Las Polaroid que Balthus hizo todos los miércoles durante ocho años a su última modelo, Anna

  • El polémico pintor de las ninfas impúberes quedaba cada miércoles con Anna Whali, la hija del médico que atendía el delicado estado de salud del artista.
  • Se reunían siempre en el mismo salón, con las mismas cortinas y la misma 'chaise longe' y la cría posaba bajo la luz cambiante de los periodos estacionales.
  • Exponen en París las fotos instanténeas que hacía el pintor para futuros cuadros a la niña que fue su modelo desde los 8 a los 16 años.
Una de las Polaroid tomadas por Balthus a Anna Whali
Una de las Polaroid tomadas por Balthus a Anna Whali
© Harumi Klossowska - Courtesy Gagosian Gallery - Photography by Robert McKeever

El pintor, que tenía 82 años, y su musa, de 8, quedaban cada miércoles en la casa de él, una mansión al norte de Roma. Se reunían siempre en la misma habitación, con las mismas cortinas y la misma chaise longueen la que se reclinaba o acostaba la cría para que el anciano la pintase o retratase. La rutina se mantuvo, inalterable, hasta que la niña, hija menor del médico que atendía la delicada salud del artista, cumplió 16 años.

Aquella modelo es hoy psicoanalista y trabajadora social. Se llama Anna Whali. El pintor era Balthus —nombre artístico de Balthasar Klossowski de Rola (Francia, 1908 - Suiza, 2001)—. Una  galería de París exhibe más de 150 fotos Polaroid que el hombre tomó a la muchacha como "bocetos instantáneos" para futuros cuadros. En algunas aparece semidesnuda y las herederas del pintor, viuda e hija, han esperado para obtener el consentimiento de la modelo entonces impúber y exponer los retratos.

'Observarme en un ambiente contemplativo'

En las salas de la exposición, titulada simplemente Balthus —en cartel en la sucursal francesa de la galería Gagosian hasta el 28 de febrero—, se muestra un texto escrito por la modelo recordando las citas de cada miércoles durante ocho años: "Tardaba mucho tiempo en modificar lo que a mí me parecía un muy pequeño detalle y, desde mi punto de vista, todas las fotografías se parecían. Me preguntaba por qué tenía que volver, semana tras semana... Llegué a entender que necesitaba observarme en un ambiente contemplativo, bajo la luz solar que entraba por la ventana, y componer un lienzo mental que luego podía pintar en el estudio".

No hay gran diferencia entre una Polaroid y las demás. A Balthus no parecía preocuparle el encuadre, ni la postura de la modelo, casi siempre lánguida, con los ojos cerrados y recostada. Cambian la luz según transitaban las estaciones de los años y levemente la caída de la bata con la que solía posar Anna, dejando al descubierto más o menos piel. En algunas de las imágenes que se exponen, el contenido roza el desnudo y en una en concreto la chica muestra los pechos.

La exposición muestra el resultado pictórico de aquellas sesiones: un solo cuadro, Jeune fille à la mandoline (Joven con mandolina), en el que Balthus trabajó entre 2000 y 2001 y dejó inacabado al morir en su última vivienda, en la villa suiza de  Rossinière. Al entierro, en el que cantó una pieza fúnebre Bono (U2), asistieron centenares de notables, entre ellos el presidente de Francia, la supermodelo Elle McPherson y el fotógrafo Cartier-Bresson.

Letargo sexual

En el lienzo Jeune fille à la mandoline, que también se exhibe en la muestra parisina, una muchacha desnuda aparece recostada en una chaise longue, se lleva una mano a la cabeza, que cuelga hacia atrás, y deja caer el otro brazo sosteniendo el instrumento de cuerda. La sensación es la habitual en los retratos de niñas de Balthus: abandono y letargo sexual. Sólo un perro, que se asoma a la ventana tras la que puede verse la ladera de una colina, y un gato que descansa en una silla aportan cierto dinamismo. Un gran cortinón azul recogido con un cordón rojo completa la escena.

Ann fue la tercera de las niñas-modelo a las que Balthus pintó con profusión en un estilo que le valió acusaciones de pornografía y utilización perversa de menores —que él y sus defensores siempre negaron aduciendo que su visión de la infancia resalta la pureza de la inocencia—. Las dos primeras fueron Thérèse Blanchard, una niña vecina del artista en París que empezó a posar para Balthus cuando tenía 11 años y no dejó de hacerlo en los tres siguientes (1936-1939) —aparece en la obra más conocida del artista, Thérèse dreaming (Thérèse soñando, 1938)—, y la segunda fue Frédérique Tison, su sobrina —a la que se puede ver enGirl at the Window (Niña en la ventana, 1955)—.

'Seres puros sin edad'

Para el artista las niñas eran "las únicas criaturas que todavía pueden pasar por pequeños seres puros y sin edad". Pese a que fue condenado al ostracismo en algunos ambientes por sus lolitas semidesnudas y de actitudes que algunos pueden considerar impúdicas, la crítica siempre defendió al pintor, técnicamente muy dotado. Las familias de las modelos daban permiso a las niñas y a veces incluso asistían a las sesiones de posado.

Pintor de pintores —era admirado por Picasso, Miró y los surrealistas, sobre todo Man Ray— y gran amigo y colaborador de algunos los mejores escritores de su tiempo (Artaud, Camus, Saint-Exupéry, Michaux...), Balthus nunca pudo quitarse de encima el aura de voyeur

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