Porque reconocen su adicción o porque cada vez más caen en las garras de la droga, lo cierto es que el número de mujeres que solicitan ayuda para desintoxicarse crece cada año. Según datos de la asociación Proyecto Hombre de Córdoba, el número de féminas que solicita ayuda para tratar su dependencia se ha duplicado en los últimos tres años.

Aunque todavía son pocas comparado con los hombres, ya suponen el 12% de los pacientes que atiende la asociación, que actualmente son 225 en toda la provincia. «Hace tres años no llegaban al 5 ó 6% del total», aseguró ayer Lázaro Castro, director de Proyecto Hombre en Córdoba. En cuanto a las causas, Castro, señaló que es imposible saber si se debe a que ahora consumen más droga o que tienen menos reticencias en reconocer su problema.

Otro de los aspectos sobre los que alerta la asociación en su última memoria es la edad de inicio del consumo y el perfil del drogodependiente. Así, en el último trienio, la edad de algunos pacientes ha bajado hasta los 12 años y los que acuden a desintoxicarse no son ya «personas marginadas», afirma Lázaro, «sino gente de todas las clases sociales».

En cuanto a las sustancias, los miembros de la asociación han percibido un aumento considerable del consumo de cocaína en estos últimos tres años y también un ligero ascenso de una sustancia que parecía olvidada como es la heroína.

Proyectos de futuro

La asociación, que recibe cada año unos 400 pacientes, procedentes muchos de la cárcel, está a punto de inaugurar una nueva comunidad terapéutica al final de la avenida del Brillante con capacidad para 55 pacientes y dos nuevos pisos de apoyo con sitio para diez chicos cada uno.

El tratamiento que desarrolla Proyecto Hombre consta de varias fases y dura entre un año y medio y dos años dependiendo del caso. 90 voluntarios y 44 profesionales trabajan con los pacientes para ayudarles.

Él ya ha lo ha superado. José Ángel Martínez. 26 años.

«Ahora soy más maduro y responsable»

Su adicción a la cocaína le obligó a ingresar en Proyecto Hombre en diciembre de 2004. «No conocía la asociación. Fue una iniciativa consensuada con mis padres». Ahora que le falta un mes para recibir el alta terapéutica se considera «una persona más madura y responsable que ha mejorado la relación con los demás». De todo el proceso lo más duro es, junto a la estancia en la comunidad, el inicio. «Tienes que ir siempre acompañado, no te dejan el móvil ni manejar dinero». Y lo mejor: la relación que se entabla con los terapeutas y compañeros. «Aquello se convierte en una pequeña familia».