Cambiar una bombilla
Un usuario cambia una bombilla subido a una escalera. GTRES

Las viejas bombillas incandescentes dejaron de fabricarse en 2012. Desde entonces todas las bombillas que se fabrican en España son de bajo consumo. Ofrecen mejor rendimiento y se recomiendan, además de por su menor consumo, por su mayor calidad y especialmente por su intensidad luminosa.

Como explica la OCU, la Organización de Consumidores y Usuarios, hay tres tipos de bombillas de bajo consumo: las LED, las halógenas y las fluorescentes.

LED

  • Pros: Son las más duraderas con mucha diferencia y las que menos electricidad consumen. Por eso son también las de precio más caro, aunque terminen saliendo más baratas. Tienen la ventaja añadida de que apenas tardan en dar toda su intensidad lumínica.
  • Contras: Las pegas pasan porque estas bombillas son las más nocivas para el medio ambiente (*) por la cantidad de materiales distintos que se utilizan en su fabricación.

Halógenas

  • Pros: Estas bombillas son las que mejor luz dan, con un color algo más calido que el resto y buena luminosidad. Además, apenas tardan en ofrecer toda su intensidad lumínica.
  • Contras: Duran menos que el resto, unas 2.000 horas, y que consumen bastante electricidad. Por eso, aunque su precio es bajo, terminan saliendo caras.

Fluorescentes

  • Pros: Consumen poco y son muy eficientes, aunque no tanto como las LED, y en el mercado existe mucha variedad de marcas, por lo que son muy fáciles de encontrar.
  • Contras: Tardan en lucir a su máxima potencia y reproducen mal el color, además de que se deterioran más rápidamente, sobre todo si se encienden y se apagan a menudo.

Rinden más, consumen menos y su intensidad luminosa es mayor, pero su uso varía. Por ejemplo, para los focos se deben utilizar únicamente las bombillas LED y las halógenas, ya que su luminosidad plena es casi inmediata. Para el resto de usos son más comunes las bombillas fluorescentes.


(*) Una bombilla fluorescente que se rompa liberará mercurio, una de las sustancias más tóxicas que existen. Sin embargo, según la OCU, la legislación permite un máximo de 5 mg de mercurio, pero todas las bombillas analizadas por esta organización han mostrado cantidades muy inferiores, la gran mayoría incluso por debajo de los 3,5 mg, que es el próximo tope se fijó para 2012, cuando dejaron de fabricarse bombillas incandescentes.