El abogado de Raúl R.F., el amigo del presunto autor del crimen de la bebé onubense de 16 meses Míriam, ha considerado "descabellada" la versión de los hechos que ofrece la defensa de Jonathan Moya, en la que apunta a su patrocinado como la persona que "hizo desaparecer" a la menor, y ha advertido de que, además, "carece de apoyo probatorio alguno".

El letrado Carlos Ferre, para quien el relato de hechos que se hace en el escrito de conclusiones elevado al Juzgado de Instrucción 2 de Almería "roza la parodia", ha asegurado que, a su juicio, persigue "desviar la atención y crear confusión" en torno a lo que pasó la última semana de 2012 en el cortijo de Fiñana (Almería) donde habría estado secuestrada la bebé.

Ferre ha indicado a Europa Press que la versión ofrecida por el letrado José Ramón Cantalejo "está sacada de la nada" y que, por tanto, "nada la respalda de lo actuado en el procedimiento" y ha insistido en que persigue "desviar la atención".

Cabe recordar que en su escrito de conclusiones, la defensa de Moya González sostiene que "no participó de manera activa en la muerte" de la pequeña, y asegura que lo que "produjo" su fallecimiento, de acuerdo al informe de autopsia que obra en la causa, fue el acto de "envolver su cuerpo con un rollo de film de plástico de cocina", lo que atribuye a Raúl R.F. de acuerdo a la declaración que su cliente prestó ante la Guardia Civil tras ser detenido el 27 de diciembre de 2012.

Ferre ha recordado que el Ministerio Público no ha formulado acusación contra Raúl R.F., quien ha quedado en libertad recientemente tras cumplir pena por maltratar a su novia menor de edad, aunque si el abogado de la madre de la pequeña, Gema Cuerda, que, en su escrito de calificación provisional, estima que habría participado en calidad de cómplice en el rapto de la niña y solicita para él la pena de cinco años de prisión por un supuesto delito de detención ilegal.

Transcripción completa de los mensajes de 'WASAP'

Por otro lado, el abogado de Raúl R.F. ha indicado que no ha formulado aún su escrito de defensa ya que, pese a existir apertura de juicio oral, el juzgado instructor no ha resuelto una solicitud de práctica de diligencia de prueba que, según ha dicho, se ha presentado "hasta en tres ocasiones".

"Han sido numerosos los escritos para solicitar la entrega de las tarjetas de móvil intervenidas a Jonathan Moya y a Raúl R.F. para que los peritos puedan efectuar un estudio de los 'wasap' intercambiados y se pueda hacer una transcripción completa de ellos, sin corte alguno".

De hecho, un informe de la Guardia Civil que obra en la causa sobre estos mensajes es la única "prueba" que vincularía al amigo del presunto autor material del crimen con los hechos. En concreto, el citado informe recoge como conclusión principal que Raúl R.F. "era conocedor de las intenciones" de Moya González de separar a la menor y a su madre en contra de la voluntad de ésta" y que podía, asimismo, "conocer el paradero de ambos" una vez fue secuestrada el 20 de diciembre de 2012.

Ferre siempre ha cuestionado la carga probatoria de los 'wasap' que obran en la causa "porque no están transcritos en su totalidad" y ha asegurado que Raúl solo sabía que Jonathan tenía una relación con una chica en Huelva, así como que mantuvo el último contacto con él en la mañana del día 20.

En el escrito de conclusiones de la defensa de Moya González sostiene que Confesó y manifestó ante la Guardia Civil que se encontraba al cuidado de Míriam en la madrugada del 23 de diciembre de 2012 cuando "se descuidó unos momentos de la misma, cayendo la pequeña al suelo desde una mesa donde se encontraba para cambiarle los pañales, golpeándose en la cabeza". Esto, según añade, "le produjo lesiones aunque sin resultado de muerte".

Al hilo de esto, y en atención a la misma declaración que ha variado en hasta tres ocasiones una vez en sede judicial, indica que "sobre las 04,30 y las 05,00 horas de ese día", acudió al cortijo, donde estaba el principal acusado con la niña "que se encontraba aún viva", su amigo Raúl R.F., "quien decidió hacer desaparecer a la menor, escondiéndola en los alrededores, arrojando finalmente el cuerpo a la balsa de riego donde apareció".

Según el relato de la defensa, "antes de arrojarla a dicha balsa", Raúl R.F. "decidió y procedió a envolver el cuerpo de la niña con un rollo de film de plástico de cocina, lo que produjo la muerte por asfixia de Míriam".

En esta línea, concluye asegurando que "con posterioridad, una vez introducido el cadáver en una bolsa de viaje rellena con un lastre de piedras, procedió a arrojarla a la balsa donde apareció tras superar la valla que rodeaba el recinto de la misma con ayuda de Jonathan Moya". El escrito elevado al juzgado instructor por Cantalejo considera, además, que su patrocinado actuó bajo las circunstancias atenuantes de "arrebato" y de "obcecación".

El

Fiscal habla "de golpes repetidos y con gran fuerza para hacerla callar"

La Fiscalía va a solicitar penas que suman 26 años de prisión para Jonathan Moya mientras que la acusación particular pide 29 años de cárcel. Según detalla en su escrito de calificación provisional del Ministerio Público, presuntamente golpeó a la pequeña con "gran fuerza y en repetidas ocasiones" con un objeto contundente en la cabeza para "hacerla callar porque lloraba" y la envolvió cuando "estaba todavía con vida" en un film transparente, provocando su muerte por asfixia.

Moya González, actualmente en prisión provisional por esta causa aunque tiene varias condenas en firme por delitos contra el patrimonio, habría introducido supuestamente a continuación el cuerpo sin vida de la pequeña en una bolsa de viaje "junto a su ropita y 15 piedras" para "arrojarla a una balsa de riego tras anudarle por fuera un bloque de cemento de grandes dimensiones" con el que se "aseguraba" de esta forma de que el cadáver "no saldría a flote".

El Ministerio Público asegura que tuvo retenida a la pequeña con vida desde el 20 al 24 de diciembre de 2012 en el interior del cortijo familiar donde se "escondió" tras raptarla y abandonar a su madre, con quien había mantenido una relación sentimental, "en un paraje deshabitado" de Fiñana (Almería) y que lo hizo pese a "los intentos reiterados de los agentes de la autoridad y los desesperados de la familia de la niña para que la entregase".

No apunta, sin embargo, en su relato de hechos qué movió a Jonathan Moya en su acción delictiva aunque a lo largo de la instrucción se apuntó que el procesado, quien ofreció hasta tres versiones de los hechos en las que hablaba de una muerte accidental de Míriam al caérsele de los brazos "cuando corría por el monte" o "de una mesa", podría haber actuado por precio para vender a la menor.

Los dos últimos informes aportados a la causa apuntaron, por un lado, que "no tenía alteradas su facultades" aunque sí recogía "rasgos acentuados como impulsividad y tendencia a conductas antisociales" y por otro, descartaban que, tal y como ha sostenido él, la muerte se produjese por una de manera "accidental" ya que las lesiones no serían compatibles debido a "los múltiples focos de contusión" y la "impronta de dedos en el tórax".

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