'My Little Bird', around 1928
'Mi pequeño pájaro' (c. 1928), foto del Atelier Manassé, un estudio fotográfico con sede en Viena y Berlín Atelier Manassé - Photo: Christian P. Schmieder, Munich - © IMAGNO/Austrian Archives

Comenzó como una esclava de la pintura. Aparatosa y lenta, la fotografía en el siglo XIX no se consideraba un medio para el arte, sino una forma de documentación visual con cierto carácter pictórico. A comienzos del siglo XX se aceleraba su liberación con la popularización de cámaras más manejables y carretes de película. No tardaron en florecer las inquietudes artísticas: en los años veinte, una generación de fotógrafos internacionales interpretó la fotografía como un vehículo para apropiarse de la realidad, plasmar un mundo interior al igual que pintaba sobre un lienzo.

Creadas entre 1920 y 1950, las obras reunidas en RealSurreal representan algunos de los mejores ejemplos de la fotografía del surrealismo, un movimiento que sacó partido a la imagen real con experimentos técnicos (el fotomontaje, la solarización...) y con cuidadas escenografías.

La exposición —del 15 de noviembre al 6 de abril en el Museo de Arte de Wolfsburg (Alemania)— celebra el 175º aniversario de la invención de la fotografía mostrando el sorprendente hermanamiento de la foto con las vanguardias. Las cerca de 200 imágenes descubren la imaginativa capacidad de combinar la visión real con el mundo subconsciente y onírico que gestaron en Europa autores como Eugène Atget, André Kertész, Brassaï, Man Ray, Florence Henri, Germaine Krull o Josef Sudek.

La realidad es la superficie de lo visible

Fotografía y surrealismo estaban destinados a unirse. El fundador del movimiento surrealista, André Bretón, describía la escritura automática como una "fotografía del pensamiento". La foto era la prueba física de que la realidad era sólo la superficie de lo visible, que los sueños, fantasías y fobias, lo irracional, mágico y contradictorio se podía descubrir y explorar capturando una imagen.

Bretón llamó a la escritura automática "fotografía del pensamiento"No es casualidad que los fotógrafos documentales Eugène Atget y Karl Blossfeldt fueran inspiradores para este movimiento. Su trabajo se incluyó en revistas surrealistas porque el simple retrato de una planta, aislada y escenificada de modo apropiado podía disparar todo tipo de asociaciones fuera de su contexto botánico.

La fusión entre sueño y realidad

La combinación creativa —que incluye el fotomontaje, una de las manifestaciones más notables del surrealismo— seguía este camino. Una serie de elementos que no tenían conexión entre sí podían juntarse y construir contextos y significados sorprendentes. La fusión entre el sueño y la realidad se logró superponiendo imágenes en exposiciones múltiples, solarizaciones e impresiones de negativos.

Se proyectan en bucle fragmentos de películas de Luis Buñuel, Hans Richter y Moholy-Nagy Procedentes de la prestigiosa colección Siegert de Múnich, es la primera vez que los casi dos centenares de obras que componen  la exposición se exhiben en conjunto. El museo guía al visitante con retratos, desnudos, fotos de objetos, arquitectónicas y experimentales, por tres momentos históricos en los que el surrealismo se mimetizó con la foto: la Nueva Objetividad alemana, el surrealismo parisino y las vanguardias en Praga. Además de las imágenes, la muestra se refuerza con libros y revistas de la época, cuadernos de artistas y —proyectados en bucle— varios fragmentos de película de Luis Buñuel, László Moholy-Nagy y Hans Richter entre otros.