Salvador Fernández Ciller, encontrado el miércoles muerto en su domicilio de Murcia, fue misionero en distintos países de Latinoamérica hasta que regresó hace 19 años a la Región, donde ejerció el sacerdocio primero en la parroquia de La Purísima de la capital y después en la iglesia de la pedanía murciana de El Puntal.

Era un hombre muy confiado y pacífico que no se señalaba por nada

Este sacerdote, natural de Cehegín, fue hallado maniatado y con un martillazo en la cabeza por una vecina de su edificio, situado en el número 5 de la calle Ruiz Hidalgo, en el barrio del Carmen.

Según Jorge Oliva, actual sacerdote de La Purísima, donde el fallecido trabajó durante 17 años, Salvador Fernández, de 75 años, era un hombre "muy confiado y pacífico que no se señalaba por nada".

Un hombre "muy amable"

La vecina del fallecido, que junto a otra amiga solía hacerle compañía y cocinarle, decidió entrar a la vivienda con unas llaves que le había dejado, pues llevaba cuatro días sin verlo.

Según sus vecinas, era un hombre "muy amable", que se jubiló hace un año, fecha desde la que solía oficiar funerales, por deseo de conocidos, en el cementerio municipal y en el tanatorio de Jesús, en Murcia.

Era muy alegre, generoso y querido aquí

El actual párroco de La Purísima comentó que su antecesor estuvo muchos años en las misiones y que le gustaba acoger a numerosos animales de compañía en su casa.

Una de las vecinas que acompañaba a menudo al sacerdote explicó que "últimamente estaba algo triste y tomaba pastillas", aunque reconoció no saber exactamente para qué e insistió en que "era muy alegre, generoso y querido aquí".

El cadáver fue trasladado dos horas después de su hallazgo al instituto de Medicina Legal de Murcia para su autopsia, una vez que la jueza de guardia, titular del juzgado de instrucción número cuatro, ordenó su levantamiento.

Al lugar de los hechos se desplazaron, además de policías locales, agentes de la policía nacional, que se han hecho cargo de las investigaciones y que tomaron declaración a la vecina que encontró al sacerdote muerto en la vivienda.