"El maestro fumando en clase" o "la silla de la Formica", iconos en 'Yo fui a EGB 2'

  • Tras el éxito de 'Yo fui a EGB', el libro más vendido de España, se publica otra nueva entrega.
  • La comunidad de Facebook le dan mucha de las ideas e imágenes a los autores Jorge Díaz y Javier Ikaz para hacer un compendio.
  • En 'Yo fui a EGB 2' se viaja a la colonia Chispas a Arconada, del Betamax al Specturm, del bote de Pralín al primo de Zumosol o de AC/DC a Hombres G.
Portada de 'Yo fui a EGB'
Portada de 'Yo fui a EGB'
Agencias

El tresillo de skay, el "sile nole" para repasar cromos, las sillas de formica que pellizcaban con su borde despegado y el maestro fumando junto a sus alumnos. Son nuevos guiños a la nostalgia de Yo fui a EGB, el libro más vendido este año en España, que publica ahora su nueva entrega.

Desde su Bilbao natal, Jorge Díaz (1971) y Javier Ikaz (1978) han tocado la fibra de millones de españoles con Yo fui a EGB, una especie de fenómeno "viral inverso" que comenzó en internet y ha acabado siendo el libro más vendido este año en España, con 200.000 ejemplares.

Confiesan en una entrevista con Efe estar un tanto "estupefactos" por el éxito de esta aventura que iniciaron en redes sociales en 2012 y muy agradecidos a una comunidad de seguidores (810.000 en Facebook), que le dan muchas de las ideas y las imágenes para este auténtico compendio de la época de la EGB, que comprende desde los años 70 a mediados de los 90.

Un maestro explicando junto a sus alumnos en la pizarra mientras se fuma un cigarrillo, primera de las 500 imágenes que contiene Yo fui a EGB, 2 (Plaza & Janes) es toda una declaración de intenciones de un libro que profundiza en las costumbres de una época "con sus cosas buenas y sus cosas malas", algunas olvidadas, como esas escenas de la vida cotidiana que entonces no se fotografiaban.

"Cualquier tiempo pasado, es pasado", dice Jorge remedando el dicho de que todo lo de atrás fue mejor, aunque echa de menos el halo políticamente incorrecto de una televisión que era "más libre", en la que, por ejemplo, Arévalo se hizo famoso contando chistes de "gangosos y mariquitas" y en la que muchos de los sketches de Martes y Trece no pasarían hoy "el filtro".

"Ahora todo tiene que ser políticamente correcto y se coarta la libertad, aunque la sociedad ha cambiado en algunas cosas, afortunadamente", añade Jorge Díaz, que recuerda los tebeos en los que aparecían fotos de niños que daban su dirección completa con la inocente expectativa de cambiar cromos, "algo impensable hoy en día".

Son algunas de las perlas que les han hecho llegar su legión de seguidores, los "egeberos" un grupo de gente que ha descubierto que hacía y decía lo mismo, aunque parecían cosas de familia o del barrio", apunta Javier.

"No teníamos Ikea, pero sí la formica", resume sobre el apartado dedicado a los hogares españoles, "que tenían todas el mismo mueble, los mismos libros del Círculo de Lectores, las fotos de la comunión y la mili, y el skay la formica y el gotelé".

En la segunda entrega de Yo fui a EGB se viaja de la colonia Chispas a Arconada, del Betamax al Spectrum, del bote de Pralín al primo de zumosol o de AC/DC a Hombres G, en tiempos en que los gustos musicales dividían a los jóvenes en heavy, punki, rocker o pijo, aunque a la hora de la verdad triunfase el "guayominí dupuá" de Eurovisión.

También incluyen "frases de los mayores que odiábamos", del estilo "¿Te crees que soy el banco de España? (Pidieses lo que pidieses) o "Ya verás cuando llegue tu padre..." o "Como lo encuentre yo..."; "son expresiones que tenemos grabadas en el subconsciente y que seguimos repitiendo a nuestros hijos", añade Jorge.

Eran tiempos en que, superando lo bruto de juegos como "churro, mediamanga, mangaentera", se intentaba jugar al tenis en la calle, por supuesto sin red, pero con reglas muy claras como "no vale tirar a dar" o "el saque no vale como punto".

También se veía el boxeo por televisión, como se recuerda en el apartado dedicado a los deportes del nuevo Yo fui a EGB.

'Barrio Sésamo' o 'Con las manos en la masa'

"Había un canal y medio (la UHF no siempre se veía) y un niño podía ver Barrio Sésamo y luego Más vale prevenir o Con las manos en la masa, y las veíamos todos, chicos y chicas, porque no había más", resume Javier.

La televisión tiene un apartado especial en el libro con sus figuras y sus grandes programas, con el Un, dos, tres a la cabeza, "uno de los grandes iconos de la época", que marcaba el trending topic de la calle cuando no había redes sociales, dice Jorge.

"Al día siguiente todo el mundo repetía las muletillas y frases" del mítico espacio de Chicho Ibáñez Serrador, como ocurrió con Chiquito de la Calzada a partir del verano de 1994.

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