Es un síntoma más de la poca toma de conciencia. Casi dos de cada cinco jóvenes andaluces (el 38%) admite que ha conducido un automóvil tras haber bebido alcohol al menos una vez, según un estudio del Real Automóvil Club de Cataluña (RACC) con datos de los últimos años. Y lo hacen a pesar de los esfuerzos de la Dirección General de Tráfico por convencer de que el más mínimo consumo de alcohol incrementa el riesgo de dejarse la vida en el asfalto.

Algunos no sólo se la han jugado alguna vez, sino que lo hacen por costumbre. Todavía el 21% de los menores de 29 años afirman que cogen el coche para divertirse a sabiendas de que beberán alcohol. De los 8.565 jóvenes accidentados en Andalucía en 2004 (el 19% del conjunto de España), el 16% resultó herido grave y el 3,5% murió. La franja de edad con más posibilidades de sufrir un siniestro empieza a los 20 años y acaba a los 24.

Las tragedias de la carretera no sólo ocasionan dolor entre los allegados de las víctimas. El RACC ha calculado el coste económico de los accidentes en la región: 702.000 millones de euros en 2004 (atención policial y de emergencias, tratamientos médicos, secuelas y daños materiales, entre otros). Esta suma equivale al 0,61% de la riqueza que genera Andalucía. Teniendo en cuenta exclusivamente lo que gasta la Administración pública en los accidentes, podrían construirse 14 centros de salud (cada uno para atender a 10.000 personas), según cálculos de este periódico.

Temerarios

El RACC sostiene que la inexperiencia juvenil al volante y un entorno que les inculca temeridad fomentan que se produzcan siniestros.

Prohibir el alcohol a los noveles

La prohibición total de consumir alcohol para los conductores noveles (con menos de un año de experiencia) es una de las propuestas del RACC para reducir la siniestralidad. Actualmente, la tasa máxima del alcohol expirado para quienes lleven menos de dos años al volante es de 0,15 mg/l. También se propone un pacto político que tenga en cuenta la opinión de los jóvenes.