Mantener al día la casa requiere llevar a cabo revisiones periódicas. Con una mínima vigilancia podremos conservarla en buen estado y estar alerta sobre cualquier posible deterioro.

Si los pequeños desperfectos y averías no se detectan a tiempo o se dejan sin solucionar, el problema puede agravarse y hacer mucho más costosa la reparación.

Existen algunos puntos básicos que deben estar bajo control para detectar una anomalía antes de que ésta comience a dar problemas. 

Puntos sensibles

Electricidad: Un defecto en un único enchufe puede producir un cortocircuito y dejar sin protección al resto de enchufes. Hay que desconectar una vez al mes el diferencial para comprobar que el cuadro eléctrico ofrece protección ante subidas de tensión.

Cañerías: Deben estar limpias de cualquier elemento que pueda obstruirlas. El punto de acceso más sencillo se encuentra bajo las piletas. Generalmente, los sifones de los desagües llevan una parte que se desenrosca y a la que llega mucha suciedad. Para limpiar a fondo las cañerías conviene utilizar regularmente un producto específico.

Cubiertas y terrazas: La cubierta de un edificio es responsabilidad de la comunidad de vecinos, pero en las casas unifamiliares, el tejado debe ser revisado con regularidad por el propietario. Comprobar la falta de alguna teja y buscar fisuras en las lonas asfálticas puede prevenir males mayores. En las terrazas hay que comprobar que no hay elementos desprendidos en el solado y que el voladizo no haya cedido.

Baños: Las siliconas de unión entre la bañera, el lavabo o bidé con la pared se estropean por la humedad y el tiempo. Conviene repasarlas con un sellador o con cemento blanco cada dos años para evitar que el agua se filtre y provoque humedades. Además, hay que comprobar el estado del alicatado –unos pequeños golpes en las piezas permitirán detectar si alguna está suelta–. Para saber si los grifos tienen pérdidas hay que comprobar que las gomas que los unen con las cañerías no se han agrietado.

Suelos: Requieren más prevención que cuidado. Poner fieltro en las patas de mesas y sillas ayudará a conservarlos en buen estado. Se debe evitar colocar macetas sin un elemento protector debajo para evitar la humedad en el suelo. Los de madera se han de fregar una vez al mes con productos específicos y los de baldosas con un limpiador especial con PH neutro.

Ventanas: Con el tiempo y la exposición a la intemperie, la masilla y todos los elementos que unen la estructura de la ventana y el cristal pueden deteriorarse. Se deben revisar cada dos años para evitar que las ventanas tomen holgura y filtren agua o, lo que es peor, que puedan llegar a desprenderse.

Las temidas humedades

Las humedades son uno de los desperfectos más comunes en el hogar. Uno de los lugares por los que se puede colar el agua son las juntas de las ventanas: si la masilla o silicona que las une a la pared se ha deteriorado, el agua de lluvia o, simplemente, un ambiente excesivamente húmedo puede causarlas.

Hay que comprobar que no hay fisuras en paredes y juntas. Ante una humedad inevitable como la rotura de una tubería, ésta se debe reparar lo antes posible para evitar causar mayores daños en el edificio. En el interior de la vivienda hay que comprobar que los tabiques no sufren ninguna fisura por el efecto del agua.