'Die Frau mit der schwarzen Boa', 1892
 'La mujer de la boa negra', obra de Toulouse-Lautrec de 1892 Henri de Toulouse-Lautrec - © RMN-Grand Palais (musée d’Orsay)/Hervé Lewandowski

Las obras capturan las muchas facetas creativas del artista, un excelente observador fascinado por la psicología humana. Henri de Toulouse-Lautrec (1864-1901) representa uno de los grandes talentos del posimpresionismo francés, en menos de 20 años de carrera pintó 737 cuadros, creó carteles, miles de dibujos, cientos de grabados y acuarelas...

Cronista ejemplar de la bullente atmósfera parisina de los últimos años del siglo XIX, el artista era hijo de condes y desde niño batalló con problemas de salud derivados de la consanguineidad de sus padres, primos carnales. Se fracturó las piernas en la adolescencia y un desorden genético impidió que se soldaran correctamente, su crecimiento se estancó, los huesos nunca dejaron de dolerle y no sobrepasó los 1,52 metros de altura. Las limitaciones físicas dificultaron su vida social y su actividad física y descubrió en el arte un gran aliado para enfrentar la soledad.

En cartel hasta el 25 de enero en Viena, en el Kunstforum Wien, Henri de Toulouse-Lautrec. Der Weg in die Moderne (Henri de Toulouse-Lautrec. El camino a la modernidad) es la retrospectiva más exaustiva del autor organizada en Austria. La muestra conmemora los 150 años del nacimiento del genio posimpresionista con préstamos de pinacotecas como el Museo Toulouse-Lautrec de Albi, el MET de Nueva York, el Museo d'Orsay de París o el J. Paul Getty de Los Ángeles.

Montmartre, la explosión creativa

La ambiciosa exposición abarca temas que fascinaron al artista. En los comienzos se aprecia el ambiente rural de la localidad de Albi, donde nació, heredero de una de las familias más antiguas de la nobleza francesa. A partir de la llegada a París en 1882 y el traslado al barrio de Montmartre en 1884, la explosión creativa es definitiva, con escenas que expresan la vida nocturna y voluble de la bohemia.

La melancolía y la soledad no se sospechan en los carteles publicitariosAdemás de los famosos carteles para espectáculos de baile y cabaret, el museo exhibe trabajos menos conocidos y que constrastan con el carácter llamativo de las ilustraciones festivas. En muchas pinturas, emplea tonos apagados que establecen un vínculo íntimo con el espectador, en el estilo de los dibujos hay una profundización inesperada del personaje que retrata. Toulouse-Lautrec demuestra un talento para transmitir la melancolía y la soledad que no se sospecha en el póster publicitario.