Un año después el río trae a los conquistadores
Miles de sevillistas acompañaron al equipo en su largo paseo por el río (K. R. / A. G. / EFE).
Los héroes de Glasgow entraron ayer en Sevilla como los conquistadores del siglo xvi, por el Guadalquivir. Y como entonces, una multitud de agradecidos sevillanos les recibió con vítores y a lo grande. Aquellas viejas naos se tomaban su tiempo, el catamarán de 14 metros también. Tardo unas dos horas en recorrer la distancia que separa el puente del Centenario del muelle de la Sal para que toda la ciudad disfrutara del espectáculo.

Y de la Torre del Oro acudieron, antes de nada, hasta la catedral, como hicieran también en su época aquellos aventureros de las américas. Solo que el Sevilla hizo el trayecto sobre una moderna carroza de dos pisos, arropada durante todo el camino por una eufórica afición. Allí, los conquistadores, agradecidos, ofrecían a la Virgen de los Reyes frutas exóticas de los trópicos y metales preciosos. Allí, también agradecidos, los de Juande presentaron a la patrona de la ciudad otro metal precioso, la Copa de la UEFA.

De la solemnidad del recinto sagrado, al baño de multitudes. De la quietud de la gigantesca nave de la iglesia, al griterio de la Plaza Nueva o y los cánticos desde el estrecho balcón del Ayuntamiento.

Fue una noche larga, intensa de sentimientos y con miles de personas por las calles del centro de la ciudad. Los jugadores disfrutaron de una gloria que escribirá sus nombres en la historia del club de Nervión, a cuyas puertas terminó la fiesta, que hay que cuidar el cesped para los triunfos que aún quedan por venir, la Copa del Rey y, el más ansiado de todos, la Liga de las estrellas. Más información en pág. 18.