The Dancers IV, 14 August - 5
Una de las nuevas obras de David Hockney © David Hockney / Richard Schmidt

No es fácil elegir una sólo categoría artística para David Hockney (Bradford-Reino Unido, 1937), un incansable buscador que confiesa cansarse pronto de los géneros y necesitar saltar de uno a otro para no caer en el hastío. Ha ejercido la pintura, el grabado, el cine, la ilustración, el vídeo, la fotografía, el diseño escénico, y un curioso etcétera que incluye obras sobre pulpa prensada de papel, la decoración externa de un art car para BMW y los recientes dibujos realizados con iPhone...

Considerado por aclamación como uno de los grandes artistas ingleses del siglo XX, Hockney había pasado la última década en Inglaterra, explorando el paisaje de East Yorkshire donde pasó su juventud. Hace algo más de un año volvió a su querida California, donde se siente más a gusto que en la madre patria y donde logró desarrollar, en la decada de los años ochenta, una temática abiertamente homoerótica influida por su traslado a Los Ángeles (EE UU) en 1978. En el Reino Unido se sentía cohibido por la moralina social.

Título y contenido humildes

Hockney presenta ahora su primera colección de obra nueva desde 2009. El título es humilde, Some New Painting (and Photography) (Algunas nuevas pinturas y fotografías) y el resultado tampoco es demasiado brillante, pero al menos el maestro ha apartado las manos de los gadgets electrónicos —se enamoró del iPhone y el iPad como lienzos en los últimos años— y ha regresado a los elementos físicos: pinceles y los tubos de acrílicos.

Pintó las obras en vivo, mientras los danzantes, amigos del artista, preparaban una coreografía En la Pace Gallery de Nueva York hasta el 10 de enero, la muestra no ahonda en los retratos levemente psicológicos a los que Hockney nos acostumbró en el pasado: la colección que presenta está formada por escenas de bailarines ensayando en un estudio y grupos de amigos charlando. Pintó las obras en vivo, mientras los danzantes preparaban una coreografía y sus colegas se reunían. Los fondos son de colores planos y los cuerpos, plenamente figurativos.

'Dedicación a la figura humana'

Las pinturas muestran diversos momentos de los ensayos sobreexpuestos en capas para que el espectador vea desde diferentes puntos de vista. En un mismo cuadro uno o varios bailarines pueden aparecer en movimiento, descansando o haciendo estiramientos previos. Los organizadores de la muestra apuntan que las obras son "juegos con el tiempo y el espacio", pero "demuestran la dedicación a la figura humana y su análisis" que el artista ha desarrollado durante "muchos años".

Otros "intereses perdurables" de la obra de Hockney son palpables, sobre todo las referencias a la historia del arte, que esta vez son un guiño descarado a Henri Matisse, desde luego mucho más perfeccionista que el inglés, pero que, como éste, buscaba la esencia del movimiento y la pintura volviendo una y otra vez sobre el mismo tema. La exposición parece ser, por momentos, un homenaje al gran mural La Danse, donde Matisse quiso alcanzar un clímax de luminosidad y movimiento.

La obra no contiene sólo un ángulo de visión Los galeristas citan al crítico Martin Gayford, para quien los nuevos cuadros de Hockney, crean un nuevo tipo de espacio pictórico porque "cada figura contiene en su interior múltiples puntos de vista, y lo mismo ocurre con la imagen en su conjunto. En consecuencia, el espectador siente una relación diferente con cada persona en la obra, que no contiene sólo un ángulo de visión".

La exposición también incluye cinco dibujos fotográficos expuestos en pantallas de alta definición. Las obras yuxtaponen elementos dibujados con fotografías tomadas durante las sesiones de pintura con los bailarines.