Deuda
Imagen de archivo de billetes de 500 euros.

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, explicitó en su comparecencia del pasado 26 de diciembre lo que desde hace meses llevan pregonando ministros como Montoro y él mismo: Que lo peor de la crisis ya ha pasado para España, y que tras un 2014 que confirmó el fin de la recesión y el cambio de ciclo, 2015 será el año "del despegue" de la economía española.

"España crece con bases sólidas", añadió Rajoy. Y aludió a los 550.000 puestos de trabajo creados en 2014, a los 338.000 nuevos afiliados a la Seguridad Social y a las ganancias de competitividad que han permitido las sucesivas reformas laborales. "España crece más que la mayoría de nuestros socios en Europa y creamos más empleo que ellos, es una realidad que no se puede negar", apostilló.

A este análisis nétamente optimista ya en año electoral se han unido ministros como el de Economía, Luis de Guindos, quien recientemente contrastó la evolución a la baja del conjunto de la zona euro con "una recuperación consolidada y cada vez más fuerte en España", lo que permite crecer muy por encima del resto de socios europeos. Algo más comedido se mostró en una entrevista concedida a la Cadena Ser, donde sin embargo destacó las tasas de crecimiento "relativamente elevadas" de la economía española y auguró que las previsiones de incremento del PIB para 2015 (un 2%) de no cumplirse, se desviarían en todo caso al alza.

Esta visión, sin embargo, choca con un buen número de indicadores económicos que ajustan el alcance real de la recuperación. Y es que ésta sería aún endeble y plagada de debilidades, en parte por la magnitud de la crisis (la mayor desde la Guerra Civil) y en parte por las medidas políticas emprendidas para consolidar la base del nuevo ciclo económico.

Más empleo, pero cada vez de peor calidad

Baja el paro, pero sigue en cifras sin parangón. Medio millón de nuevos puestos de trabajo y 338.000 nuevos afiliados a la Seguridad Social. El balance de parados y ocupados es nétamente positivo en el último año, desde un punto de vista objetivo. La creación de empleo supone tanto un alivio para las cuentas públicas como una señal y un impulso a la actividad, si bien el ritmo al que se produce está lejos de compensar los casi seis años consecutivos de destrucción de puestos de trabajo. Así, la tasa de desempleo en España se sitúa actualmente en el 23,9%, según cifras de Eurostat, solo por debajo de Grecia. Y a pesar del cambio de tendencia y del crecimiento por encima de la media, la tasa de paro apenas bajaría al 22,9% según las estimaciones más optimistas de los organismos internacionales. Es decir, que aún en el mejor escenario, al final del año el número de españoles sin trabajo seguiría duplicando la media europea.

La precariedad, la nueva normalidad. La creación de empleo surgida tras la crisis y facilitada por la reforma laboral está dando como resultado un trabajo asalariado con unas condiciones sustancialmente peores que las registradas antes de la recesión. La llamada "flexiprecariedad", caracterizada por unas altas temporalidad y contratación a tiempo parcial involuntario, ha dado como resultado una generalización cada vez mayor del subempleo, que a su vez es causa de una cada vez mayor desigualdad económica y social y una agudización de la miseria incluso entre quienes trabajan (el riesgo de pobreza en asalariados ha crecido un 20% entre 2007 y 2013). Eternos temporales, fijos discontinuos, pluriempleados, parciales con horas extra... las caras de esta nueva precariedad tienen como un punto en común unas peores condiciones laborales.

Deuda pública en niveles récord

¿Por encima del 100% del PIB en 2015? La caída de la recaudación, los rescates bancarios y el aumento de los llamados estabilizadores automáticos (prestaciones por desempleo, etc) ha supuesto un aumento imparable de la deuda soberana española, que ya supera en su conjunto el billón de euros, una cifra sin precedentes. A pesar de que se han cambiado los criterios contables para reducir artificialmente su peso proporcional, este año se superará el 100,3% de deuda respecto al PIB, según las propias estimaciones presupuestarias del Gobierno. Estos niveles de endeudamiento nunca se habían registrado, y sobrepasan los límites habituales que analistas y académicos expertos en renta fija sitúan como los máximos a partir de los cuales se elevan las posibilidades de impago de la deuda y se dificulta el crecimiento económico a largo plazo. Además, un nivel de endeudamiento tan alto seguirá requiriendo un sustancial porcentaje de recursos públicos: El Gobierno estima que tendrá que destinar 35.490 millones de euros solo a intereses de bonos y letras del Estado.

El crecimiento marcará el nivel de deuda. El crecimiento económico de España podría ocasionar que, aunque la deuda pública siga creciendo en términos absolutos, su peso relativo respecto al Producto Interior Bruto disminuya. El PIB español podría crecer en 2015 por encima de lo previsto (2%, según el Gobierno), y en la medida que éste es el denominador a partir del cual se calcula el porcentaje de deuda pública, ésta podría disminuir relativamente. Algo parecido ya ocurrió tras los cambios metodológicos introducidos en septiembre por el Instituto Nacional de Estadística (INE): El conjunto del PIB creció debido a solo a nuevos criterios contables, aunque sí que ha servido para reducir el peso relativo tanto de la deuda como del déficit.

Déficit aún sin control

El déficit cae, pero sigue por encima de siendo "excesivo". El proceso de ajuste del déficit, a pesar de los continuos incumplimientos, ha sido continuado desde 2012, año en el que España solicitó el rescate para su sistema financiero (ver gráfico inferior). Sin embargo, las estimaciones del Gobierno sitúan el déficit público para 2015 en el 4,2% del PIB, y el consenso de los analistas lo elevan hasta el 4,5%. Es decir, que a pesar de los ajustes y el previsible incremento recaudatorio producto de la recuperación económica, el desfase negativo entre ingresos y gastos superará hasta en un 50% el máximo fijado por los socios europeos en el llamado Pacto de Estabilidad (un 3% del PIB).

Evolución del déficit y la deuda pública en España (Fuente: Gobierno de España).

Deflación, un riesgo global

La bajada del petróleo. España lleva seis meses sumida en una caída del Índice de Precios (IPC) y más de un año con el riesgo de caer en una espiral deflacionaria (es decir, una caída general de los activos) que también afectaría a Europa. Hasta el momento, y en la medida que la mayoría del fenómeno se explica por la bajada en la cotización del petróleo, los economistas consultados por este diario consideran que los efectos en general serán posivos, ya que se podrá producir y consumir más a un coste menor. El problema para la economía española se podría generar en el caso de que las caídas de precios continuadas se registraran en una generalidad de productos y servicios, ya que una deflación es un fenómeno de muy compleja solución, en el que caen las expectativas y la inversión productiva en el país.

El riesgo, en las exportaciones. El riesgo de la deflación para España viene principalmente de fuera. Y es que la brusca caída del crudo puede lastrar las opciones de crecimiento de países productores como Venezuela, Ecuador, Brasil, Rusia... de los que España es un socio y un fuerte exportador. Si estos países entraran en crisis o perdieran capacidad de consumo, las empresas exportadoras españolas podrían verse seriamente perjudicadas en los mismos, lo que a su vez lastraría el crecimiento económico en España.