La intérprete de una ONG Elisabeth Helen, propuesta como testigo por la Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M, recuerda que tras los atentados habló con Keneth, un ciudadano nigeriano que viajó en el tren que explotó en El Pozo.

"Cuando se produjeron las explosiones, su único objeto era huir porque estaba irregular [...], pero cuando comenzó a escuchar los gritos de los heridos, se quedó para ayudarles", asegura.

No acreditado

 

Tiró la ropa que vestía el día de los atentados porque le daba repelús 

Cuando llegó la policía, Keneth volvió a pensar en huir sin ir al médico: "Yo le convencí, porque tenía zumbidos en los oídos y un bulto en el vientre [...], bebía una botella de whisky al día por miedo", asegura.

 

Asistió a un par de hospitales madrileños, en donde le hicieron una revisión a fondo. Sin embargo, posteriormente el médico forense dijo que no quedaba acreditado que Keneth fuera víctima del terrorismo. "Tiró la ropa que vestía el día de los atentados porque le daba repelús [...], tenían restos de sangre, y nos quedamos sin pruebas", asegura Helen.   

Vecino de Martín Gaite

Tras esta declaración, otro testigo —Alberto Maes— solicitado por la Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M, ha explicado su experiencia en la calle Martín Gaite de Leganés, en donde el 3 de abril de 2004 se produjo la explosión de siete suicidas.

"Sobre las 17.30 de la tarde escuchamos un tiroteo, nos asomamos y vimos a la policía con las pistolas [...], empezamos a escuchar gritos en árabe, gritos constantes de Alá", explica Maes.  

Tras la explosión de los suicidas, "perdimos todo lo que teníamos [...], sufrí depresiones, no duermo, y mi mujer quería regresar a Leganés", afirma. 

En la actualidad, los problemas en la vivienda continúan "porque tenemos problemas con la recostrucción [...], reclamo la indemnización que me corresponde", afirma Maes.

Sigue el juicio del 11-M en el especial de 20minutos.es