicia", casi no hay emigración de católicos, mientras que donde no lo hay, "entonces hay una emigración enorme porque no se sienten atendidos".

Agregó que "los cristianos no ven a la iglesia como su hogar espiritual, no se sienten comprendidos, no entienden su lenguaje, y hay un fracaso institucional fantástico".

Se preguntó dónde está el trabajo de la iglesia con los sin tierra, los sin techo, los indígenas, las prostitutas o los niños de la calle, y lamentó que el Papa, en su reciente visita a Brasil, no dijera ni una sola palabra "de estímulo" para ellos, ya que dio la espalda a esa realidad e hizo un recurso institucional.

En su opinión, el Papa renovó el lenguaje superado de los años del decenio de los cincuenta del pasado siglo, de que a los pobres hay que dar resistencia y caridad, "un mensaje pasado, retrógrado, ignorante", ya que "nosotros proclamamos la justicia"

Teología de la Liberación

Sobre la Teología de la Liberación, explicó que nació "escuchando el grito de los pobres" con el objetivo de hacer de la fe "una fuerza de movilización social y de resistencia", para que ellos mismos "se salven y se busquen su liberación".

Lamentó que el Vaticano nunca haya entendido esta corriente y opinó que decir que es una "liberación marxista" es una "acusación cómoda" que busca "descalificar el trabajo que hacemos" y que surgió mirando "las masas excluidas, las clases oprimidas, los millones de indígenas pobres".

Al verlos, uno dice "eso no puede ser, tenemos que cambiarlo, hay demasiado sufrimiento, demasiado hambre", e hizo hincapié en que rechaza la proclama de la resignación, ya que "entre riqueza y pobreza hay relaciones causales", es decir, que la riqueza "está hecha por la explotación de los pobres, por lo que el pobre no es un pobre, es un empobrecido".