La Policía Nacional ha detenido a cinco personas, tres hombres y dos mujeres de entre 23 y 37 años, como presuntas responsables de dos delitos de robo con violencia cometidos en un establecimiento comercial y en un domicilio. Tres de ellos han ingresado en prisión por orden judicial.

La investigación ha permitido identificar a todos los presuntos autores, a los que se localizó y detuvo como supuestos responsables de dos delitos de robo con violencia e intimidación. Curiosamente, uno de ellos tenía concedido el tercer grado penitenciario y sólo acudía a un centro a dormir, según ha informado la Policía Nacional en un comunicado.

Los hechos se conocieron cuando uno de los empleados de un establecimiento comercial de la zona oeste informó a la Policía de que varios individuos habían entrado en las oficinas de una zapatería y habían obligado, bajo amenazas con arma de fuego, a una empleada para que le abriera la caja fuerte de donde sustrajeron 17.000 euros. Seguidamente abandonaron el lugar dejando a la empleada encerrada en un baño.

El otro caso se inició tras la denuncia de un hombre que decía haber sido víctima de un robo con violencia cuando salía de su casa, situada en la zona norte de Málaga. Al parecer, fue abordado por tres individuos que lo introdujeron nuevamente en su domicilio donde lo ataron y amenazaron con una pistola hasta que le dio todo el dinero que tenía, unos 1.900 euros. Antes de irse le golpearon en la cabeza y lo dejaron maniatado.

Las pesquisas, han precisado, condujeron a los agentes hasta un grupo criminal integrado por al menos tres hombres de distintas nacionalidades como presuntos responsables de los hechos. Tras esto, determinaron que estaba formado por cinco personas —tres hombres y dos mujeres—.

Según los investigadores, las dos mujeres eran las encargadas de ejercer labores de vigilancia sobre sus objetivos; una información que, posteriormente, pasaban al resto del grupo, los tres hombres que eran los responsables de cometer los asaltos.

Los tres individuos utilizaban armas de fuego para amenazar e intimidar a sus víctimas, a las que, además, no dudaban en golpear violentamente. En total consiguieron un botín de 18.900 euros en efectivo.

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