Cada día se destruye en España una tonelada de droga incautada

  • En 2013, Gobierno, jueces y fiscales firmaron un acuerdo que permite quemar la droga almacenada e incautada en un mes.
  • Hay seis hornos repartidos por todo el país para esta tarea.
  • En 2014 se quemaron en total 364,7 toneladas de droga incautada.
Imagen de archivo de la droga incautada por agentes de policía en una operación.
Imagen de archivo de la droga incautada por agentes de policía en una operación.
EFE

Una tonelada de droga incautada es destruida cada día en seis hornos repartidos por todo el país tras su almacenamiento en depósitos de Sanidad o en comisarías y cuarteles. En 2014 se quemaron en total 364,7 toneladas, casi un 20% menos que en 2013, según datos del Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado (CITCO).

El año pasado se destruyeron 20.365 plantas de cannabis, 4.034 litros de precursores, 1.500 kilos de medicamentos fraudulentos, 3.026 poppers (sustancias químicas que se inhalan), 2.602 viales-ampollas y 100 kilos de sustancias para "cortar" la droga.

Robos casi inexistentes

En 2013, Gobierno, jueces y fiscales firmaron un acuerdo que permite quemar la droga almacenada e incautada en un mes, aunque el juez no lo haya autorizado; solo una vez en este tiempo un juez ha decidido que se conserve toda la mercancía. Desde entonces, los robos de droga almacenada ya no computan en la estadística, ya que son prácticamente inexistentes.

Antes la droga "era como el cuchillo de un homicidio", no se tocaba hasta el juicio, explica el comandante de la Guardia Civil Joaquín Gil, pero ahora el juez puede ordenar su destrucción desde el minuto uno, aunque nunca lo hace hasta obtener el resultado de la muestra extraída.

Por si acaso, a ésta, que se analiza en laboratorios de las delegaciones del Gobierno, le acompaña otra para el contra-análisis y una más por si fuera necesaria. Los institutos de toxicología de Madrid, Barcelona, Sevilla y Tenerife prestan su apoyo cuando la sustancia es más "sofisticada".

El primer horno, en Asturias

Hasta conseguir depósitos ya "limpios", el camino ha sido laborioso. Cuando la droga se acumulaba sin orden ni concierto donde cabía o se podía, solo un horno, ubicado en Asturias, colaboraba con el Estado para destruirla, aunque ahora ya no tiene la "exclusiva" de la quema.

Dos en Andalucía, uno en Levante, otro en Cataluña y otro en Madrid le hacen la "competencia". No se han elegido al azar. Han tenido que reunir una serie de requisitos, incluidos los que manda Europa, para darles el visto bueno. Son empresas privadas —generalmente cementeras o instalaciones de tratamiento de residuos sólidos— las elegidas.

Todo este proceso se sufraga con el fondo de los bienes decomisados a los narcos y no sobrepasa los 200.000 euros al año. La cadena de custodia, explica Gil, desde que la droga sale del almacén hasta que llega al horno y es quemada garantiza un traslado sin incidentes.

Vapor de agua a la superficie

Todo el proceso se documenta y se firma con supervisión judicial, por lo que en el periplo de la mercancía -escoltada en su transporte por las fuerzas de seguridad- no queda resquicio alguno para la "tentación". Por otro lado, frente a épocas pasadas, cuando se quemaba a "cielo abierto", hoy los hornos están homologados por la UE de tal manera que en el proceso de quema hay una etapa final para eliminar cualquier partícula contaminante, relata Gil.

Hasta el punto -comenta- que en estos hornos la torre de quema de humos es más larga que la del horno en sí. Resultado: lo que sale a la superficie es vapor de agua. La cocaína es lo más complicado de quemar entre las drogas habituales debido al cloro, por lo que los hornos ralentizan el ritmo de quema para que finalmente sólo se desprenda vapor de agua.

Para las drogas menos convencionales -que contienen ácidos- se opta por la inertización -mezclarla con cementos, harinas u otras sustancias-, lo que supone su traslado a vertederos controlados. Un proceso que ha dejado a cero los depósitos.

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