La duquesa de Alba
La Duquesa de Alba, Cayetana Fitz-James Stuart, en una foto de archivo. José Manuel Vidal / Efe

“Es un día tristísimo. Hasta ayer esperábamos el milagro, pero se ha ido la gran embajadora de Sevilla y de la Hermandad de los Gitanos. Nos ha dado mucho”, comentaba a primera hora, José Moreno Vega, hermano mayor de esta hermandad, la preferida de la duquesa de Alba.

Tal y como consta en la web de la hermanad “por expreso deseo de su familia, sus cenizas reposarán en el Santuario de la Hermandad en una de sus capillas laterales, en el lugar designado de común acuerdo entre la Junta de Gobierno y La Casa de Alba, previo consentimiento de la Autoridad Eclesiástica tramitado en fechas recientes por el Cabildo de Oficiales de la Corporación”.

Era su voluntad

Así, se  da cumplimiento de esta forma “a la voluntad manifestada en reiteradas ocasiones por nuestra querida hermana, de descansar eternamente a los pies de Nuestro Padre Jesús de la Salud y María Santísima de las Angustias Coronada, en el Santuario que gracias a su ayuda pudo reconstruirse, reabrirse al culto y ponerse al servicio de nuestra Hermandad y la Iglesia de Sevilla”.

Y es que Cayetana, la duquesa de Alba, siempre ha estado vinculada a esta corporación. Era Hermana, camarera de honor de Mª Santísima de las Angustias Coronada, medalla de oro de la Hermandad y gran benefactora de la misma, su vinculación con la Hermandad se remonta a finales de los años 50.

Todos los viernes Santo de madrugada, allí estaba ella. En la iglesia de los Gitanos, su templo. El Cristo pasa por delante del palacio de las Dueñas.

La Hermandad cuenta con un manto de salida donado por la duquesa con el escudo de la Casa de Alba. Además, de su apoyo material y económico.

Además, con su ayuda lograron la reconstrucción de la antigua Iglesia del Valle, actual Santuario y sede canónica de la Hermandad.

Abrió las puertas de Dueñas

José Moreno Vega solo tiene palabras de agradecimiento y es que a finales de los 50, cuando no disponían de Casa Hermandad, “ella abrió las puertas del Palacio de las Dueñas para nosotros cuando no teníamos nada”. Allí almacenaban los pasos de salida y otros enseres.

Como anécdota cuenta que Cayetana se ha ido con un pañuelo de la Virgen de las Angustias entre sus manos. Moreno se lo entregó a su marido Alfonso el otro día en el Hospital Quirón Sagrado Corazón.

 

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