Cartel de la 71ª edición de la Mostra de Venecia
Cartel de la 71ª edición de la Mostra de Venecia ARCHIVO

Del humor absurdo y el esteticismo pictórico del sueco Roy Andersson a la brutalidad sobrecogedora del japonés Shinya Tsukamoto en su drama bélico 'Nobi', este martes ha sido una jornada de rarezas en la Mostra de Venecia. Eso sí, rarezas que han suscitado encendidos aplausos.

El siempre agudo e irónico Andersson ha presentado 'A Pigeon Sat on a Branch Reflecting on Existence', una peculiar reivindicación de la empatía humana con la que cierra su trilogía existencial. O no. "Estoy preparando ya la cuarta entrega de la trilogía", bromeó este martes ante los periodistas.

Después de 'Canciones del segundo piso' y 'You the Living', Andersson renuncia por completo al tradicional esquema de planteamiento-nudo-desenlace y opta por una sucesión de 39 escenas cotidianas primorosamente compuestas, con la cámara fija y el plano abierto.

Andersson renuncia por completo al tradicional esquema de planteamiento-nudo-desenlaceA ritmo de vals, los personajes se desenvuelven con extremada lentitud e hieratismo, como un ballet tragicómico. Un hombre muere descorchando una botella de vino, otros dos intentan dar un pelotazo vendiendo sacos de la risa.

El director recurre al humor para hacer reflexionar al espectador sobre lo absurdo de nuestra existencia, y lo coge desprevenido cuando repentinamente se pone más dramático. En uno y otro caso, el ser humano queda a la altura del betún.

"Odio la estupidez humana, que es el resultado de la falta de conocimiento y de empatía. Pero amo la vida y a las personas", aseguró  Andersson en rueda de prensa.

Es la primera vez que filma en digital, lo que le ha dado un brillo y precisión muy acorde con su búsqueda estética inspirada en pintores alemanes de entreguerras como Otto Dix y Georg Scholz y en el renacentista Brueghel.

"No quiero contar historias sino hacer cuadros de la vida", explicó. "Hay una falta de calidad visual en el cine actualmente. Me gustaría que hubiera más, pero desgraciadamente falta tiempo, paciencia y dinero".

Él desde luego le ha echado mucho de lo primero. Ha tardado cuatro años en rodar. Un mes por toma. A veces más.

Las cotas más altas de estupidez

En las antípodas estilísticas y llevando el tema de la estupidez a las cotas más altas posibles, el japonés Shinya Tsukamoto aparca el género fantástico que le ha valido la etiqueta de realizador de culto ('Tetsuo, el hombre de hierro'), para pasarse al drama bélico.

Aunque por momentos 'Nobi' parece una película de terror. Ambientada en los estertores de la Segunda Guerra Mundial, muestra a un grupo de soldados japoneses perdidos en la selva en Filipinas.

La guerra siempre es algo excesivo hasta el punto de que el cuerpo humano acaba convirtiéndose en un objetoLas balas que caen en ráfagas de origen desconocido, los cadáveres por todas partes, el encierro y la desesperación llevan a los últimos supervivientes a descubrir hasta dónde es capaz de llegar el ser humano con su instinto de supervivencia.

"La guerra siempre es algo excesivo hasta el punto de que el cuerpo humano acaba convirtiéndose en un objeto", señaló en Venecia Tsukamoto, también productor, guionista y protagonista del filme.
"Me interesaba describir la tragedia bélica no desde el punto de vista de la víctima, sino del superviviente que tiene que cargar con el peso de las matanzas", ha añadido el realizador.

Para documentarse, Tsukamoto realizó hace ya una década una serie de entrevistas con veteranos japoneses. "Han sufrido un dolor para nosotros inconcebible", detalló.

Su motivación para rodar 'Nobi', según ha explicado, es que habiendo pasado 70 años desde que Japón tomó partido en el conflicto armado, le preocupaba que se olvidara lo devastador y absurdo que fue.

"El terror de la guerra no es algo que puedas borrar de la Historia y yo quería recordarlo", señaló.

Para rematar la jornada de rarezas este martes se proyectó también en la Mostra, fuera de competición, el último trabajo de Manoel de Oliveira, el cortometraje 'O Velho do Restelo'.

A sus 105 años, el realizador portugués vuelve a reflexionar sobre la historia de la Península Ibérica a través de los textos de Luís de Camões y Miguel de Cervantes.