Disfruta de un dulce y reparador crucero por el Nilo

Crucero por el Nilo, templo Luxor
Crucero por el Nilo, templo Luxor
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Mientras el barco se desliza reposadamente entre las verdes orillas del majestuoso Nilo, al viajero le es fácil evocar un pasado remoto en el que estos escenarios se erigían como el centro de la civilización. Las falúas, junto al barco, trazan hoy, como entonces, su fugaz caligrafía sobre las mansas aguas fluviales, aunque esta vez no transportan bloques de piedra o monolitos desbastados en las canteras que aún se conservan en algunos tramos del río, sino turistas o pescadores que mantienen los tradicionales medios de trabajo y viaje.

Los barcos que realizan los cruceros por las aguas del Nilo son naves compactas, de unos sesenta metros de eslora, de tres cubiertas y alrededor de sesenta camarotes. Tienen salones, comedor y un área exterior con piscina, hamacas y confortables sillones, que permite disfrutar de una visión de las orillas del río que no ha cambiado tanto desde los tiempos de los faraones. Una frondosa franja de exuberante vegetación, en ambas orillas, separa el río de las tierras desérticas que conforman la mayor parte del territorio egipcio. En esa franja se concentran las poblaciones costeras y la actividad humana, fundamentalmente agrícola y pesquera.

Luxor, la antigua capital del Bajo Imperio

Luxor suele ser el punto de salida de los cruceros por el Nilo. Desde allí, el barco se deslizará suavemente hacia el sur, hacia Asuam, el último puerto del trayecto. En apenas unos cientos de kilómetros, el tiempo se ralentizará y adquirirá el ritmo pausado que favorece el descanso y concentra la atención, dos condiciones imprescindibles para aprovechar a fondo las características del viaje.

La orilla este de Luxor se ha convertido en una ciudad moderna. La orilla oeste, sin embargo, alberga algunos de los lugares más emblemáticos de la historia egipcia: el Valle de los Reyes, elegido por los gobernantes de las primeras dinastías para dar sepultura eterna a sus cuerpos; el templo de la reina Hatshepsut, separado del Valle de los Reyes por una colina; o los Colosos de Memnóm, dos gigantescas estatuas sedentes de más de 15 metros de altura que hoy se alzan, insólitas, en medio de la nada. Para la tarde (o quizá la noche), puede aplazar la visita al templo de Amon-Ra, atractivamente iluminado, y al templo de Karnak, otra visita obligada.

El segundo día de crucero, abandonado Luxor durante la noche, se llega a la villa de Edfú, en la que se halla el templo mejor conservado de Egipto, dedicado al dios Horus. Su construcción definitiva duró 180 años (237 a. C.-57 a. C.).

Un poco más al sur, tras otro paseo en barco, se llega a la ciudad de Kom Ombo, que alberga otro gran y curioso templo (siglo II a. C.). Son, en realidad, dos templos. Todo se encuentra duplicado a lo largo del eje central: hay dos entradas, dos columnatas, dos salas hipóstilas y dos santuarios. Probablemente hubo, incluso, dos grupos de sacerdotes para sus dos dioses. El lado norte está dedicado a Horus el Viejo (cabeza de halcón); el derecho, a Sobek (cabeza de cocodrilo). En la antigüedad, los cocodrilos sagrados disfrutaban bajo el sol en la orilla del río, cerca de del templo. Algunos de sus relieves son de los más detallados y mejor conservados de Egipto, especialmente los dedicados a las enseñanzas médicas. Los médicos egipcios estaban muy adelantados a su tiempo en el diagnóstico y el tratamiento de los enfermos. Se ha hallado un papiro con una lista de 500 enfermedades de esa época. En el templo de hay más de 100 relieves mostrando el equipo y los dispositivos que necesitaban los antiguos médicos egipcios. Tras el templo, es interesante recorrer el Museo del Cocodrilo, construido junto a él, en el que se muestran cocodrilos momificados de la misma época.

Tercera etapa del viaje

El barco llega a Asuam, la ciudad más meridional de Egipto. Hay tres lugares que merecen ser visitados: el obelisco inacabado, la Alta Presa del Nilo y el templo de Philae. La ciudad, de unos 300.000 habitantes, incluye a muchos nubios que se trasladaron allí cuando la presa fue construida. Su ubicación en el sur hace que sea un destino turístico muy popular en invierno.

Asuam concentra la mayoría de las canteras de granito de Egipto. El obelisco inacabado está acostado en una de ellas y lleva allí más de 3.000 años. Es enorme: más de 20 metros de largo y casi 1.200 toneladas.  La historia cuenta que cuando el obelisco estaba siendo excavado en el granito, los trabajadores descubrieron un defecto importante, por lo que abandonaron el proyecto. Nadie sabe qué faraón lo encargó.

La Alta Presa de Asuam -construida gracias a un préstamo de la entonces URSS- se completó entre 1960 y 1971, durante el mandato de Gamal Abdel Nasser. Tiene más de dos kilómetros de ancho y más de setenta metros de altura.

El templo de Philae, tercer monumento de Asuam, fue rescatado de las aguas del Nilo, cuando se construyó la presa. Está situado en una pequeña isla, a la que se llega en un agradable paseo en barca. Está dedicado a la diosa Isis y se trasladó a esta isla a finales de 1970 desde la isla de Philae, donde había quedado cubierto por las aguas y el barro desde principios de 1900, cuando se construyó una presa más pequeña.

Un crucero por el Nilo no puede terminar sin que el visitante conozca un poblado nubio. Hace mucho tiempo, Nubia (el Reino de Kush) se extendía desde Asuam hasta el sur de la frontera con Sudán. Cuando la presa fue construida, alrededor de 140.000 nubios tuvieron que ser trasladados. El Gobierno egipcio les dio nuevas tierras, viviendas, atención médica y electricidad gratuitas y escuelas libres a cambio de la pérdida de sus tierras. El viaje al poblado nubio se hace en barca, por una zona del río con pequeñas islas y meandros. Las casas nubias, de vivos colores y asentadas en el desierto, tienen suelos de arena y están construidas con ladrillos de adobe. Sus techos abovedados las mantienen frescos. Los nubios, a cambio de algo de dinero, permiten a los turistas visitar sus hogares, y les venden su artesanía en madera, cuero o cuerno. Su hospitalidad supone el broche de oro de este evocador e instructivo viaje.

Datos prácticos

  • Cómo llegar: Varias compañías aéreas vuelan a El Cairo directamente desde Madrid y Barcelona, incluida Egypt Air, la compañía bandera del país. Desde El Cairo hay vuelos internos tanto a Luxor como a Asuam, cabeceras y/o términos de cruceros.
  • Alojamiento: Si ha contratado un crucero solo entre Luxor y Asuam, el alojamiento es el propio barco, un pequeño hotel flotante con todas sus comodidades. Hay varias categorías, que repercuten en el precio.
  • Documentación: Pasaporte con una vigencia mínima de seis meses.
  • Moneda: Libra egipcia. La mayoría de las compras se pueden hacer en dólares o euros, y el regateo es perfectamente aceptado.
  • Ropa: Se aconseja ropa cómoda de algodón, gorro o sombrero, gafas de sol y, en invierno, alguna prenda de abrigo para las noches.
  • Comida: Muy variada y rica en sabores.
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