Miembros de Ultras Sur chantajean a comercios cercanos al Bernabéu a cambio de dinero

  • Supuestos miembros del grupo ultra 'recomiendan' a los comerciantes de la calle Marceliano Santa María que sus grafitis decoren los cierres.
  • "Es su calle y es su ley, señala un comerciante; "hay que subirse al carro porque es más barato", señala otro.
  • El encargado de una tienda pagará unos 400 euros por "este chantaje": prefiere un grafiti en su verja antes que pintadas neonazis todos los días.
Pintadas de Ultras Sur en la calle Marceliano Santa María.
Pintadas de Ultras Sur en la calle Marceliano Santa María.
JORGE PARÍS

"Es su calle y es su ley. Yo he visto de todo, hasta apuñalar a un caballo de la Policía". Quién habla así es un veterano comerciante de la calle Marceliano Santa María, junto al Santiago Bernabéu. Todos los que van al estadio madridista saben que esta calle tiene un único dueño, Ultras Sur, la peña más radical del Real Madrid. En esta calle está el mítico bar 'Drakkar', su histórico punto de encuentro. 'El 7 Blanco', 'La Fontanería' y 'El Sherwood' son también locales de reunión. Bien lo saben también los comerciantes de esta pequeña calle, que además de las bengalas, los cánticos, los orines y la basura acumulada de botellas y vasos que tienen que sufrir los días de partido, ahora deben soportar el nuevo 'negocio' de los Ultras Sur, o al menos de gente que se hace pasar por miembros de este grupo radical.

No, no se trata del típico 'merchandising' de los grupos ultras, como camisetas, bufandas, fotos, o la reventa de entradas. No, los Ultras Sur 'ofrecen' ahora a los comerciantes de la calle decorar sus verjas de cierre con grafitis del grupo, unos grafitis con firma y copyright que ahuyentan otro tipo de pintadas que pueden ensuciar sus verjas y escaparates. A cambio, los ultras aceptan 'ayuda' económica. "Es un chantaje en toda regla. Juegan con la intimidación. Te dejan caer que esta opción es mejor que 'alguien' te pinte todos los días tu negocio hasta que te canses y aceptes su oferta", señala el encargado de uno de los comercios.

Cinco comerciantes han confirmado a 20minutos que han recibido el ofrecimiento de este 'servicio' por supuestos miembros de Ultras Sur, pero han pedido a este diario que no se les identifique para evitar represalias. Otro comerciante, que ha decidido no ceder al chantaje de los ultras, ha preferido no hacer declaraciones. "Nosotros tenemos que pagar unos 400 euros por el grafiti. Estamos a la espera de que nos lo hagan. La intermediación se hace a través de uno de los bares donde se reúnen", señala uno de los comerciantes. La calle Marceliano Santamaría, no muy grande, alberga alrededor de 35 comercios, la mayoría negocios familiares, aunque hay algún banco y alguna franquicia. "Comercios pequeños, regentados por familias, y con verja, son los candidatos idóneos para recibir la visita de los Ultras Sur".

Un grupo dividido

La división reciente que ha vivido el grupo ultra, con una batalla campal escenificada el pasado 9 de noviembre de 2013 en el bar 'Drakkar' entre dos facciones del grupo (la vieja guardia contra los jóvenes, más radicales y violentos e influenciados por el movimiento neonazi 'Outlaw'), no ha sido obstáculo para que algunos de sus miembros hayan visto nuevas líneas de 'negocio'. Su expulsión del Bernabéu, lo que ha abierto un enfrentamiento directo con el presidente Florentino Pérez, ha mermado su capacidad de influencia en el club y sus ingresos económicos.

De hecho, tras la pelea en el bar 'Drakkar', el juzgado de instrucción número 3 de Madrid ha dictaminado una orden de alejamiento para seis miembros de Ultras Sur respecto a la sede de la Peña Veteranos, de la que forman parte antiguos ultras que ya no forman parte de esta peña radical. La resolución judicial amenaza con medidas más severas, como la prisión, si estos seis denunciados incumplen la orden de alejamiento.

La calle Marceliano Santa María, lugar de reunión de los Ultras Sur los días de partido.

"Hay que subirse al carro porque es más barato. Yo he visto cerrar una tienda de ultramarinos, un chino y una pequeña tienda de ropas por la presión de los Ultras Sur. Aquí se junta gente de Fuerza Nueva, Unión Nacional y Falange", señala un comerciante que parece conocerlos bien. "Los peores son la gente joven, de entre 14 y 21 años. Creen que esta es su calle". Otro empresaria asegura que la pintaban el cierre con simbología nazi y ella borraba las pintadas, la volvían a pintar y ella volvía a borrar, "supongo que hasta que se cansaron. Luego tuvieron la desfachatez de invitarme a la inauguración de uno de sus bares". Otra pequeña tienda aceptó que la decoraran el cierre, aunque prefiere no decir cuánto pagó.

Otro comerciante que lleva muchos años en el barrio ha decidido cerrar las tardes que hay partido entre semana, una calle en la que se pueden juntar 3.000 personas (ver vídeo). "No merece la pena. Lo dejan todo fatal y te puedan dañar la fachada o los cristales. A mí también me ofrecieron decorar mi pequeño cierre, pero como ya está hecho una mierda yo no iba a pagar. El que me lo ofreció, que por cierto iba muy bien vestido y no parecía un ultra, no volvió a aparecer". Lo que está claro es que el temor está instalado en la calle y nadie denuncia a la Policía. "No merece la pena", sentencia la mayoría.

El Centro de Estudios e Iniciativas sobre Discriminación y Violencia (Ceidiv) publicará en enero el libro 'Odio en las calles' (editorial Círculo Rojo), que analiza los grupos urbanos y la violencia ultra en el fútbol. El libro ya documenta las pintadas de los Ultras Sur en la calle Marceliano Santa María al menos desde el año 2011. Por otro lado, fuentes policiales de la Jefatura Superior de Madrid han explicado que no tienen constancia de denuncias de ningún comercio de esa zona y recuerdan que la nueva ordenanza de convivencia que quiere aprobar el Ayuntamiento de Madrid sancionará las pintadas de carácter xenófobo o racista, como las que pueden ser de simbología neonazi. Actualmente, hacer grafitis en espacios públicos de Madrid, no en comercios privados, está sancionado con una multa mínima de 1.500 euros.

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