Las deudas y las malas condiciones para los negocios familiares que sufrió Japón el pasado año pudieron con Kongo Gumi , una empresa con catorce siglos de antigüedad a sus espaldas.

Lo que no pudieron conseguir innumerables guerras, enormes cambios en el progreso de la humanidad o crisis económicas galopantes, lo ha terminado por conseguir el progreso: la empresa más longeva del mundo echó finalmente el cerrojo .

Construyeron ataúdes durante la Segunda Guerra Mundial

En el siglo XIX perdió las subvenciones estatales
James Olan Hutcheson analiza en Business Week las causas del éxito de esta empresa, basadas en tres puntos fundamentales: la elección de un negocio sólido y estable, como la construcción de templos budistas, la elección rigurosa de los mandatarios de la empresa, se elegía al familiar más preparado para el puesto, o una fidelización total de los empleados, ya que incluso la familia política adquiría el apellido de los dueños de la empresa antes de entrar a formar parte de ésta.

Durante su dilatadísima trayectoria, la empresa tuvo que hacer frente a situaciones muy complicadas, como cuando en el siglo XIX perdieron los subsidios estatales y comenzaron a realizar construcciones comerciales por ver primera, o cuando tras la Segunda Guerra Mundial tuvieron que subsistir produciendo ataúdes para los caídos.

Un gigante de la construcción la absorbió en enero

Se empeñaron en las inversiones inmobiliarias en los noventa
Finalmente no valieron los romanticismos y fueron las circunstancias más comunes las que acabaron con su trayectoria: la pérdida de dinero con la especulación inmobiliaria después de que explotara la burbuja generada a principios de los noventa, y la progresiva reducción de ingresos, que llevó a Masakazu Kongo a despedir a muchos empleados en 2004.

Takamatsu, un gigante de la construcción en Japón, absorbió esta legendaria marca, lo que demuestra que fueron los puntos fuertes de su longevidad los que, finalmente, dictaron su sentencia.