Bécquer
Bécquer

Gustavo Adolfo Bécquer adaptó al teatro la obra de Víctor Hugo Nuestra Señora de París, la rebautizó como Esmeralda y luego la convirtió en una zarzuela, El Talismán, un libreto inédito hasta el año pasado que ahora Visor publica, incluida la partitura de Joaquín Espín y Guillén.

"No hay duda, no. Ellos son", dice la letra de esta zarzuela "escondida" durante siglo y medio y que se recupera ahora, gracias a los editores Jesús Rubio Jiménez y Amy Liakopoulos, que se basan en dos estudios preliminares de Víctor Infantes sobre las características del manuscrito y de Miguel Ángel Lama sobre la lírica, además de en un peritaje caligráfico del libreto.

Todo lo que se sabe sobre la obra lo cuenta el escritor y periodista Julio Nombela y Tabares (1836-1919) en su autobiografía, según recuerda Víctor Infantes en el libro publicado ahora.

La idea era que Bécquer transformara una de las obras más demandadas en aquel momento, la triste historia del jorobado de Notre Dâme, que ya se había publicado en francés hacía 25 años y en castellano en 1836 y que había sido reeditada en España en siete ocasiones.

Nombela, Luis García de Luna (1834-1867), que firmaba como Adolfo García, y Bécquer (1836-1870) se pusieron manos a la obra "con entusiasmo" y "en un par de semanas" transformaron el texto de Víctor Hugo en un drama, "conservando los personajes indispensables y las principales situaciones de la obra maestra del gran poeta".

La estructura de la obra está basada en el paralelismo y la repeticiónLibretista y músico decidieron vender los derechos y dar "una copia en limpio" a dos empresarios valencianos interesados en su representación, a cambio de cuatro mil reales, que ellos aceptaron "encantados".

Los valencianos se retiran del negocio, y compra entonces los derechos el editor Alonso Gullón, que, como era preceptivo entonces, la somete al juicio del censor, quien deniega su representación.

Bécquer y García de Luna tenían que devolver el dinero adelantado, y ahí Nombela asumió la deuda. Es decir, que el proyecto quedó "suspendido antes de ver la luz".

Nada se sabe de la obra hasta que Nombela sale de España en 1874, ya fallecidos Bécquer y García de Luna, y vuelve a mencionar cómo se tuvo que hacer cargo de la deuda contraída.

Permanecen las incógnitas de por qué el censor no autorizó su representación y qué paso con aquella "copia en limpio" de Esmeralda, que reaparece, de pronto, bautizada como El Talismán.

Infantes sostiene que Bécquer y García de Luna volvieron sobre su primera redacción, reformaron el original y lo convirtieron en una obra musical, gracias al compositor soriano Joaquín Espín y Guillén (1812-1881), padre de la cantante Julia Espín, una de las amadas de Bécquer y pionero de la zarzuela moderna española.

Un 'borrador'

La partitura original de El Talismán, que ha dormido el sueño de los justos un siglo y medio, estaba en poder de un librero hasta que se lo compró Manuel Márquez de la Plata, que dio su palabra de honor de no revelar el nombre del vendedor y fue quien lo puso a disposición de Infantes y Lama.

No se trata de una copia "en limpio", es decir, estructurada y rematada, sino más bien de un borrador, con "correcciones, tachaduras y enmiendas", que plantea problemas "codicológicos y paleográficos" de complejo análisis, aunque se puede concluir que musicalmente es de melodías sencillas y que su tono es dramático.

La estructura musical está basada en el paralelismo y la repetición, tanto que a veces resulta "demasiado sencillo", explica Amy Liakopoulos, que sugiere que el hallazgo que ahora publica Visor debería ser "el punto de partida" de ulteriores trabajos.