El final de curso se acerca y con él las temidas calabazas. Las academias y los profesores particulares viven en estas fechas una época de aumento de la demanda, pues los padres se afanan en que sus hijos suspendan el mínimo de asignaturas posibles, y no se vean obligados a estudiar en verano.

Y que los chicos sean malos estudiantes no es barato. Según el nivel y las horas de clase, a los padres les cuesta entre 150 y 300 euros al mes, esto es, entre 300 y 600 euros extra estos dos últimos meses de curso, pues los profesores cobran, de media, a 18 euros la hora.

Las clases más demandadas suelen ser de las materias denominadas de ciencias, como matemáticas, o también  inglés. Y los alumnos asiduos a estas medidas de urgencia son casi siempre de secundaria o de bachillerato.

Según Sebastián Triviere, director de la empresa Educa-system, en estos meses la demanda de clases particulares aumenta un 40% en total, pero principalmente hay dos tipos de alumnos.

Por un lado, están aquellos que, hasta ahora, no habían recibido clases, que demandan entre cuatro y ocho horas a la semana. Y por otro, están los previsores que, desde hace ya meses, reciben lecciones extraescolares. Éstos piden entre hora y media y dos horas más a la semana, lo justo para aprobar los exámenes.

En verano se estudia menos

Según Manuel Picó, del sindicato de enseñanza CC VV-CC OO, siempre se han proporcionado estos refuerzos a los jóvenes pero, a veces, el fracaso «no tiene solución». Aun así, es mejor animar a los chicos a que se esfuercen «en tiempo de trabajo» que en verano, pues en la época estival «estudian menos» y están más distraídos. En los exámenes de septiembre, «los aprobados son limitados», y aconsejan intentarlo en junio.

 

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