Barcelona ha abierto en la entrada del cementerio de Montjuïc el primer recinto funerario islámico que funciona en toda Cataluña.

El nuevo centro que permite tratar a los difuntos siguiendo el rito islámico se ha instalado en el antiguo depósito de cadáveres del cementerio.

El nuevo centro está en el antiguo depósito de cadáveres del cementerio de Montjuïc
El recinto dispone de una sala polivalente con capacidad para 100 personas que pueden realizar sus oraciones, otra más pequeña para que las mujeres y hombres que preparan al difunto puedan lavarse previamente los pies y una tercera, de mayos superficie, donde se prepara al fallecido.

La puesta en marcha del recinto funerario islámico ha contado con una subvención de 90.000 euros y será gestionado por Servicios Funerarios de Barcelona (SFC).

Rito islámico

La instalación permite que el difunto sea limpiado y tratado en solitario, tal y como prevé el rito islámico. Hasta ahora en el tanatorio de Sancho de Ávila se tenía que desalojar para poder realizar este tipo de tratamiento.

La sala en la que se produce el rito funerario es sencilla y lo más minimalista posible y no pueden haber fotografías y símbolos
El rito islámico establece que la sala en la que se prepara al fallecido, para posteriormente ser enterrado o repatriado a su país de origen, debe ser lo más sencilla y minimalista posible, evitando la presencia de fotografías y símbolos.

Esta previsto que el nuevo centro cubra una demanda de entre cinco y siete servicios al mes, la cifra que se ha venido manteniendo en los últimos meses.

Ampliación en Collserola

El presidente del Consejo Islámico Cultural de Catalunya, Lahcen Saaou Haysoun, ha aprovechado la ocasión para pedir una ampliación del espacio para entierros musulmanes en el cementerio de Collserola ya que el tiro islámico establece que no pueden ser enterrados en nichos, uno encima del otro, sino en el suelo.

En Catalunya hay unos 250.000 musulmanes, el 70% de los cuales viven en Barcelona o en su área metropolitana y Saaou "existe una preferencia" por enterrar a sus difuntos en la capital catalana y no de repatriarlos.

La repatriación de un cadáver a su país de origen cuesta entre 4.000 y 6.000 euros.