La bailarina y el soldadito
Los lectores nos cuentan que sueño les gustaría ver convertido en realidad CARLOS PAN

Soñar, lanzar las legañas en un obús hacia el espacio infinito del amor, el éxito, la supervivencia, la comodidad o el exotismo. Salirse del cuerpo y de la hosquedad de los años oscuros, superar los problemas limitadores, soñar, soñar... "Que la gente dejase de decir tonterías. Una quimera, lo sé", nos escribe Anaarias.

No caigamos en el pesimismo. Sin sueños la raza humana perdería su fuel y su talento, nadie habría llegado a la Luna o al interior de la Tierra. Sin sueños estaríamos tan despiertos, tan perdidos, como un psicótico que ha abusado de las anfetaminas. Los lectores de el mensual de 20minutos  son unos soñadores. Quijotes destruye molinos. Amordazadores de los racionales Sancho Panzas que escriben informes en el FMI y destacan austeridad con rotulador rojo. "Tener suficiente dinero en la cartera para sacarme el carné de conducir...", concluye Romerales. Un sueño práctico, y por puntos.

"Me gustaría no trabajar nunca más", nos dice Estefanía. El sueño que dicen español. La quimera andante. Y añade: "Poder teletransportameen un segundo a cualquier parte del mundo". Otro sueño patrio. Moverse poquito. Sofá, cerveza y mando a distancia. ¡Teletransportación y abajo el trabajo! Y concluye: "Todas la mujeres soñamos comer y beber y no engordar". El sueño de todo aquel que odia el gimnasio, y punto.

¿Soñar o despertar?

"Me gustaría tener un blog en 20minutos  y recibir 20 millones de visitas. Pero lo que más feliz me haría, sería un viaje a Tokio", escribe José Serrano. Si pudiera escribir un blog desde Japón sería perfecto. Hay mucho exotismo por describir en la tierra de los duchos samuráis. ¿Sabían que venden bragas usadas en máquinas expendedoras?

Mi gran sueño es ser actriz y protagonizar una película con Verdú y Tosar. "Mi gran sueño es ser actriz y protagonizar una película con la gran Maribel Verdú y el maravilloso Luis Tosar. Y ya, si puedo seguir soñando, ganar el Goya y vivir del cine", explica María Santos. Pero usted puede imaginar más. Sueñe con Cannes, Hollywood y las limusinas. Los Goya están bien, pero todos los que sonríen ahí sentados con sus trajes de gala sueñan en realidad con el Oscar.

"Me gustaría adelgazar, pero sin el tostón de mis padres. También estudiar árabe, ponerme un sari indio y sobre todo, vivir mejor", nos escribe Irenegm. Delgada, arabesca y con sari indio. Un sueño exótico, como el deseo acostumbra a ser. Quimeras que nos hacen habitar otra piel. Y luego despertar en la habitación al punto de la mañana y soltar a grito pelado: "¡Inchallá-si Dios quiere!". Y la cara de tu partenaire anonadado, despertando en regiones ignotas por el sueño ajeno, refunfuñando que no volveremos a cenar en el chino.

Si se puede soñar, se puede lograr

"Me gustaría que mi novela Las puertas del cielo se convirtiese en un éxito de ventas. De ese modo cumpliría tres deseos a la vez: tener el trabajo que siempre he querido, ganar dinero para poder vivir con seguridad y ayudar así a los míos. Mi deseo lograría algo estable. Me daría un futuro y la posibilidad de darle uno a mi hijo, que es mucho más importante", nos explica José Fernando Ceballos. Rompiendo lo que llamamos el sueño geográfico: el tópico. Llegando a la verdadera necesidad de esta España rota. Un trabajo estable. Un futuro para los hijos. Los sueños de la crisis producen monstruos y tarjetas black, y hasta matanzas de elefantes en Botswana.

"Más que sueño es una necesidad básica: vivo ahora en una pesadilla, quiero volver a mi antigua empresa donde estaba o algo similar. La situación en la que me encuentro es desempleada. He pasado muchas calamidades y quiero un equilibrio, futuro y evolución para mí, la familia y mi entorno, que hay mucha miseria y es una gran solución a los múltiples problemas míos y de todos", dice Isabel, de 42 años.

La realidad nos despierta mojados en la cama. Hay cosas que no deberían ser sueños, pesadillas que superan los límites sagrados de nuestro reposo. Empecemos a cambiarlo todo. Soñemos con un mundo mejor, en el que haya el pan que necesitan los nuestros. Más que soñar, lo que deberíamos es despertar, y pronto.