Las imágenes más veneradas de la Semana Santa sevillana desfilan desde anoche por una ciudad que no duerme en la Madrugá, que resume los contrastes de esta fiesta, entre el luto y el silencio de algunas hermandades y las candelerías y los sones de marchas que acompañan a otras.

Las calles del centro de la capital hispalense, cuyos hoteles registran hoy un lleno casi absoluto y cuyos bares y restaurantes no cierran en toda la noche, son un ir y venir de público que intenta manejarse para caminar de un lugar a otro a pesar de la "bulla" y ver así los seis cortejos.

La Macarena fue la primera que abrió las puertas de su basílica, pasada apenas la medianoche, aunque, como está acompañada por casi tres mil nazarenos, no pudo traspasar el umbral hasta casi las dos de la madrugada.

Para esa hora ya estaban en la calle dos de las cofradías más imponentes por el recogimiento que las acompaña: el Gran Poder, conocido como el Señor de Sevilla, que este año está recién restaurado, y el Silencio, que abre la carrera oficial y que es fácil de distinguir porque la imagen de Jesús Nazareno carga la cruz al revés.

La cofradía de la Esperanza de Triana, considerada siempre como rival de la Macarena, no terminó de salir hasta pasadas las tres de la madrugada, con el característico caminar de los costaleros del paso del Señor de las Tres Caídas y con la Virgen aclamada en una calle Pureza que se venía abajo. 

Los macarenos sostienen que, tras catorce horas de procesión, a la imagen de la Virgen siempre se le nota cierto cansancio en el rostro

Las imágenes de Los Gitanos, el Cristo de la Salud y la Virgen de las Angustias, conocidos popularmente como Manuel y Angustias, protagonizaron también una vibrante salida desde su iglesia de San Román.

El Calvario completó, al filo de las cuatro de la madrugada, la nómina de hermandades que desfilan este Jueves Santo.

Silencio y jolgorio 

Los gritos de "guapa, guapa" que se llevan la Macarena y la "Trianera" en su recorrido, especialmente en sus barrios, y la gran variedad de marchas procesionales con que sorprenden y deleitan a su paso contrasta con el silencio con el que se siguen las procesiones del Gran Poder, del Silencio y del Calvario.

Entre las decenas de miles de personas que ven las procesiones de Sevilla esta noche se encuentran el director gerente del Fondo Monetario Internacional, Rodrigo Rato, y el defensor del Pueblo, Enrique Múgica, que pronuncia el domingo el Pregón taurino de la Maestranza.

Pese a los temores expresados por parte de la ciudadanía, los hinchas ingleses del Tottenham, que este Jueves Santo se ha enfrentado al Sevilla FC en el partido de Cuartos de Final de la UEFA, no interfirieron en el desarrollo de la Madrugá, ya que su inmensa mayoría se han marchado esta misma noche, al término del encuentro.

La Madrugá deja cada año tras de sí imágenes y sonidos imborrables: la forma de arengar que tienen los capataces a los costaleros, las lluvias de pétalos que se llevan las Vírgenes desde los balcones, las voces de las monjas del convento de Sor Ángela cantándole a la Virgen de las Angustias de los Gitanos o el ruido del rítmico cimbrear de los palios.

Algunas no vuelven hasta mediodía 

A las siete de la mañana, la noche se había desarrollado sin incidentes, y los cofrades intentaban reponer energía, ya que, aunque las cofradías de luto, el Calvario, el Gran Poder y el Silencio, estaban de regreso ya a sus templos; las de barrio, es decir, la Macarena, la Esperanza de Triana y los Gitanos, no vuelven a sus iglesias hasta bien entrado el mediodía.

Los macarenos sostienen que, tras catorce horas de procesión, a la imagen de la Virgen siempre se le nota cierto cansancio en el rostro, que vuelve a su basílica más afilado y ojeroso.