Archibald J. Motley Jr. - Blues, 1929
Motley pintaba el ambiente de los clubes de jazz de los años veinte y treinta Collection of Mara Motley and Valerie Gerrad Browne. Image Courtesy of the Chicago History Museum, Chicago Illinois © Valerie Gerrard Browne

En algunos de los cuadros sobre fiestas y jaranas nocturnas que labraron su fama como moderno pintor de la locura de la era del jazz, Archibald Motley (1891-1981) muestra garitos de negros pero poblados también, y en armonía, por hombres y mujeres mestizos y blancos. Es lo que sucede en Nightlife (Vida nocturna, 1943), donde el ambiente es vibrante, alegre y sofisticado, muy lejano al de los joints rurales que presentó durante una larga época el arte más vernáculo, folklórico y racista de los EE UU.

Quizá el más famoso y potente de los artistas plásticos de la era del jazz —las décadas de los años 20 y 30 del siglo XX— que conllevó el llamado Renacimiento de Harlem, un reavivamiento cultural de los new negro (nuevos negros), burgueses, con ganas de mostrarse libremente y orgullosos de su condición racial —al menos en las zonas donde el supremacismo ario y el racismo no eran mayoritarias—, Motley pintó muchos óleos del mismo cariz que la escena de Nightlife: salones de baile urbanos donde personas de varias etnias se divertían en conjunto y sin problemas raciales, brazos agitándose al ritmo de la música, perspectivas sesgadas, fuertes contrastes de color y escenas corales donde conviven el arrebato del baile, el sudor, el humo y también las curdas existenciales de algunos solitarios en medio de la diversión ajena.

Orígenes africanos y europeos

Aunque la mayoría del público que se agita en el local es negro, no es raro adivinar a algunos blancos (hombres y mujeres) y a muchos mestizos con una identidad racial no del todo fácil de advertir —como el propio artista, que tenía orígenes africanos y europeos y un tono de piel oscuro pero especialmente claro que puede apreciarse en su Autorretrato de 1933—.

¡Olvídate de este racismo!, ¡al infierno con él! No significa nada para un artista En una larga entrevista que concedió tres años antes de morir, Motley afirmó que pintó la serie de cuadros de diversión interracial porque para él nunca existieron problemas de raza: "El racismo es lo primero que tiene que salir de las cabezas. ¡Olvídate de este racismo!, ¡al infierno con él! No significa nada para un artista. Todos somos seres humanos y cuanto antes se olvide el racismo más rápido seremos lo que deseemos ser".

Admirador de Hopper

Pese a todo, Motley ha pasado a la historia como un pintor racial y como tal se le presenta en una retrospectiva que se exhibe en Los Ángeles y luego irá a Chicago —ciudad donde vivió durante más tiempo y murió el artista, nacido en Nueva Orleans—. Pese a la paradoja, la exposición Archibald Motley: Jazz Age Modernist (Archibald Motley: el modernista de la era del jazz), con 45 óleos, es una excepcional oportunidad para ver cuadros de un artista que desarrolló un lenguaje propio en el que brilla, precisamente, el mestizaje entre las vanguardias de principios de siglo y el arte estadounidense que se independizaba de Europa con el juego sombrío y espiritual de luces y perspectivas imposibles de, por ejemplo, Edward Hopper, al que admiraba Motley.

Pasó un año en París con una beca y le fascinaron Delacroix y Rembrandt La exposición, que organiza el Nasher Museum of Art de la Universidad de Duke y ahora exhibe el Los Angeles County Museum of Art (LACMA), donde estará en cartel hasta el uno de febrero, recorre toda la carrera de este pintor poco conocido fuera de los circuitos especializados o los EE UU y merecedor de un mayor interés. Hay obras datadas en Chicago, París —donde Motley vivió entre 1929 y 1930 gracias a una beca y encontró un nuevo empuje para una representación más libre de la figura humana gracias a las obras de Rembrandt y Delacroix— y México, donde pasó algunas temporadas en los años cincuenta.

El éxito inicial de Motley fue rápido y llegó con sus primeros retratos. En contraste con los estereotipos raciales, sus modelos afroamericanos exudaban calma, un sentido de la contemplación exterior e interior y belleza, encarnando una comprensión moderna de la forma anatómica. Desde un primer momento el pintor adopta como tema frecuente el de una hermosa joven de ascendencia racial mixta, una figura recurrente que evoca a una musa de la era del jazz. Era una representante de la "nueva mujer", decía el artista, que estaba casado desde muy joven, y en contra de la oposición de las familias, con una excompañera de colegio de raza blanca, a la que también pintó en un delicado retrato.

Una octava parte negra

Entre las décadas de los veinte y los treinta, cuando Chicago se repobló con oleadas de migrantes negros que procedían del sur de los EE UU en busca de riqueza y un ambiente menos racista, el temario del artista se concentró en la bohemia nocturna y los locales de ocio. Pintó las élites negras de la ciudad en los antros de diversión de la zona bautizada como Bronzeville, oficios religiosos góspel y numerosos óleos de músicos en acción. Uno de sus cuadros más logrados es Octoroon Girl (1925), el retrato de una muchacha que es negra en una octava parte de su ascendencia y que Motley representa con exquisita nobleza y sin que le importe aclarar la raza de la modelo.

Captura el color y el sombrío ritmo sincopado de la vida nocturna Motley "captura de manera audaz el color y el sombrío ritmo sincopado de la vida nocturna durante la época del jazz", dice Ilene Susan Fort, coordinadora de Arte Americano del museo. "Tanto sus concurridas escenas urbanas como los interiores de clubes, bares y otras reuniones sociales, es el artista que mejor caracterizó la aparición de las nuevas comunidades negras modernas".