Obesidad
Una persona obesa descansa sentada en un parque. FLICKR/Tobyotter

Siempre se comieron calorías, más de las necesarias y sanas, y siempre hubo obesidad, pero no tanta como hoy en día. La clave está en nuestro estilo de vida, en el creciente sedentarismo. Según un estudio de la Universidad de Stanford (EE UU), el sedentarismo puede ser más culpable del aumento de la obesidad que la alimentación.

Científicos de su Facultad de Medicina aseguran que el incremento de la obesidad registrado en muchos países desarrollados en los últimos años puede estar más relacionado con un estilo de vida cada vez más sedentario que con la ingesta de calorías.

Así se desprende de los resultados de un análisis publicado en la revista American Journal of Medicine, que revela que en los últimos 20 años ha habido un fuerte descenso en el ejercicio físico y un aumento del índice de masa corporal (IMC) entre la población mientras que, por contra, las calorías consumidas se han mantenido estables.

Lo que han hallado es una relación entre poca práctica de ejercicio y un elevado IMCAl analizar los datos recopilados en la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición de EE UU, vieron que en 2010 el 51,7% de las mujeres adultas de Estados Unidos reconocían no hacer nada de ejercicio en su tiempo libre, cuando en 1994 apenas eran el 19,1% de las encuestadas. Y en el caso de los hombres, la inactividad física afectaba ya al 43,5% del total, frente al 11,4% en 1994.

En el mismo periodo, el IMC medio se había incrementado en todos los grupos de población, especialmente en el caso de las mujeres de 18 a 39 años. "Estos cambios se han producido en el contexto de un aumento sustancial en la proporción de adultos que no realizan ninguna actividad física durante su tiempo libre, pero en ausencia de cambios significativos en la ingesta calórica diaria", explica Uri Ladabaum, investigador principal.

El estudio se centró en el aumento de la obesidad en términos de ejercicio e ingesta de calorías. Aunque los investigadores no analizaron los tipo de alimentos que se consumieron, sí observaron que el total de calorías diarias, grasas, hidratos de carbono y el consumo de proteínas no había cambiado significativamente en los últimos 20 años. Por contra, la tasa de obesidad continúa aumentando.

Los investigadores también hicieron seguimiento del aumento de la obesidad abdominal, que es un indicador independiente del riesgo de mortalidad, incluso entre las personas con un IMC normal. Para considerar que una persona tiene obesidad abdominal debe tener un perímetro de cintura de 88 centímetros en el caso de las mujeres y de 102 en hombres. De este modo, los datos mostraron que en el periodo de estudio el perímetro de cintura medio se incrementó en un 0,37% anual en mujeres y un 0,27% en hombres.

Aunque habitualmente se suele culpabilizar al aumento de la ingesta calórica de las crecientes tasas de obesidad, los autores insisten en que no se ha encontrado tal asociación entre ambos factores y, por contra, se encontró una relación entre dedicarle poco tiempo a la práctica de ejercicio con un elevado IMC.