«Ayudar a los que no ven nada es mi mayor éxito»
Federico Giner Albir.
Hace 25 años empezó a perder visión por una enfermedad degenerativa, y está casi ciego. Pero ha sabido sobreponerse a la adversidad con su gran afición, la escalada. Su última hazaña ha sido coronar una cima de 4.500 metros en los Alpes italianos.

¿Cómo ha ido la expedición?

Hemos coronado dos cumbres: la de Gran Paradiso (4.061 metros) y la Punta Gnifetti, la más alta accesible con esquí de montaña, de 4.559 metros, en Italia.

¿Cómo lo hacen?

Vamos en grupos de tres con unas barras: el guía, que sí que ve, va delante, el ciego total en medio, y los deficientes visuales, como es mi caso, detrás. Así, voy moviendo la barra y guío al invidente en sus movimientos.

¿Eran sólo hombres?

Sí, pero desde hace unos años se han incorporado Raquel Alejandre y María Ángeles Molina.

¿Qué es más fácil, llegar a la cima o regresar a la base?

El descenso fue bastante duro por las condiciones meteorológicas. Se nos cerró la niebla, y la mayoría de días hizo bastante sol para la nieve, por lo que se me quemó un poco la cara. El viento era de casi 35 grados bajo cero.

¿Cuál es su próximo reto?

Mañana –por hoy– me voy a Marruecos, pero esta vez a ayudar a personas sordas y a discapacitados físicos en una nueva escalada.

¿Qué siente cada vez que alcanza la cima?

La mayor satisfacción es participar en el proyecto y poder ayudar a personas que no ven nada. Mi objetivo es demostrar que los discapacitados podemos hacer cualquier deporte.

¿Tiene ayudas de algún tipo para las expediciones?

Desgraciadamente, no. Otras comunidades, como Madrid o Murcia, sí que apoyan a sus
escaladores discapacitados, pero yo tengo que buscarme la financiación e irme en mis vacaciones.

Bio. Este valenciano de 45 años ha subido al Mont Blanc (el más alto de Europa), vende cupones y colecciona medallas.