Juicio por la muerte de Jonathan
El padre de Jonathan (c), su abogado y un amigo de la víctima, que preside un grupo que apoya a la familia, el día del juicio. GUILLEM SÁNCHEZ / ACN

La Audiencia de Barcelona ha absuelto del delito de lesiones en concurso con un delito de homicidio imprudente al agente de la Policía Local de Terrassa que propinó un bofetón a un joven que cayó al suelo golpeándose fuertemente la cabeza —información que no transmitió a los sanitarios que le atendieron ni a sus superiores—, lo que le causó la muerte. También ha absuelto a sus tres compañeros, acusados de encubrimiento y de omisión del deber de perseguir determinados delitos.

Los hechos ocurrieron el 15 de septiembre de 2009, cuando el principal acusado y un compañero estaban identificando a los ocupantes de un ciclomotor, y Jonathan Carrillo, de 26 años, se les acercó vociferando y gesticulando. Los dos agentes y otros dos que les daban apoyo le rodearon junto a un árbol en la calle Sabadell, a la altura del centro cívico. El joven, que había bebedio varias cervezas mientras veía un partido de futbol, se quitó la camiseta e intentó hacer lo mismo con los pantalones, pero los agentes se lo impidieron.

Al entender que estaba teniendo una actitud irrespetuosa, uno de los agentes decidió interponer una denuncia administrativa. Mientras lo hacía, "y sin que se haya podido determinar el motivo", el principal acusado propinó un bofetón "de intensidad no determinada pero en todo caso pequeña" pues no le dejó ninguna señal, pero sí le hizo caer al suelo. Al encontrarse bajo los efectos del alcohol, Jonathan no puso las manos ni trató de impedir la caída, golpeándose fuertemente la cabeza contra el asfalto.

El joven quedó semiinconsciente y el agente que estaba redactando la denuncia pidió una ambulancia pero sólo hizo referencia al estado de embriaguez de Jonathan y no al golpe. Los primeros sanitarios que acudieron entendieron que se había caído solo y, al no ver otros síntomas, una segunda ambulancia lo trasladó al Hospital Mútua de Terrassa, donde le atendieron por intoxicación etílica. Tras una leve mejora, a las 11 horas sufrió una parada cardiorespiratoria y si bien los médicos pudieron reanimarle, observaron que se encontraba en muerte cerebral. Un TAC reveló la fractura craneal y hematomas extradural y epidural, causas de la muerte.

El tribunal considera que no ha quedado demostrado qué agente abofeteó al fallecido, pues las testigos que vieron la agresión no pudieron identificarle al presenciar la escena desde un noveno piso. Además, entiende que no era previsible que un bofetón, que reprocha, acabara en la muerte del joven. De hecho, justifica que no informaran a los médicos porque no pensaban que el golpe fuera tan importante. Si bien no era previsible la muerte del joven, sí era probable que cayera al suelo dadas las dificultades que tenía para mantenerse recto y la lentitud de reflejos, y que se golpearía contra una superfície dura.

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