Una vitrina con cristales corredizos y llave de seguridad que custodiará el Vicerrectorado de Servicios a la Comunidad Universitaria. Con esta medida, la UMA quiere lograr dos objetivos: informar a todos los consumidores de los precios máximos que se deben cobrar en las cafeterías de las facultades y disuadir a las posibles empresas concesionarias de que quieran cobrar de más.

La intención es que nadie pueda cambiar el contenido de las vitrinas, donde además del listado oficial de precios, a un tamaño que se pueda leer bien, habrá algunas sugerencias, así como deberes de los empresarios y derechos a los que se puede acoger el consumidor en caso de irregularidades.

Tras las vacaciones

«Ya están todas las vitrinas compradas y sus ubicaciones decididas», confirma el vicerrector de servicios, Juan Sanz. «Sólo falta que comiencen a colocarse tras la Semana Santa». Las últimas quejas de los alumnos de Psicología y Ciencias de la Educación –convocaron una sentada el pasado jueves– por los precios abusivos que cobra la cafetería que comparten en Teatinos han motivado la aparición de las vitrinas con los precios, que en 2007 no subieron ni un céntimo: «Todas las empresas concesionarias estaban de acuerdo en congelar los precios y ninguna puso impedimentos», recuerda Sanz.

La consigna es clara: «Cuando te piden un artículo, hay que servir el del precio máximo establecido y si hay otra marca más cara, avisar al consumidor».

No hay un sistema de inspección

La Universidad no tiene ningún sistema de inspección para controlar cuánto se cobra en sus bares. «La mayoría de las cafeterías hacen caso de las normas, como también los alumnos y profesores cuando se prohibió fumar en los centros», matiza Juan Sanz. Si se recibe alguna queja, como la referente a Psicología por ejemplo, existe un «sistema de evaluación y auditoría al que ponemos en antecedentes de estos datos en vista a la renovación de sus contratos».