Auschwitz, Chernobil, Ruanda, cárceles de la URSS... Las zonas de más éxito del 'turismo oscuro'

  • En 'Yo estuve aquí' el fotógrafo Ambroise Tézenas recorre en 'tours' organizados los 'marcos incomparables' del turismo en alza dedicado a lugares de muerte y tragedia.
  • Quiere indagar en la explotación 'macabra' de enclaves, casi siempre de zonas pobres, donde los visitantes buscan la 'oportunidad de una foto inolvidable'.
  • Se pregunta si nos hemos convertido en 'consumidores de un mercado de la barbarie' mientras aparentamos realizar un 'examen de conciencia' ético.
Turistas de un 'tour' posan ante un complejo educativo en el que murieron 300 estudiantes en el terremoto de Sichuan (China) de 2008
Turistas de un 'tour' posan ante un complejo educativo en el que murieron 300 estudiantes en el terremoto de Sichuan (China) de 2008
© Ambroise Tézenas from 'I Was Here' / Dewi Lewis Publishing

Paseas por los lugares arrasados por el accidente nuclear de Chernobil (Ucrania, 1986): apartamentos residenciales todavía con mobiliario, escuelas en las que perviven los pupitres de dos plazas, la noria de un parque de atracciones... La agencia de tours que has contratado para el recorrido te lo ha vendido con un lema al que resulta difícil decir que no: "Visite el lugar del peor desastre mendioambiental de la historia". Han preparado un pequeño refrigerio para los clientes: huevos duros, embutido, frutas, mantequilla, pan... El folleto avisa: "La calidad de los alimentos está garantizada".

Otro escenario. El área china de Sichuan donde un terremoto mató a 90.000 personas y dejó a cinco millones de familias sin hogar en 2008. La empresa encargada de las visitas organizadas a las ruinas —nada ha sido reparado— promete a cada visitante "experimentar como testigo los daños del más mortal de los terremotos" recientes. La foto final del recorrido del grupo entre cascotes y edificios derribados es un posado de todos los turistas ante el complejo educativo de Xuankou, donde 300 estudiantes de secundaria y formación profesional perdieron la vida aplastados por el colapso de los edificios.

'Thanatoturismo'

El fotógrafo francés Ambroise Tézenas (París, 1972) experimenta, integrado en tours organizados por agencias o guías privados, los marcos incomprables del turismo en alza dedicado a lo lugares donde se han producido muertes o tragedias colectivas. El resultado, que publica ahora en el libro I Was Here. Photographs of Dark Tourism (Yo estuve aquí. Fotografías de turismo negro), es una esclarecedora indagación en la explotación comercial "macabra" del llamado turismo negro o turismo oscuro —también conocido en inglés como thanatourism, thanoatoturismo, del griego thanatos, muerte—, dedicado a la organización de visitas programadas y de pago a lugares casi siempre situados en zonas ecomómicamente pobres o deprimidas donde los visitantes buscan la "oportunidad de una foto inolvidable" en un enclave infausto.

La investigación fotográfica de Tézenas está llena de interrogantes de alcance moral. El fotógrafo se pregunta, sobre todo, si la proliferación de las visitas organizadas a lugares donde miles de personas han muerto y sufrido ha convertido a los seres humanos "consumidores de un mercado de la barbarie" mientras aparentamos realizar un "examen de conciencia" ético para justificar nuestra presencia allí donde ocurrieron las matanzas, carnicerías o tragedias naturales.

Hoteles, restaurantes y aparcamientos en Auschwitz

El ensayo fotográfico, editado por Dewi Lewis Publishing [200 páginas, 92 fotos a color y un PVP de 35 libras esterlinas], no es precisamente una colección de instantáneas de visitas guiadas por las maravillas del mundo, sino, al contrario, un paseo luctuoso por catorce lugares que sólo son famosos como escenarios de muerte. El recorrido está plagado de momentos absurdos y de incierta moralidad. Después de visitar el campo de concentración nazi de Auschwitz-Birkenau en Polonia, donde fueron asesinadas 1,5 millones de personas —la mayoría judíos de varias nacionalidades, pero también gitanos, franceses, austriacos, españoles, yugoslavos y alemanes—, el fotógrafo observa como en torno al campo de construyen hoteles, restaurantes y aparcamientos para atender a turistas.

"Vine aquí para recordar", escribe Tézenas, "para saber más y aclarar mis ideas. Este objetivo claramente entendido por todos, ¿es compatible con el fenómeno del turismo de masas?, ¿entiende el turismo de masas la necesidad de conciencia?". Para el fotógrafo el choque es "inquietante" y empieza en el momento mismo en que subes al autobús en Cracovia, la ciudad más cercana mientras. "¿A Auschwitz?", pregunta el conductor. "¿Billete de ida o de ida y vuelta?". Son cuestiones que nunca plantearon a las 1,5 millones de personas llevadas al campo para morir.

Vodka contra la radiación

La "explosión del turismo de masas", siempre a la búsqueda de "nuevas ofertas" es señalada por el fotógrafo como responsable de la "elevada atracción por lo macabro", que a menudo se camufla "tras la máscara de la cultura o incluso de la ética". En el pueblo fantasma de Prypyat, desalojado tras el accidente de Chernobil, lo más sorpredente para el turista es encontrar a un grupo de suecos y estadounidenses. "¿Necesitan protección contra la radiación?", les está preguntando el guía. "Tomen, les vendo barata una botella de buen vodka. Es lo mejor para evitar la contaminación".

Además de los lugares citados, en I Was Here aparecen fotos de visitas turísticas organizadas al pueblo francés de Oradour-sur-Glane, la villa martir que Francia decidió mantener en el mismo estado en que quedó tras la II Guerra Mundial, cuando todos sus habitantes, más de 600, fueron masacrados por el ataque de una división acorazada nazi;  la ruta del asesinato de JFK en Dallas (Texas-EE UU); varios centros dedicados a genocidios (el de los jemeres rojos en Camboya, el de Ruanda cometido por los hutus contra los tutsis); la prisión lituana de Karostas Cietums ("la única cárcel militar de la antigua URSS abierta al público, un lugar del que nadie logró escapar") y el complejo de Mleeta, un antiguo campo militar de Hezbolá en Líbano.

'Incapacidad de superar el pasado'

En la esencia del turismo oscuro, dice en un ensayo incluido en el libro el profesor universitario de Turismo J.J. Lennon, están "la fascinación que sentimos los seres humanos hacia nuestra propia capacidad de hacer el mal, la oportunidad de ser testigos de las evidencias del horror y el poder registrarlas en fotografías o vídeo". Las imágenes del libro de Tézenas de grupos de turistas posando con aspecto relajado y sonriente en lugares marcados por el drama son un testimonio, añade, "de nuestra incapacidad de superar el pasado y de nuestra curiosa relación con la tragedia y la muerte".

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