Peder Balke, el olvidado pintor noruego de la soledad ártica

  • Fascinado por la 'sublime belleza' del Ártico, el semidesconocido artista fue el primero en mostrar la abrumadora esencia del continente helado.
  • Vivió entre 1804 y 1887 y desarrolló un estilo espiritual similar al que practicaban Turner, Friedrich y otros románticos interesados en los paisajes interiores.
  • La National Gallery de Londres redescubre a un precursor del dramatismo expresionista que además fue un impulsor decidido de mejoras sociales.
Óleo sobre papel de un paisaje ártico de Peder Balke pintado en torno a 1850
Óleo sobre papel de un paisaje ártico de Peder Balke pintado en torno a 1850
© Northern Norway Art Museum, Tromsø - Photo: Northern Norway Art Museum; Maria Dorothea Schrattenholz

Los cuadros de Peder Balke (1804-1887) son como manifiestos filosóficos sobre la soledad, el abismo blanco y la cualidad existencial del vacío helado. Este artista apenas conocido fuera de su país, Noruega, fue el primer pintor en visitar los territorios del Ártico y captar la sublime y aterradora belleza donde la vida es un milagro y los seres humanos, como él mismo anotó en sus diarios, dejan de ser "hijos de la naturaleza" para convertirse en personajes "de importancia menor".

Balke fue un místico romántico empeñado en llevar al lienzo algo más que los paisajes que veían sus ojos y experimentaban el resto de sus sentidos. La antología Peder Balke, en la National Gallery de Londres hasta el 12 de abril de 2015, permite el descubrimiento de un artista que deseaba mostrar la belleza abrumadora del continente helado como una extensión de las grandes dudas existenciales del ser humano. La soledad de sus paisajes no es sólo descriptiva: no son panoramas vacíos sino obsesivamente vacíos.

En 1832 viajó al Cabo Norte

Uno de los primeros artistas en dejarse llevar por el atractivo de la lejanía septentrional de su país, que recorrió antes de que las grandes expediciones de investigación empezaran a competir por llegar al Polo Norte, en 1832 Balke viajó a la durísima y escabrosa región del Cabo Norte y experimentó tal sensación de violento misticismo que no dejó nunca de pintar temas relacionados con aquellos paisajes helados y tormentosos.

"Ni siquiera puedo empezar a describir lo eufórico que estaba (...) No es fácil escribir mis pensamientos sobre la sublime y fascinante belleza natural (...) Aquellas impresiones no sólo me abrumaron en aquel momento, sino que influyeron toda mi vida", escribiría años más tarde en sus memorías intentando explicar por qué no podía dejar de pensar en aquella región adusta y cruel.

Precursor del expresionismo

Aunque tuvo que abandonar la práctica de la pintura en la década de los años sesenta del siglo XIX por falta de fortuna comercial —sus cuadros eran demasiado negros, como confusas metáforas sobre la condición humana, Balke siguió pintando para su propio placer. Jamás abandonó el tema de los paisajes polares, que era capaz de esquematizar en cuestión de minutos en obras tan dramáticas como The Tempest (La tempestad, 1862).

En los cuadros que pintó por placer personal se atrevió a escapar de toda norma —usaba las manos y no los pinceles o paletas para extender los colores— y parece avanzar por el mismo camino que transitarían poco después los expresionistas. Solía preferir el óleo sobre papel o tabla y pocas veces usó lienzos, que le resultaban incómodos y difíciles de manejar para plasmar sus violentas visiones.

'Uno de los más originales'

La exposición de Londres, con medio centenar de obras, presenta a Balke como "uno de los artistas más originales" del siglo XIX y lo emparenta con el movimiento romántico que brotaba en otras zonas europeas —sobre todo Alemania e Inglaterra, con Turner y Friedrich como adalides de la idea de que el artista debe pintar lo que ve pero, sobre todo, lo que ve en sí mismo, lo que siente y cómo lo siente—.

"Esta exposición largamente retrasada muestra el estilo único, innovador y virtuoso de uno de los grandes paisajistas de su tiempo", señala el coordinador de la muestra, Christopher Riopelle.

Los granjeros le pagaron los estudios

Nacido en una familia muy pobre de la isla de Helgøya, al sureste de Noruega, sus padres eran granjeros. Las habilidades del crío como un pintor nato convencieron a los vecinos de la zona de que valía la pena sufragarle los estudios y en un movimiento colectivo solidario recaudaron dinero para que Balke se formase como artista. A su regreso a la zona y en señal de agradecimiento, el pintor decoró con frescos las granjas de sus benefactores.

Implicado en causas políticas en defensa de mejoras sociales para las clases bajas, Blake compró tierras en una zona rural y fundó la comunidad utópica socialista que terminaría siendo el pueblo de Balkeby.

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