Edgar Degas - Scène de guerre au Moyen-âge, 1865
En 'Escena de guerra en la Edad Media', Edgar Degas presenta los cuerpos femeninos con 'cierta forma de violencia y de abandono' © RMN-Grand Palais (Musée d’Orsay) / Gérard Blot

La exposición está jalonada por frases textuales colocadas en las paredes del museo. Algunas son hoy tan irreverentes, libertarias y fogosas como cuando fueron escritas en el siglo XVIII: "Cada cual tiene sus manías, no debemos criticar ni asombrarnos de las de nadie"; "el crimen es un placer como cualquier otro"; "la crueldad lejos de ser un vicio es el primer sentimiento que imprime en nosotros la naturaleza"; "los hombres tienden a desear una mujer con cuerpo de virgen pero mentalidad de puta"; "ninguna religión vale una sola gota de sangre"...

El Museo d'Orsay de la capital francesa acaba de inaugurar una muestra que será tan polémica como lo fue el autor de las máximas, Donatien Alphonse François de Sade, más conocido como marqués de Sade (1740-1814). Para celebrar el bicentenario de la muerte del filósofo, escritor, libertino y rebelde personaje —los 200 años se cumplen con exactitud el 2 de diciembre—, la pinacoteca pone en cartel hasta el 25 de enero de 2015  Sade, Attaquer le soleil (Sade, atacar al sol), una muestra que, según anuncia el museo público, incluye obras y documentos de "carácter violento" que pueden "herir la susceptibilidad de los visitantes".

Las entrañas de la bestia

Montada en una disposición laberíntica, con iluminación mínima y apariencia de viaje a las entrañas de una bestia, la colección de obras artísticas prueba como el autor presunto aunque muy probable —los libros fueron editados anónimamente— de Las 120 jornadas de Sodoma, Justine o los infortunios de la virtud, Juliette o las prosperidades del vicio y La filosofía en el tocador, influyó en artistas plásticos como Delacroix, Rodin, Degas, Cézanne, Picasso, Redon, Man Ray o Bacon y en autores literarios como Baudelaire, Flaubert, Huysmans, Apollinaire o los surrealistas.

La relación entre el deseo y la violencia es inherente al ser humano" Aunque su filiación se ha convertido en un adjetivo en varios idiomas y desde principios del siglo XIX se llama sadismo a la excitación conseguida al cometer actos crueles sobre otra persona —una actitud señalada como delito o desviación sexual siempre que no exista el acuerdo mútuo—, Sade era algo más que el libertino a quien siguen condenando a la hoguera quienes no han leído ni una línea de sus libros.

Para la coordinadora de la exposición, Annie Le Brun, autora de varios libros sobre el Divino Marqués, como llamaron a Sade los surrealistas, la "relación entre el deseo y violencia" como "inherente al ser humano" y el deseo como "tema fundamental" de la vida originaron una "revolución subterránea" que todavía colea hoy en día en el arte.

'Cierta forma de abandono'

Abarcando temas como la ferocidad, el desvío, los extremos, lo monstruoso y, sobre todo, el deseo como "principio de exceso y de recomposición imaginaria del mundo", en la muestra hay obras como Scène de guerre au Moyen-âge (Escena de guerra en la Edad Media, 1865), de Degas, que muestra a un grupo de hombres a caballo disparando flechas contra una mujer desnuda, donde los cuerpos están representados "con una libertad absoluta, incluyendo cierta forma de violencia y de abandono"; Chasse aux lions (Caza de leones, 1854), de Delacroix, donde el arrebato de la carne es de gran voluptosidad y sadismo; y Nympha et satyre (Ninfa y sátiro, 1885), de Rodin, arquetipo del artista "obsesionado con el deseo carnal".

La figura ambigua de una joven cautiva que podría estar sufriendo o en éxtasis Otras obras posteriores giran en torno a la "violencia del amor", como Angélique, donde Ingres presentra la "figura ambigua de una joven cautiva" que podría estar sufriendo o en éxtasis, y La tentation de saint Antoine (La tentación de san Antonio, 1867), un cuadro de inquietante pulsión sexual de Paul Cézanne. Una sección, itulada Ver en la noche, exhibe figuras de cera diseccionadas y láminas anatómicas.

Liado con una niña de 14 años

Tras pasar 21 años en la cárcel acusado de blasfemo y libertino, estar a punto de ser guillotinado sin haber cometido más crimen que escribir y ser internado en un manicomio por su familia, Sade pasó los últimos años de su vida liado con una niña de 14 años. Tras la muerte, todos sus manuscritos inéditos fueron quemados por orden judicial.

Puso en tela de juicio el límite, la proporción y el exceso Para la comisaria de la Sade, Attaquer le soleil, el escritor y filósofo se convirtió con el tioempo en "el conductor de un pensamiento que revela la imaginación del cuerpo" porque puso "en tela de juicio de forma radical las cuestiones del límite, la proporción y el exceso",  discutió "las nociones de belleza y fealdad" y "despejó la mirada de todos sus presupuestos religiosos, ideológicos, morales y sociales". Fue, culmina, el primer "revolucionario del deseo".