José Luis García Sanroma se sentó en un asiento abatible del vagón de uno de los trenes de la muerte. "Un móvil sonó cinco veces, entonces salí volando, destrocé el techo y sólo por la presencia de dos personas corpulentas delante de mí salvé la vida", recuerda la víctima.

El vagón era entonces una bola de fuego, y el humo tóxico lo llenaba todo: "No podía abrir los párpados, me reventaron los pulmones", asegura García.

Su vida tras el 11-M

Quiero evitar un día de furia en el que arrase con todo

Su vida con posterioridad al atentado es de incapacidad total: "Era militar, y tuve que entregar las armas porque pierdo los nervios con facilidad (...), quiero evitar un día de furia en el que arrase con todo", afirma el testigo, a quien se le siguen revolviendo las tripas cada vez que piensa en ello.

"Llevo dos noches sin dormir desde que me citaron", asegura García, quien exige que se haga justicia y que se adopten las medidas para que esto no vuelva a ocurrir.

Sigue el juicio del 11-M en el especial de 20minutos.es