La UCAM y ASE presentan una guía para inspirar la acción empresarial con valores cristianos orientados al bien común

La Universidad Católica San Antonio de Murcia (UCAM) y la Acción Social Empresarial (ASE) han presentado este jueves el documento 'La vocación del líder empresarial', elaborado por el Pontificio Consejo Justicia y Paz, y que contiene herramientas y consejos prácticos que pretenden inspirar en valores cristianos orientados a lograr el bien común la acción de todas las personas relacionadas con la empresa, desde los directores a los trabajadores.
Presentación del el documento 'La vocación del líder empresarial'
Presentación del el documento 'La vocación del líder empresarial'
EUROPA PRESS

La Universidad Católica San Antonio de Murcia (UCAM) y la Acción Social Empresarial (ASE) han presentado este jueves el documento 'La vocación del líder empresarial', elaborado por el Pontificio Consejo Justicia y Paz, y que contiene herramientas y consejos prácticos que pretenden inspirar en valores cristianos orientados a lograr el bien común la acción de todas las personas relacionadas con la empresa, desde los directores a los trabajadores.

El documento ha sido presentado en rueda de prensa por el presidente de Acción Social Empresarial, perteneciente a la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, Luis H. Larramendi; acompañado por el vicerrector de Asuntos Religiosos de la UCAM, José Alberto Cánovas; el vicerrector del Grado de Administración y Dirección de Empresas de la institución docente, Gonzalo W. Fernández; y el vicerrector de Extensión Universitaria, Antonio Alcaraz.

Larramendi ha destacado que el documento forma parte de la doctrina social de la Iglesia, y está inspirado por principios de reflexión, de juicio y directrices de acción. Todo ello en relación con aspectos particulares como son la "dignidad inalienable de la persona, la orientación al bien común, el destino universal de los bienes, la subsidiariedad como fomento del principio de responsabilidad individual, así como la participación en la vida política y social y la solidaridad".

Todos estos valores son los que están presentes en el documento, el primero que se puede incardinar en la doctrina social de la Iglesia referido "directa y expresamente" a la figura del empresario. El texto "valida la visión de la empresa, que en algunas ocasiones parece que se miraba desde la Iglesia y otros ámbitos con un cierto resquemor", ha reconocido Larramendi.

En concreto, el documento "valida la eficacia y la utilidad de las empresas y del mercado cuando están bien orientadas y regentadas", sin dar "carta blanca" a todas las cosas que pueden hacerse, según ha precisado.

El documento está dividido en 87 apartados, 14 de los cuales sirven de introducción; mientras que 11 capítulos se refieren al ámbito de la observación, desgranando los desafíos presentes en el mundo de la empresa. Además, el texto cuenta con un apartado sobre 'Juicio', en el que se aborda la importancia de los principios éticos y sociales para la empresa.

El documento promueve principios que pasan por garantizar la dignidad humana y el bien común, así como otros valores ético-prácticos para la empresa tales como atender las necesidades del mundo a través de bienes y servicios; organizar el trabajo de una forma "buena y productiva"; así como crear riqueza "sostenible" y distribuirla "con justicia".

El documento contempla la empresa como una comunidad de personas, que "es algo que a veces se olvida dentro de una visión economicista de la empresa", según Larramendi, quien destaca que el documento está dirigido a todo aquel que tiene algo que decir e influye sobre la empresa, no solo el propietario. Además, su aplicación se hace extensiva a cualquier tipo de corporación, sin importar que sea una sociedad anónima, una sociedad limitada, una cooperativa o una empresa familiar.

"satisfacer necesidades reales

En el documento, el Pontificio Consejo Justicia y Paz no proporciona una receta, según Larramendi, sino que aporta orientaciones. Por ejemplo, recomienda a los empresarios que satisfagan necesidades "reales" con su actividad, evitando algunos sectores que, aunque son legales, "no sirven, como es el caso del juego".

En este sentido, recomienda la aplicación del principio de la subsidiariedad, es decir, "no privar a la persona de su capacidad de iniciativa y de sumir sus propias responsabilidades".

Igualmente, aconseja la creación sostenible de riqueza, ya que el objetivo de todo empresario con vocación "no es pegar un 'pelotazo', sino hacer una justa redistribución justa de la riqueza entre los grupos implicados en la labor empresarial: la dirección, los clientes, los proveedores, los propietarios, los empleados y la propia sociedad".

Asimismo, recomienda emplear el dinero con sabiduría y prudencia en lo que respecta a los salarios, precios y beneficios justos para redistribuir el capital y para favorecer una producción de riqueza sostenible.

Obstáculos en la actividad empresarial

El documento admite que la actividad empresarial encuentra obstáculos en su desempeño, tanto externos como internos. Entre los ajenos a la empresa, Larramendi ha citado la inexistencia de un Estado de Derecho en el país en el que se desempeña la actividad; la corrupción, que ataca la igualdad y la competencia; o la exaltación de la codicia.

En lo que respecta a los obstáculos internos, ha citado la denominada "vida escindida", es decir, que el empresario no lleve a la práctica empresarial los principios de su vida personal. Por ello, apuesta por la "coherencia" del líder empresarial en materia de "exigencias éticas".

En este sentido y en materia de obstáculos a la actividad empresarial, Larramendi ha señalado que el documento, por ejemplo, "no demoniza siempre el despido" de empleados, sino que admite que en ocasiones "es algo necesario y sirve al bien común para garantizar la supervivencia de la empresa"

El documento, por otra parte, insta al empresario a tener en consideración las ventajas y desventajas de otros factores, como la globalización, el desarrollo de las telecomunicaciones; o los cambios culturales.

Al contrario, el texto apela a la vocación del empresario más allá del beneficio económico, es decir, "la llamada al dirigente a participar en la obra creadora de Dios a través de su empresa"; y, para el cumplimiento de todos estos objetivos, el documento hace hincapié en la apuesta por una formación adecuada "desde la parroquia, la familia o la institución educativa".

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