Un único pase en el Festival de Sitges y además con la presencia mediática de Antonio Banderas, a quien se le entregó el Gran Premio Honorífico. Autómata era uno de los platos fuertes de esta edición del festival, pese a que este largometraje de ciencia-ficción dirigido por Gabe Ibáñez ya se había presentado en San Sebastián donde no obtuvo precisamente buenas críticas.

A su llegada a la alfombra roja del cine del Auditorio del Hotel Meliá, este jueves, el malagueño cumplió expectativas derrochando carisma y dedicó unos 10 minutos a intentar contentar a los fans que, desde un lado y otro, le reclamaban para un autógrafo o lograr una foto en primer plano.

El diseño de los autómatas es la principal apuesta en el aparto de efectos visuales Una vez en el escenario, en su discurso al recoger el premio, mencionó las pocas ocasiones en las que había intervenido en películas de género fantástico, como Entrevista con el vampiro o La piel que habito, y quiso destacar el enorme esfuerzo que había significado hacer una producción de género con pocos medios, caso del filme de Ibáñez. También tuvo una dedicatoria especial a todas esas personas que trabajan en cine "que son anónimas, pero imprescindibles".

En cuanto a la película, en la que Banderas es protagonista prácticamente absoluto, y uno de los productores, también cumplió expectativas, que en este caso no eran elevadas. El público la aplaudió calurosamente al final, más que nada como agradecimiento por haber contado con la presencia del actor malagueño.

Vista como ese "esfuerzo" por un tipo de género que no se prodiga poco en España, aunque está rodada en inglés para darle mayor proyección de cara el mercado internacional, y teniendo en cuenta los escasos recursos con los que se ha contado, hay que reconocer los méritos de Autómata sobre todo en cuanto al diseño de robots. También el hecho de que tendrá distribución en nuestras salas. "Una apuesta valiente de A Contracorriente Films", según las palabras de su director, Gabe Ibáñez.

Descartadas las posibles simpatías hacia una propuesta de este tipo, Autómata es en su inicio como una versión low cost de Blade Runner —combina los escenarios urbanos con los desérticos—, situada en un futuro postapocalíptico cercano, o no tanto, el año 2044. El problema es que las ideas que va tratado suenan demasiado trilladas: el desarrollo de robots como asistentes del hogar o personales, el protocolo de no poder dañar a los humanos o la capacidad de éstos de evolucionar su inteligencia artificial hacia unos conocimientos, sensibilidad o emociones infinitamente superiores al ser humano.

Sin ir más lejos, una propuesta similar, la de Eva hace 3 años, aunque con un entramado argumental muy distinto, pasó desapercibida en los cines.

Antonio Banderas interpreta a un agente de seguros de la empresa cibernética que ha creado los autómatas denominados "Pilgrim", por lo tanto, su trabajo consiste en determinar si alguno de estos robots puede haber perjudicado a los clientes que reclaman perjuicios. En este contexto, descubrirá que, rompiendo "el segundo protocolo" establecido en el programa de los autómatas, éstos pueden haber desarrollado una capacidad propia para autorepararse o adquirir mayor conciencia de sí mismos.

Una media hora inicial plagada de excesivos diálogos y explicaciones, una leve trama de intriga y una historia demasiado alargada, sin ritmo y con mensaje, o visión futurista, final. Los humanos decididamente pueden haber perdido su situación de privilegio dentro de la escala evolutiva.

En el balance más positivo, imágenes en primer plano sobrecogedoras de los autómatas dejándose destruir antes que dañar al humano que le está amenazando, la anécdota de una Melanie Griffith —la ex de Antonio Banderas, en su última colaboración juntos en la gran pantalla—, con pocas escenas y casi irreconocible por sus numerosas operaciones de cirugía estética, y también poniendo voz a la androide con más protagonismo: Cleo, creada como máquina de placer.

El estreno en nuestras pantallas está previsto para el 23 de enero de 2015.