El lado sombrío del deseo sexual, tema de una exposición de ocho artistas en Nueva York

  • Tomando el título de la película de Buñuel "Ese obscuro objeto del deseo" se exhiben obras en las que no está clara la frontera entre arte y fetiche sexual.
  • Se exponen 'muñecas' bulbosas de Hans Bellmer, esculturas blandas de Dorothea Tanning, equívocos orificios de cerámica de Hannah Wilke...
  • La rusa Alisa Baremboym, autora de las piezas más chocantes, expone masas de emolientes, petróleo y seda que semejan restos biológicos o secreciones.
Una de las 'muñecas' informes pero voluptuosas del surrealista Hans Bellmer
Una de las 'muñecas' informes pero voluptuosas del surrealista Hans Bellmer
Courtesy Miguel Abreu Gallery, New York - Photo by Jeffrey Sturges © 2014 Artists Rights Society (ARS), New York

"La extrema seducción colinda, probablemente, con el horror", sostenía el escritor francés Georges Bataille, fascinado por todas las formas de la sexualidad y convencido de que "sin prohibiciones no hay erotismo". Estos dos pares de elementos enlazados —sugestión sexual y miedo, tabú y sensualidad— están en la base de una sugerente exposición temática y colectiva que pretende unir obras en las que no está clara la frontera entre arte y fetichismo sexual.

En la película de Ese obscuro objeto del deseo (1977), el director español Luis Buñuel, contó la historia de la lujuria creciente del protagonista por una mujer seductora y difícil de alcanzar hasta el punto de que nubla el juicio del hombre y lo llevá a un estado de total sumisión. Tomando prestado textualmente el título de la cinta, la exposición That Obscure Object of Desire reúne a ocho artistas contemporáneos, aunque solamente tres están vivos, para explorar "el lado obscuro del deseo" y la "conexión entre un objeto artítisco y un fetiche sexual".

'Similar al enamoramiento erótico'

Las piezas que se exhiben en la muestra temática y colectiva —en la galería Luxembourg & Dayan de Nueva York entre el 14 de agosto y el 4 de octubre— muestran cómo el "esfuerzo obsesivo" de creación puede ser "similar en su intensidad al enamoramiento erótico". Las obras, todas con connotaciones corporales bastante explícitas, oscilan "entre lo sexual y lo abyecto", afirman los organizadores.

Quizá el más conocido de los artistas reunidos sea  Hans Bellmer (1902-1975) —nacido en Polonia, pero residente sucesivo de Berlín y París en sucesivas huídas de los nazis—. Del artista de las poupées (muñecas), se exhiben varias fotografías de los seres bulbosos y, aunque decidamente horribles, altamente sexualizadas, que creaba sin rostros, sobreponiendo extremidades superiores e inferiores para crear entes infrahumanos escultóricos que tuvieron gran éxito entre los surrealistas.

Esculturas de color carne

La también surrealista Dorothea Tanning (1910-2012) exploró la misma noción de objeto de juego en las esculturas blandas de color carne que creó en Francia entre 1969 y 1974. Aunque es más conocida como pintora, estas piezas siempre gustaron especialmente a la artista, porque le parecían más "viscerales" que los cuadros. Además de un par de esculturas realizadas con lana cardada, la exposición de Nueva York muestra tres obras sobre papel donde Tanning experimenta con las ideas de la forma y el deseo.

La invitación tácita que los espectadores sienten a tocar las obras para experimentarlas sensorialmente también es válido en el caso de la estadounidense Hannah Wilke (1940-1993), que retrató la decadencia de su cuerpo por el linfoma cancerígeno que la llevó a la muerte.

Una lámpara-boca

La polaca Alina Szapocznikow (1926-1973), prisionera de campos de concentración nazis, y artista conceptual que trabajo sobre todo con resina elástica para crear piezas que aparentan ser parte de un mobiliario, como su Lampe-Bouche (1966), una lámpara con forma de prótesis labial de intensa carga sexuale.

También interesado en desestructurar el cuerpo, el radical Robert Heinecken (1931-2006) presenta varios de sus fotomontajes, entre ellos una larguísima composición horizontal donde un perfil femenino visto desde varias perspectivas es troceado y remontado nuevamente para crear la ilusión de un horizonte.

Sillón (John Travolta)

De la artista londinense Anthea Hamilton (1978) puede verse un irónico Sillón (John Travolta), un mueble de metraclilato con la forma de las piernas abiertas de una mujer y Julie Verhoeven (1969) ironiza con el deseo como materia de consumo con una serie de dibujos de desnudos practicando yoga.

Quizá la pieza más chocante de la muestra sea la naturaleza muerta de la artista rusa residente en Nueva York Alisa Baremboym (1982): una amalgama de emolientes, petroleo, seda y cerámica que semejan restos biológicos o secreciones en una instalación con referencia a las intervenciones quirúrgicas, las operaciones estéticas y los procesos de producción industrial de cosméticos.

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