Ya está aquí: el nuevo Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua sale a la venta. Será la última vez que la presentación en papel sea la primera, la siguiente tendrá antes la digital que la de papel, que se reeditará cada seis meses o un año.

Cada año metemos 25 millones de realizacionesAdvierten los expertos acerca de las maneras de selección y trabajo: detrás de lo que entra, sale y se suma hay más que debate; hay cifras y registros. "Entran las que según nuestras bases de datos merecen entrar, porque son o nuevas palabras o acepciones, y que en estos años (desde 2001 hasta ahora) han cobrado una presencia que no tenían", explica Darío Villanueva, Secretario General de la RAE.

"Las bases de datos son un almacén de palabras donde metemos cada año 25 millones de realizaciones de palabras del español, el 70% viene de América Latina y Filipinas; y el 30%, de España, y las fuentes son diversas: prensa, política, economía, publicidad, además de escritores, radio, música... Tenemos 200 millones de formas ahora mismo y sabemos qué grado de frecuencia tiene cada una, dónde se usa más y cuándo cobró fuerza o cuándo dejó de tenerla", apunta Villanueva.

La palabra más compleja de aprobar por la estructuración y significación fue 'cultura'

"Aquí no se vota: se debate hasta el acuerdo"

¿Cómo se decide lo que entra y lo que sale?  "No, no se vota, acabaríamos votando la ley de la gravedad, aquí se debate hasta que se llega a un acuerdo", contesta el director de la RAE, José Manuel Blecua.

"A veces hemos pasado semanas consecutivas debatiendo", explica Villanueva, "por ejemplo: con la nueva acepción de 'tableta'. Pensamos en 'tablilla' (siempre se ha referido a soporte de escritura), que a muchos nos gustaba, pero hay que ser pragmáticos". Así que ganó tableta. "Además está el inglés detrás", añade el Secretario, "al usar el anglicismo 'tablet': ¿cómo sería: el tablet o la tablet? ¿Por qué tenemos que heredar esa confusión? Y el plural es 'tabletas', no tablets."

Otra de las palabras que dio 'guerra' ha sido la recién admitida 'serendipia': 'Hallazgo valioso que se produce de manera accidental o casual'.  ¿Demasiado culta? "Tiene mucho trasfondo cultural, divagamos mucho, y al final entró". ¿No es la única verdaderamente culta que ha entrado? "Sí, es la que más poso cultural tiene", admite Villanueva.

Por muy bonita que sea la palabra 'tablilla', ganó el pragmatismo y 'tableta' es la que ha entrado en el DRAE

Académicos: ¡papeletas!

Evidentemente no es la base de datos la que propone, eso no ha variado, siguen siendo ellos quienes lo hacen: "Los académicos, cuando el director dice: papeletas, pueden presentar una palabra. Luego está la presión social: tenemos cierta función de ser pantallas de lo que pasa en la lengua".

Recuerda Villanueva algo importante en este proceso: el espacio y el tiempo. "Está pensado para servir a los hispanohablantes para entender textos de a partir de 1500. Pero a su vez hay que tener en cuenta el espacio: es un libro, no es elástico, hay que seleccionar. Este año el Diccionario ha ampliado: en vez de 84.000 lemas, voces que tenía en la edición anterior, ahora tiene 93.111. Y si tuviéramos más espacio, también lo llenaríamos".

Palabras que se quedan fuera como la que apunta Blecua: 'finde', "lo debatimos hasta el final, pero no pudo entrar". Echando la vista atrás, el director recuerda como verdaderamente complicada de aprobar la palabra 'cultura'.

Y si aún estuvieran a tiempo: ¿incluirían ébola? Villanueva no duda: "Salvo excepciones de una eclosión total, ninguna palabra entra si no ha tenido cinco años de reposo, y acreditación del uso durante cinco años".

No sólo entran, también hay palabras que salen

Que aparezcan en el Diccionario no significa que se pida que se usen"Hace más de 100 o 150 años que no hay documentos de su uso", dice Blecua, cuando le preguntamos por las palabras que salen. "Se van al Histórico, no desaparecen". Además, justo es recordar que no todo está en el Diccionario, que hay palabras que no vienen y que son correctas, cultas, apropiadas.

Aún así: ¿hasta dónde la corrección y su contrario? Y sorpresa para quienes siguen creyendo que 'almóndiga' es un vulgarismo. Villanueva apunta: "Es correcta, conviven albóndiga y almóndiga en el español del Siglo de Oro y son correctas. No es un error del Diccionario que esté almóndiga".

Pero ¿y en los casos que sí son identificadas como 'vulgarismos', no deberíamos evitar su uso? Zanja Blecua:  "Si se trata de habla culta, no se deberían usar los vulgarismos, por eso se pone que lo son. Igual que en la lengua escrita tampoco se deberían utilizar los coloquialismos. Coloquial quiere decir que tiene un campo de uso muy restringido a la conversación normal".

Vuelta a la salida, que es corta, de las que se 'marchan' del Diccionario: 'acuperar' (defender, respaldar); 'alidona' (concreción lapídea que se suponía encontrarse en el vientre de las golondrinas); 'bajotraer' ('abatimiento, humillación, envilecimiento'), 'bigorrella' (piedra de gran peso que sirve para calar las collas);  'boleador' (hombre que hace caer a otro); 'dalind' ('de allá'); 'fenicar' ('echar ácido fénico a algo'); 'sagrativamente' ('con misterio').

Mejor 'entre bambalinas' que el recién aceptado backstage

Debatimos mucho sobre 'finde' y la construcción era buena, pero es una de las que se ha quedado fueraBlecua casi disculpa todas las confusiones: "Cada uno tiene su propio mapa", y quita toda la culpa al móvil o a las nuevas tecnologías del mal o peor uso del idioma: "Pobre móvil, qué culpa va a tener. Los conocimientos de la lengua se fijan en Primaria". Deja claro que quien habla y/o escribe mal no es por culpa de las abreviaturas en lenguaje 'wasapero' (o 'guasapero' incluso), palabra que no entra en el Dicccionario, porque no tiene el recorrido que sí tienen tuit o tuitero, explica Villanueva, o wifi y web, que también entran. Y lo hacen adaptadas al español.

Casos diferentes son los calcos, las palabras que entran con la grafía extranjera, y que hay que escribir en cursiva. Algunas de las nuevas son: backstage, baby-sitter, coach, chaise longue, establishment, gigabyte, gourmet, hacker, impasse, spa.

¿Y si hay que elegir, no será mejor emplear 'entre bambalinas' en lugar de backstage? "Si se pueden evitar los extranjerismos, mejor", responde Blecua.

'Mileurista', 'bloguero'... y 'chupi'

Un ejemplo de palabra que entra y tal vez haya a quien le resulte precipitado el ingreso es 'mileurista'. Blecua responde:  "Piense en: Estar sin blanca, 'blanca' era la moneda más pequeña y ni se recuerda su valor".

Otro artículo que estrena hueco es el llamativo 'chupi', aunque no tanto si se fija uno en su precedente aviso: coloquial. Otra expresión con cabida, y no es coloquial, sino una adaptación es 'dron'. Existe sitio también para 'tunear', 'homoparental', 'ciclogénesis', 'blaugrana', 'pilates', 'lorza', 'abrefácil', friki', baipás', 'anticrisis' y 'bótox'.

También los blogueros cuentan con nombre aceptado y registrado: 'bloguero' y su escrito, 'blog'.

Puede que a los abogados y jueces les rechine la inclusión de 'feminicidio' con el significado con el que ingresa : "Asesinato de una mujer por razón de su sexo". Para ellos un feminicidio debería incluir muchas mujeres y no sólo su muerte, pero la Academia responde: Tanto 'albóndiga' como 'almóndiga' son legítimas y correctas  "Se ha recogido esta palabra como crimen cometido en una mujer por el hecho de ser una mujer, ése es el matiz".

Suma de significados: 'botellón', 'cague', 'cagaprisas', 'gorrilla' o 'lorza'

Entre las nuevas acepciones que entran está 'botellón' y especificado que su uso es propio de España, algo importante de saber a la hora de consultar el Diccionario. También se aclara que es un coloquialismo.

En 'cague', otra de las acepciones que se suma, no sólo figura que es coloquial, sino malsonante. La palabra 'careto' como 'En televisión, rótulo que precede a un programa' es otro de los nuevos significados. Y una que ya estamos muy acostumbrados a escuchar: 'alunizar'.

Si se pueden evitar los extranjerismos en la lengua culta, mejor'Gorrilla', 'híbrido' (como coche), 'liberar' (el móvil), 'lorza' (queda claro que es coloquiala), 'olla' (cabeza humana: "se te va la olla" y es coloquial), 'pantallazo ('Captura del contenido que se vilualiza en la pantalla de una computadora'), 'ajuntr' (y en ésta precisan uso 'infantil'), 'gatillazo' ('Imposibilidad repentina y transitoria en el varón para realizar el coito'), 'alunizar' o 'crisis' (se añade: 'Reducción en la tasa de crecimiento de la producción de una economía, o fase más baja de la actividad de un ciclo económico').

"¿Qué pasa, vamos a dejar de designar la realidad?

¿Qué críticas esperan o temen? "Está muy claro por dónde van a venir los problemas, por un fenómeno social muy importante que se está produciendo desde hace unos decenios: la corrección política. Hay unas tendencias sociales a prohibir determinadas prácticas y determinadas palabras", cuenta Darío Villanueva.

¿Esa manera de ocultar y creer que si se prohíben algunas palabras se prohíben los hechos? "Sí, y ahí la Academia tiene que aguantar lo que le echen, no puede hacer un Diccionario censurado. No se va a consentir elaborar un diccionario sólo de palabras bonitas y palabras buenas. Además ¿quién dice si una palabra es buena o bonita? Uno puede luchar contra una censura de Estado, de Iglesia, de partido, pero esta censura de la sociedad civil en abstracto de la corrección política..."

El problema no está en la palabra, está en la realidad Recurre el catedrático a Aristóteles: "Él dijo: Las palabras sirven para lo justo y para lo injusto, para lo conveniente y para lo que no lo es. Sirven para enamorar y sirven para insultar. ¿Vamos a retirar los insultos? No, y que aparezcan en el Diccionario no significa que se pida que se usen, pero están porque están en la lengua".

Bueno, al menos no esperan que venga por la nueva acepción de crisis, ¿o sí? "Supongo que no, pero... Las palabras que designan cosas desagradables se contaminan y hay una tendencia a confundir la cosa con la palabra, y el problema no está en la palabra, está en la realidad, y la realidad hay que designarla. ¿Qué pasa, vamos a dejar de designar la realidad? Ahí empiezan los eufemismos".