Ojo
Plano detalle de un ojo humano. GTRES

La uveítis es una inflamación de la úvea, una membrana que envuelve el interior del globo ocular y que provoca graves pérdidas de visión. En la actualidad es una de las primeras causas de ceguera en el mundo.

Según explica la doctora Lourdes Jordano, responsable de la Unidad de Uveitis del Hospital Universitario de Getafe de la Comunidad de Madrid, la inflamación de la úvea, a cuyo aspecto similar a una uva debe su nombre este tejido vascular del ojo, puede asociarse a enfermedades sistémicas o bien debutar en solitario. La uveítis además puede estar originada por bacterias, parásitos o virus.

"Los síntomas de la uveítis van desde enrojecimiento ocular, borrosidad visual o pérdida importante de visión, dolor, visión de 'moscas volantes' e incluso existen casos en los que la enfermedad no presenta síntomas", señala Jordano, cuya unidad hospitalaria ha atendido desde su puesta en marcha en 2009 más de 2.500 consultas.

Según apunta Jordano, a veces resulta difícil descubrir su origen cuando no se asocia a una enfermedad infecciosa y/o el paciente no presenta sintomatología alguna de enfermedad sistémicas asociada. "En ocasiones, la uveítis se presenta antes que la enfermedad sistémica a la que se asocia", aclara.

Su prevalencia en la población española es del 0,1%, pudiendo aparecer tanto en mujeres como en hombres en edad adulta y también entre la población pediátrica, entre los menores la uveítis suele estar asociada a artritis idiopática juvenil y también a infecciones por virus o parásitos como el Toxoplasma o Toxocara.

Una enfermedad compleja

El tiempo de resolución de la uveítis depende de la causa y del curso evolutivo que tome la uveítis: aguda con resolución, crónica o recurrente. La uveítis puede ser recurrente y esto es un problema preocupante tanto para el paciente como para el médico oftalmólogo.

La uveítis puede complicarse con opacidades corneales, cataratas, híper o hipotensión ocular, cicatrices en la retina o inflamación del nervio óptico, entre otras dolencias"La recurrencia o la cronicidad de una uveítis así como el daño de las estructuras oculares afectadas pueden dar lugar a graves pérdidas de visión", señala Jordano. Las complicaciones que se pueden derivar de la uveítis son muchas, entre ellas opacidades corneales, catarata, hipertensión/hipotensión ocular, cicatrices en y debajo de la retina, opacidades crónicas del vítreo, desprendimiento de retina, inflamación del nervio óptico.

Las pruebas para su diagnóstico dependen de la localización de la uveítis y sobre todo de la sintomatología asociada que pueda presentar el paciente. Puede ser necesario realizar serologías a determinados microorganismos, pruebas de inmunidad, determinación de HLA (antígenos leucocitarios humanos), radiografía de tórax, resonancia magnética o pruebas más invasivas como toma de muestras intraoculares.

Según aclara la doctora Jordano, médico adjunto del Servicio de Oftalmología del hospital madrileño, según la localización del ojo implicada, esta inflamación se puede clasificar en:

Uveítis anterior: iritis si se afecta el iris e iridociclitis si afecta al iris y cuerpo ciliar. Suele estar asociada a procesos reumatológicos (espondiloartopatías). Sus formas agudas suelen ser las más benignas.

Uveítis intermedia: afecta a la parte posterior del cuerpo ciliar (pars plana), retina periférica y vítreo, el gel que ocupa la cavidad ocular posterior. Su causa más frecuente suele ser la idiopática, seguido de enfermedades en las que se pierde la mielina de las células nerviosas y sarcoidosis, una enfermedad de causa desconocida que produce inflamación.

Uveítis posterior: retinitis si se afecta la retina, coroiditis si afecta a la coroides y vasculitis si afecta la vascularización retiniana. La causa más frecuente de uveítis posteriores en nuestro medio es la infección por toxoplamosis.

Panuveítis: cuando se produce una afectación de todas las estructuras citadas.

Corticoides y nuevos tratamientos sistémicos

El tratamiento base de inicio de la uveítis son los antiinflamatorios, fundamentalmente los corticoides empleados por vía tópica, alrededor del ojo (subtenoniana), oral e intraocular. Si este tipo de tratamiento no da resultados, a veces es necesario el uso de inmunosupresores por vía oral aunque también se pueden utilizar por vía intraocular, señala Jordano.

La vía de administración de estos fármacos dependerá de la afectación de uno o de ambos ojos y de los efectos adversos de los medicamentos, que suelen ser menores por vía local. Si la causa fuera infecciosa se utilizarían antibióticos o antivirales.

Probablemente sea en los trabajos en los que se presentan resultados sobre tolerancia y eficacia de tratamientos intraoculares en los que se esté avanzando más en cuanto a la investigación sobre uveítis, explica Jordano.

"Se están consiguiendo buenos resultados por lo que se podrá mejorar la incidencia de los efectos adversos de los fármacos empleados por vía sistémica, a veces durante meses", aclara Jordano que añade que también se estudian nuevos tratamientos por vía sistémica para disminuir la inflamación producida por este proceso.

Jordano concluye que es fundamental acudir con prontitud al oftalmólogo para poder hacer el diagnóstico lo antes posible y así instaurar el tratamiento más específico tanto en el inicio como en las posibles recurrencias.