José Mota
Los gestos y las voces son especialidades de José Mota ELENA BUENAVISTA

Es incuestionablemente uno de los grandes cómicos que ha dado este país en toda su historia. Nacido en Montiel (Ciudad Real) en 1965, José Mota ha ido subiendo peldaños con paso lento pero firme desde mitad de los ochenta, dejando claro que es una estrella incandescente en el firmamento del humor. Su dúo Cruz y Raya, con Juan Muñoz, nos hizo reír y reflexionar durante casi 20 años en especiales de fin de año de TVE y programas semanales que nos alegraron un poco la vida, sin caer nunca en la chabacanería o el escarnio.

Después, Mota quiso pilotar su nave en solitario y el éxito ha sido aún mayor. Su espacio La hora de José Mota -galardonado con el Premio Ondas en 2010- es un clásico de la cadena estatal que, después de una efímera aventura en Telecinco, volverá con renovados bríos dentro de muy pocas semanas. De momento, recordamos entre sonrisas y carcajadas el maravilloso especial de Nochevieja Un país de cuento, que recibió el aplauso de la crítica y el público.

Su espacio La Hora de José Mota fue galardonado con el Premio Ondas en 2010¿Cómo ha sido tu reencuentro con TVE?
Me ha encantado volver a la cadena. Con mi equipo, abordamos el proyecto con mucha ilusión. Podría decir que estuve al borde del año con los pies colgando, tomando notas constantemente, porque han sido unos meses muy ricos en acontecimientos. Tuve claro desde el principio que quería hacer un especial con el envoltorio del mundo de los cuentos, ya que eso teñía de dulzura algunas de las tragedias de 2014, como es el caso del desempleo.

Fantaseé también con la idea, que finalmente deseché, de hacer una adaptación de Los miserables. Compusimos un número que se llama Los desahuciables [comienza a cantar]: Un día más/ con la hipoteca para ejecutar/ este calvario nunca pasará/ los que nos quieren desahuciar/ estoy seguro que vendrán/ un día más... Giraba en torno a una pareja que había sufrido un desahucio y alrededor suyo se juntaban otras que estaban en las mismas circunstancias. Probablemente, vuelva a retomar el tema en alguno de mis próximos programas, aunque lógicamente preferiría que los desahucios nunca fueran actualidad.

¿Cuánto tiempo tardas en preparar y grabar una producción de esas características?
La idea general del programa la tenía desde agosto y fue entonces cuando comenzamos a trabajar en serio. En otros especiales de fin de año, el hilo conductor fueron distintas películas: Pulp Fiction, Seven... soy un gran cinéfilo. Han sido cuatro meses y medio muy intensos y gratificantes, porque no me esperaba una respuesta tan positiva de todo el mundo. La gente me para por la calle para felicitarme. Es lo más bonito que me ha pasado en mi carrera.

¿Cuál es el secreto de tu éxito?
El trabajo duro. En el especial de Nochevieja hemos estado ocupados cada día desde las nueve de la mañana hasta las dos o tres de la madrugada. No me ha importado. Me apasiona lo que hago. Busco el sketch perfecto y por eso, antes de grabar, reescribimos a menudo las situaciones. Lo importante es tener dignidad a la hora de acometer la tarea. Por otro lado, mi intención es siempre respetar al máximo al telespectador. Incluso cuando hacemos críticas, tratamos de mantener las formas con los que son objeto de esas críticas. En este sentido, yo puedo aludir a la gestión de determinado cargo público, pero no me gusta comentar aspectos de su vida privada, ni de la de nadie.

Uno de tus objetivos es triunfar en el cine. Lo conseguiste con La chispa de la vida, de Álex de la Iglesia, por la que fuiste nominado al Goya al mejor actor revelación, y ahora hay otro proyecto en marcha.
Tengo varias ofertas a la vista, pero lo que está más próximo es una película dirigida por Pedro Luis Barbero, una comedia emotiva que estamos preparando desde hace tres años. Roberto, mi personaje de La chispa de la vida, también participaba de esa emotividad. El cómico siempre se está moviendo en la delgada línea entre el drama y la risa. Su principal función es provocar emociones, sonrisas, carcajadas. Suelo decir que la comedia es tragedia más tiempo. Hay cosas que hoy pueden hacernos llorar pero a lo mejor pasado mañana nos reímos de ellas.

Mi intención es siempre respetar al máximo al telespectador

¿Piensas que Ocho apellidos vascos debería haber obtenido más nominaciones en los Goya, como mejor película, dirección, guion...?
Es sorprendente que no lo haya conseguido. Sobre todo creo que el guion debería haber sido reconocido porque lo han escrito dos auténticos monstruos: Borja Cobeaga y Diego San José. He trabajado con ambos, más con Diego, que ha colaborado en Un país de cuento. Es uno de los mejores guionistas que conozco. La historia de Ocho apellidos vascos ha unido más a la gente que muchos de los mensajes de los políticos. Ya lo dijo mi amigo Luis Piedrahita, «el humor es un arma de construcción masiva». En Ocho apellidos vascos ha quedado muy patente. Es el gran secreto de esta película: hablar de las cosas que tenemos en común por medio de la comedia.

¿Se puede hacer humor del atentado a la revista Charlie Hebdo?
No, por ahí no paso. Me produce una repugnancia absoluta lo que sucedió en París. Que terceros se tomen la libertad de disponer de la vida de otros es inaceptable. Cualquier mente racional se echaría las manos a la cabeza.

¿Cómo es José Mota? ¿Extrovertido, tímido?
Intento ser normal. Bueno, eso es como yo me conceptúo. Habría que preguntar a los demás qué opinan sobre uno mismo [risas]. Me parece que en el trabajo que hago es necesario ser comunicativo y dejar a un lado la timidez. Hay que salir y mirar a la gente para recoger frutos y convertirlos en una herramienta de creación de humor.

¿Qué es lo que más te gusta de tu profesión?
No hay nada más hermoso que subirse a un escenario y contar algo que provoque la risa del público. Es uno de los mayores placeres que he podido experimentar. Es un alimento prodigioso para el alma, y la tenemos muy olvidada.

¿Echas de menos tu etapa en Cruz y Raya?
Una parte imborrable de mí ha quedado en Cruz y Raya. Es imposible olvidar el trabajo que hemos compartido durante casi dos décadas. Mi compañero, Juan [Muñoz], era una persona muy optimista. Siempre veía el vaso medio lleno.

Una parte imborrable de mí ha quedado en Cruz y Raya¿Y tú no?
Al ser muy perfeccionista, disfruto más de los éxitos, pero también sufro demasiado con los fracasos, cosa que no le pasaba a Juan. Mis picos de share en un aspecto y otro eran más acentuados. Tuvimos ratos buenos y menos buenos, como todas las parejas, da igual que sea en el humor que en el amor. Llegó un momento en que decidimos de mutuo acuerdo seguir cada uno por su lado. Y nada más. Mi relación con él es magnífica. De hecho, ha participado en dos sketches del especial de fin de año, de los que estoy muy satisfecho.

¿Te cuesta simultanear la vida familiar con la profesional?
Es muy complicado porque dedico muchas horas a  mi trabajo. Patricia [Rivas], mi mujer, a veces me recuerda, y con razón, que tengo que dedicar tiempo a la familia. Trato de sacarlo para ella y mis hijos [Daniela y José], pero a menudo no sé cómo compatibilizarlo.

Ha sido corta tu etapa en Telecinco.
En la temporada que el programa estuvo en antena, conseguí una audiencia más que respetable.  Soy consciente de que ubicar el espacio en día laborable, teniendo en cuenta que es un formato concebido para el fin de semana, no era la mejor opción. Sin embargo, ha sido muy interesante esta pelea, porque me ha obligado a esforzarme más si cabe frente a una competencia feroz. He hecho muy buenos amigos en Telecinco y mi relación con Paolo Vasile [consejero delegado de la cadena] es estupenda.

<p>José Mota de Mariano Rajoy</p>

Actúas, cantas, bailas, imitas, escribes, haces doblaje... ¿Toda esta actividad, es porque te retas a ti mismo?
Es un juego. Como dije en un reciente tuit [@JoseMotatv], nos empeñamos en olvidar que somos niños, que es una forma de ser eterno. No entiendo la vida alejada de ese periodo fundamental de cada uno. Hay gente especializada en apartarte de la infancia. Cuando uno se lo pasa muy bien, suele haber cerca algún capullo que trata de joderte el día. Entrar en el plató, cambiarse de ropa, disfrazarte para las imitaciones... todo eso es un juego. Te diviertes y diviertes de paso a los demás. Si te tomas las cosas demasiado en serio, el aburrimiento comienza a adueñarse de ti.

La gente ha adoptado frases tuyas tan populares como: "No es por no ir, porque si hay que ir se va, pero ir pa ná...", "Las gallinas que entran por las que salen", "Tú eres tonto y en tu casa no hay botijo"...
Las extraigo de la mezquindad humana. El humor nace de las miserias que arrastramos. El caso del sketch del socorrista de "no es por no ir...", que está poniendo excusas para no salvar a un bañista, es de los ejemplos más claros de ruindad. Nos reímos de su vileza. O también este otro del tipo que intenta ligar con una chica y le dice que se levanta todos los días a las tres de la tarde. Mi madre me hace la cama, mi padre va a tráfico si hay que pagar una multa. Llego a plato lleno a comer, a mesa puesta a cenar, veo el partido. Para finalizar, le suelta a la chica: "No te digo que me lo mejores, iguálamelo" [risas].

Que nadie se atreva a despertarte de ese sueño que albergas

¿Qué metas o sueños te faltan por cumplir?
Me gustaría tomarme una pastilla que hiciera que el tiempo pasara más lentamente porque soy un apasionado de la vida. Se sufre más a medida que la consciencia crece. La vida no hay que pensarla tanto, hay que sentirla. Y yo pienso mucho [risas]. Bueno, en serio. Me gustaría que fueran saliendo algunos proyectos cinematográficos que estoy barajando, pero la verdad es que soy una persona afortunada y satisfecha con lo que hago. Creo que si tú concibes un deseo, como me ha pasado a mí, el entorno se alinea en tu favor para que pueda llegar a producirse. Conozco bastante gente que se ha convertido en lo que imaginó ser en sus primeros años. Claro, hay otras muchas personas que no lo han conseguido, pero en cualquier caso, está muy bien tratar de alcanzar los sueños. Y que nadie se atreva a despertarte de ese sueño que albergas.

¿A qué personaje de los que has ideado le tienes más cariño: la Blasa, el Tío de la Vara, Tomás, Berengario, la Vieja’l Visillo, el Cansino Histórico?
Todos son complementarios. Últimamente siento un afecto especial por el Cansino Histórico. Este personaje demuestra lo rápido que pasamos del amor al odio, con ese sketch en el que se encuentra a Van Gogh (que es Pablo Motos) y lo halaga invitándole a tomar una cerveza, pero como el pintor no acepta, termina poniéndolo a caer de un burro. Es decir, cuando enfrente no encontramos a la persona que habíamos imaginado, que no hace lo que queremos, nos desilusiona, produce tirantez. ¿Quién no ha sentido alguna vez que alguien lo está mandando a la mierda aunque le dé palmaditas en la espalda?

¿Por qué llevan gafas, y bastante rotas, la mayoría de estos personajes?
No es algo que haya buscado con ahínco. Supongo que lo que quiero es huir de mi apariencia habitual con una caracterización sencilla, de quita y pon.

¿Y de tus imitaciones, con cuál te quedas?
He disfrutado mucho con la parodia de Jordi Évole. Estuvimos hablando hace poco y bromeábamos con la posibilidad de presentar juntos Salvados. Es un tío muy ingenioso y tiene un gran mérito lo que está haciendo. Ha creado un estilo de periodismo y maneras de entender la entrevista que no se habían visto antes.

He bromeado con Jordi Évole sobre presentar juntos Salvados¿Qué es para ti Montiel y La Mancha?
Una referencia ineludible. Soy un romántico y un melancólico de muchas cosas que tienen que ver con mi pueblo y La Mancha. Cosas que mi padre me contó de cuando era niño y el mundo era en blanco y negro. Esos recuerdos me fascinan y me han ayudado a recuperar para mis personajes expresiones locales que la globalización ha arrinconado. Me inspiran y tengo presente lo que las generaciones anteriores significan en la vida de uno. De hecho, me ha interesado investigar en mi árbol genealógico, llegando hasta 1680. Es lo más  parecido que he vivido a un viaje en el tiempo. Cuanto más pasado conoces, más sólido llega a ser tu presente.

No suele haber mucho sexo en tu humor. ¿Por qué?
Si te refieres a matices soeces y demás, es verdad que no soy partidario. Eso no quiere decir que todo el humor que se haga sobre sexo tenga que ser de sal gruesa. Hay artistas que hablan de sexo constantemente y son magníficos. Woody Allen es un genio en ese sentido, utilizando un soporte, una película, que se presta a ello, hablando de traumas, deseos, historias no cumplidas; y aportando unos diálogos y una ironía que son impresionantes.

¿Woody Allen es uno de tus mitos cinematográficos?
¿Y de quién no? No creo que nadie en la historia del cine haya hecho tantas buenas películas. Quizá el director de Con faldas y a loco [Billy Wilder] tiene también muchos títulos maravillosos y es el único que se le puede comparar. Porque Spielberg ha realizado buen cine, pero es muy desigual. Tengo entendido que los padres de Woody vivieron más de cien años, así que por suerte podemos tener Allen para rato.

¿Dirías que te gusta, principalmente, el cine estadounidense?
Tendemos en los gustos a irnos a Estados Unidos, pero en España ha habido y hay cine espléndido. O en Argentina, el otro día vi Relatos salvajes y me encantó. Construir una obra tan redonda como esa es muy complicado. Tiene que haber un guion atractivo en primer lugar, un director solvente, grandes actores, una fotografía adecuada, etc. Por eso llaman al cine el séptimo arte.

No obstante, has manifestado que la mejor ficción de la actualidad se está creando en televisión.
Lo he dicho y lo sostengo. Desde hace 15 años más o menos, estamos viendo auténticas maravillas, como la serie Prison Break y tantas otras. En España, la ficción ha crecido mucho y se han incorporando al medio jóvenes y excelentes guionistas que salen de las escuelas de audiovisuales. Por otra parte, además de nuevos actores, se recupera para las series a intérpretes más veteranos que estaban olvidados, de lo cual me alegro infinitamente.