El 99 por ciento de los 389 alumnos con ceguera o discapacidad visual de Castilla y León estudia en centros ordinarios, es decir, siguiendo el principio de la inclusión educativa, según informaron fuentes de la ONCE.

La inclusión de los niños y niñas con discapacidad visual en un ámbito educativo normalizado responde a la tendencia generalizada presente en la legislación vigente de crear un único sistema donde se integren todos, prevaleciendo siempre el derecho del alumnado a recibir una atención educativa equitativa y de calidad, y respetando las necesidades específicas de cada uno de ellos.

Este modelo inclusivo ha logrado que, al finalizar la ESO, la tasa de abandono escolar de estos alumnos sea tres veces inferior a la media española, un 9,6% frente al 23,5% de España, y dos puntos por debajo de la media europea, que se sitúa en el 11,9%, según el último informe de la agencia comunitaria de estadística Eurostat.

Los profesionales que componen los Equipos Específicos de Atención educativa a personas con discapacidad visual de la ONCE -fruto de convenios de colaboración entre la ONCE y las Administraciones educativas-, trabajan intensamente para planificar el conjunto de intervenciones que van a llevar a cabo durante todo el curso escolar con el fin de facilitar a este alumnado, su profesorado, centros y familias los recursos y la intervención que necesitan para su aprendizaje.

Este trabajo se desarrolla en consonancia con las Administraciones públicas responsables de Educación.

En el caso de la distribución de los 389 alumnos de Castilla y León por niveles educativos, 67 escolares corresponden a Educación Infantil, 85 son de Educación Primaria, 45 están ya en la ESO, 12 cursan Bachillerato, 16 Formación Profesional, 35 son universitarios y 129 están inscritos en otro tipo de enseñanzas.

Para cada nuevo curso, los servicios de producción bibliográfica de la ONCE trabajan intensamente para que, en la vuelta al cole, los niños y jóvenes ciegos puedan llevar en sus mochilas, desde el primer día de clase, y con la misma ilusión que sus compañeros, los mismos libros, pero transcritos al sistema braille.

Muchos de ellos, cuentan con adaptaciones tecnológicas e informáticas facilitadas por la ONCE para seguir el curso: ordenadores con revisor de pantalla, anotadores y calculadoras parlantes e impresoras en braille...etc.

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