Aminata, víctima de la ablación operada en España: "Quiero descubrir el placer que me perdí"

  • El doctor Iván Mañero, la Obra Social de CaixaBank y las comadronas impulsan un proyecto de reconstrucción genital a mujeres que hayan sufrido la ablación.
  • En los próximos meses esperan atender a un centenar de mujeres de España.
  • Aminata, senegalesa: "A mi pueblo llega información de que está prohibido, pero lo siguen haciendo. Todavía las tradiciones pesan más que las noticias".
Aminata Mballo, senegalesa víctima de la ablación, poco antes de someterse a una reparación integral de cirugía genital.
Aminata Mballo, senegalesa víctima de la ablación, poco antes de someterse a una reparación integral de cirugía genital.
HUGO FERNÁNDEZ

Saliendo temprano por la mañana de Dakar se llega de madrugada a Mballocounda, el pueblo de Aminata Mballo, una villa humilde de casas de adobe y paja en el profundo Senegal. En una de sus chozas a Aminata le mutilaron los genitales. Tenía unos dos o tres años. No lo sabe exactamente, porque no recuerda nada de ese día. Aunque lo imagina, pues creciendo fue testigo demasiadas veces de ablaciones similares: "Cogían a cinco o seis niñas. Las madres se juntaban en un sitio de la aldea con unas señoras mayores que las dormían y se lo practicaban. Las niñas salían llorando de dolor. Algunas sangraban y todas caminaban como yo, con las piernas separadas. La que tenía suerte se curaba enseguida, si no tenía infecciones".

Mballo tiene ahora 40 años, vive en una localidad junto a Barcelona, donde llegó siendo una adolescente. Está separada y es madre de dos hijos. El pasado viernes entró en un quirófano para que el cirujano plástico Iván Mañero le reparara estética y funcionalmente sus órganos genitales. La operación de Aminata pone en marcha el proyecto solidario de la Fundación Dr. Iván Mañero, en alianza con la Obra Social CaixaBank y las comadronas catalanas, que ayudará a un centenar de mujeres africanas residentes en España y que fueron sometidas de niñas a la ablación a tener  "una vida en pareja placentera y sin dolor". Según el Mapa de la Mutilación Genital Fememina, elaborado por la Fundación Wassu de la Universidad Autónoma de Barcelona, en España hay 55.000 mujeres y niñas procedentes de países donde se practica la ablación (sobre todo, Nigeria, Senegal y Gambia).

La comadrona de Aminata Mballo le recomendó someterse a esta operación, gratuita para mujeres sin recursos. Lo había deseado en silencio muchas veces, aunque nunca se atrevió a compartirlo con su entorno. Ni con su familia, ni con las mujeres senegalesas con las que se reune periódicamente. Sencillamente "es algo de lo que no se habla", mitad por vergüenza, mitad por no crear fricciones. Sin embargo, media vida vivida a miles de kilómetros de Mballocounda ha convencido a Aminata de que la mutilación genital le ha robado millones de sensaciones. "Sentimentalmente me he perdido mucho. Porque me da mucha vergüenza que vean como estoy. Por eso ahora quiero descubrir, sentir y vivir el placer que me he perdido", explicaba desde su habitación en la clínica de San Cugat.

Su intervención ha sido ambulatoria. Con anestesia local y sedación. "Es una cirugía más artística que compleja y va a depender, en cada caso, de lo que les hicieran de pequeñas", explica el dr. Mañero. "No hay un solo tipo de ablación. La amputación depende de cuánto cojan los dedos de quién practica el corte. No es lo mismo cortar un dedo, que una mano o un brazo", describe a modo de símil. Con Aminata y el resto de mujeres, básicamente, el doctor buscará liberar las cicatrices que atrapan los nervios sensibles del clítoris y que les producen dolor, expondrá el clítoris —cuyas dos terceras partes están enterradas— para que pueda formar parte del acto sexual, y realizará una reconstrucción estética integrada de toda la vagina, labios interiores y superiores incluidos.

Aminata Mballo no conoce un solo lugar de África en el que las niñas acudan voluntariamente a someterse a la ablación. "Es una costumbre que nos imponen sin preguntar, por la cultura y la tradición". Y que se sigue practicando, a pesar de la prohibición oficial. La Fundación Dr. Mañero, que gestiona desde hace diez años una escuela y un orfanato en la vecina Guinea Bissau, lucha contra esta práctica de sometimiento del placer de la mujer tan arraigada en esa sociedad. La fundación intenta que cale el mensaje de concienciación a las nuevas generaciones a través de la escuela y ofrece educación gratuita a los hijos de las familias que permiten reconstruir los genitales de sus hijas.

Operar a víctimas de ablación en terreno africano resulta más difícil que en Barcelona. Las familias no llevan a sus hijas por voluntad propia y las jóvenes tampoco se atreven a ponerse en manos de un doctor. Perdura la idea de que las mujeres que no se amputan el clítoris son impuras. "Si no han pasado por la ablación ni las dejan hacer la comida y, por supuesto, no podrán encontrar marido", describe el doctor Mañero, quien recuerda que lo que subyace en la ablación "es una acción de violencia machista que busca tener a las mujeres sin placer para que no sean infieles".

La última vez que Aminata Mballo visitó su Mballocounda natal fue en el año 2010. El Gobierno de Senegal había decretado la prohibición de la práctica de la ablación. "Al pueblo también llegó la información de que estaba prohibido, pero aún así ellas continúan haciéndolo. Recuerdo un día en casa de mi hermana que su vecina estaba diciendo que quería llevar a la niña, pero decía que había oído que estaba prohibido en la radio. Yo le expliqué que así era. Que en España también se decía que era mejor que no se practique a las niñas, pero todavía las tradiciones pesan más que las noticias", se lamenta.

Mballo es de las pocas mujeres africanas que se atreven a desafiar públicamente la ancestral tradición. Lo hace porque sueña con que todas las mujeres de su continente hacen piña para que se consiga erradicar la ablación en el mundo. "Para eso hay que arriesgar. Las africanas tenemos que dar la cara si queremos un futuro más libre, más sano y más feliz", reivindica. Después de la operación, está dispuesta a comenzar a hablar claro en su entorno. Y se ha marcado como reto convencer a uno de sus hermanos, el que vive en Dakar, de que no se lo haga a su hija. "Como me entere de que se lo hacen a mi sobrina, yo seré la que vaya a poner la denuncia", asegura.

El doctor Mañero avisó a Aminata Mballo de que tras la intervención podría volver a casa, pero deberá estar una semana, más o menos, sin realizar grandes esfuerzos. Lo que no sabe es cuándo estará lista para comprobar si ha recuperado la sensibilidad. "¡Uy!", espeta ruborizándose, "Eso no se lo he preguntado todavía al doctor. Ya mismo voy".

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