Una exposición recuerda los zoológicos humanos del siglo XIX para denunciar el racismo

  • El autor del montaje es el sudafricano Brett Bailey, que ya vio cómo su exposición fue anulada en Londres.
  • Son doce retratos vivos por los que el espectador debe pasar en silencio y en solitario.
  • Se le critica por reproducir la misma dinámica que recrimina y por "cosificar" a los actores que participan en la muestra.
Fotografía facilitada por el centro cultural Cenquatre de 'Exhibit B', exposición del sudafricano Brett Bailey con doce retratos vivos, por los que el espectador debe pasar en silencio y en solitario, perfilan una época en la que los occidentales se valían de su pretendida superioridad racial para justificar el embargo de sus tierras, la destrucción de su cultura y su sometimiento a la esclavitud.
Fotografía facilitada por el centro cultural Cenquatre de 'Exhibit B', exposición del sudafricano Brett Bailey con doce retratos vivos, por los que el espectador debe pasar en silencio y en solitario, perfilan una época en la que los occidentales se valían de su pretendida superioridad racial para justificar el embargo de sus tierras, la destrucción de su cultura y su sometimiento a la esclavitud.
EFE

Los zoológicos humanos, que entre mediados de los siglos XIX y XX enjaulaban o exponían a aborígenes para acercar a los visitantes al "mundo primitivo", adquieren un nuevo cariz con Exhibit B, exposición que aprovecha esos espectáculos de la dominación colonial para convertirlos en manifiesto antirracista.

El sudafricano Brett Bailey, creador de un montaje que en Londres fue anulado en septiembre y que en París está rodeado de un gran despliegue policial para evitar altercados, pretende no solo denunciar esas prácticas, sino su prolongación en el trato dado a los inmigrantes ilegales.

Doce retratos vivos, por los que el espectador debe pasar en silencio y en solitario, perfilan una época en la que los occidentales se valían de su pretendida superioridad racial para justificar el embargo de sus tierras, la destrucción de su cultura y su sometimiento a la esclavitud.

La inclusión como "objetos perdidos" de dos demandantes de asilo procedentes de Senegal y de la República Democrática del Congo, llegados a Europa de forma ilegal a través de Lampedusa (Italia) y París, recuerda que aunque las formas han evolucionado, la discriminación persiste.

No hacen falta jaulas ni una gran escenografía para que la fuerza del mensaje cale: un pequeño texto explicativo y la mirada orgullosa de los actores, negros, consiguen que, sin palabras declamadas, quien se sienta expuesto ante la barbarie de lo cometido sea el visitante.

La experiencia busca que el público entre desposeído de su identidad, de su propia historia, al ser llamado por un número para enfrentarse cara a cara, de ser humano a ser humano, con cada intérprete y situación.

Manifestaciones en contra

El centro cultural parisino Centquatre la programa esta semana y ha tenido que sortear manifestaciones, la crítica de quienes la califican de racista y degradante, y hasta una demanda judicial para que sea prohibida.

A su creador, de 47 años, sus detractores le reprochan también que, como blanco, reproduzca la misma dinámica que recrimina y los clichés sobre la representación de los negros "cosificando" y reduciendo al silencio a los actores.

"Un artista no es un historiador. Está ahí para hacernos captar, de una manera distinta a los libros de Historia, lo que pretende transmitir. (...) No se ha traspasado ningún límite", asegura en entrevista el director del Centquatre, José-Manuel Gonçalvès.

No hay paradoja, a su juicio, en el hecho de que un espectáculo antirracista se vea atacado por organizaciones que defienden esa misma ideología: "El 99% de quienes lo critican, por no decir el 100% no lo han visto".

En una de sus pocas entrevistas en la prensa, Bailey indicó esta semana en la revista Les Inrockuptibles que su obra "denuncia sin ambigüedad toda forma de deshumanización".

"El carácter plástico extremadamente preciso basado en hechos históricos permite la toma de distancia y prohíbe toda posibilidad de impresión degradante", agregó.

Al debate en defensa de su instalación han contribuido organizaciones como la Liga Internacional contra el Racismo y el Antisemitismo (LICRA) o la propia ministra francesa de Cultura, Fleur Pellerin, que apeló a mostrarse "dignos de la herencia de todos aquellos que se batieron en nombre de la libertad".

Ese mismo espectáculo ya se había expuesto sin incidentes en 2013 en el Festival de Aviñón y en el Centquatre, y a sus organizadores no les ha sorprendido en esta ocasión la polémica en sí, sino su violencia.

Y, pese a todo, no se achantan. La obra está programada hasta este domingo, pero una vez que eche el cierre, van a continuar la reflexión y el trabajo y el año que viene, anticipa Gonçalvès, volverá a Francia.

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