La presidenta de la Comunidad de Madrid y candidata a sucederse a sí misma, Esperanza Aguirre, va sobrada en las encuestas, que le otorgan 64 ó 65 de los 120 escaños frente a los 45 del PSOE y los 10 de IU.

Por eso dirige sus filípicas en esta campaña contra el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, al que acusa de haber entregado la Constitución y las instituciones a los terroristas, de haber pactado con la "canalla etarra" las listas de Acción Nacionalista Vasca (ANV) –formación que recibió 700.000 euros del último Gobierno de José María Aznar a cuenta del patrimonio que le incautó el franquismo– y, entre otras maldades, de haber utilizado la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) para "sus enjuagues político-empresariales".

Por eso, porque hemos hecho 80 estaciones me quieren colgar de la catenaria

Quien escuche sus monólogos podrá advertir su deseo de convertirse en laringe de la oposición.

El lunes en Torrejón de Ardoz, a 60 kilómetros de donde su marido, el conde de Murillo, recibió el maná del AVE sobre tierras de secano en las que brotan ladrillos, actuó de telonero Eduardo Zaplana y proclamó que "Esperanza es buena para España".

Ella se entusiasmó y ejercitó el grito castrense "¡Viva España!" para cerrar el mitin.

Sabe Zaplana que el 27-M, Aguirre pondrá en relación sus resultados con los del alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón, y empleará el título de «presidenta más votada» para sustituir a Rajoy si no supera a Zapatero en las generales de marzo de 2008.

La suma de todo contra Zapatero es la consigna de Aguirre.

Esta mujer de 55 años reparte besos, agarra lactantes en brazos, gasta un euro al día en propaganda

El resto es la exhibición de sus realizaciones: 1.200 plazas residenciales para niños, ancianos y enfermos mentales, 8 nuevos hospitales, 56 nuevos centros de salud, 147 colegios bilingües y, sobre todo, 90 kilómetros de metro.

"Por eso, porque hemos hecho 80 estaciones me quieren colgar de la catenaria", dice en referencia a unos improperios que le lanzó la ministra de Fomento, Magdalena Álvarez.

De los túneles pasa a las promesas: "Si ganamos habrá viviendas de alquiler para los jóvenes a 6 euros el metro, con opción a compra".

"Y como la salud es lo primero, me comprometo a reducir las listas de espera quirúrgica a 30 días y las de espera diagnóstica a 40, salvo que el médico detecte cáncer, en cuyo caso serán 15".

Es decir, la misma promesa que hace cuatro años, aunque ahora, la suma de todos arroja 42.246 pacientes con 55 días de espera para entrar en quirófano. Por algo se llaman pacientes.

Esta mujer de 55 años reparte besos, agarra lactantes en brazos, administra un presupuesto de 18.169 millones de euros, gasta uno al día en propaganda, y promete lo que está en la ley: «Sanidad y enseñanza universal y gratuita», aunque luego anuncia su rechazo a la asignatura obligatoria de Educación para la Ciudadanía.

Frente a ella está Rafael Simancas, que todavía comparece como aquel candidato lacrimógeno al que "robaron" la presidencia del Gobierno regional y ahora han borrado del plano del metro.

Sus teloneros –Felipe González, Alfonso Guerra, Diego López Garrido– olvidan que tras la traición de Tamayo y Sáez se repitieron las elecciones y Rafa perdió, pero dicen que «Rafa se lo merece».

Él apela al espíritu de remontada del Getafe contra el Barça y cree que con una participación del 70% puede ganar. Moral no le falta.

De los pelotazos urbanísticos poco se habla. Existe un empate técnico entre el ex director de Urbanismo de Aguirre, Enrique Porto, y los alcaldes del PSOE en Ciempozuelos que iban con la pasta a Andorra, y esperan que hable la justicia.