Woman in Crimson Slip, 1978, from Jo Ann Callis: Other Rooms (Aperture, 2014)
Collins esconde la cara de todos los modelos de las fotos © Jo Ann Callis, Courtesy Rose Gallery

La veterana fotógrafa estadounidense Jo Ann Callis (Ohio, 1940) ha tardado 40 años en atreverse a publicar Other Rooms (Otras habitaciones), una colección de imágenes que consideraba demasiado "calientes" o "fetichistas". La artista ha llegado a un estadio vital —tiene 74 años— en que se siente "menos vulnerable" a las críticas y el posible qué diran y ha decidido hacer pública la colección de instantáneas sobre sexo y sensualidad que hizo entre 1974 y 1977, cuando se iniciaba en la fotografía.

Unas manos de hombre que salen de la oscuridad amarran con fuerza los tobillos desnudos de una mujer subida a una silla. Ella lleva zapatos, pero los cordones de estos aparecen, como quizá también lo estén las defensas personales de la protagonista, desatados, caídos. No vemos la cara de ninguno de los dos actores de la escena. La foto de la cubierta de Other Rooms es una imagen nuclear de lo que puede encontrarse en el libro: voyeurismo, fetichismo, sensualidad, entrega, intimidad y ocultación.

Mirada "oblicua"

Se puede afirmar, como hace la prologuista del libro, la novelista y profesora de Literatura Francine Prose, que la mirada de Callis es siempre "oblícua" e invita al espectador a intentar adivinar qué sucede aunque se imponga la certeza de que se trata de algo relacionado con el sexo o la sensualidad, los dos grandes temas que han ocupado casi por completo la densa obra de la fotógrafa.

Pintalabios en un pezón, unas nalgas que sobresalen de una bañera llena de leche... Una mujer vestida de raso carmesí y vista en plano cenital alumbra con una pequeña linterna una zona de piel situada unos centímetros por debajo del pubis; otra, de la que solamente vemos las nalgas y el pelo, aparece desnuda y dándonos la espalda en una bañera rellena de leche; una tercera se aplica pintalabios en un pezón; otra extiende la palma de la mano sobre una mancha de miel...

"Nos convencen"

Nada explicitamente referido al sexo como encuentro de pieles o lascivias ocupa las fotos pero, al tiempo, todo es sexual en ellas. "Parte del misterio de estas imágenes es la forma en que nos convencen de que estamos viendo algo sexual incluso cuando el contenido no sea nada que podamos automáticamente categorizar como sexual", añade Prose en el prólogo, titulado, precisamente, Honey (Miel).

Incluso cuando hago fotos de objetos los miro acariciándolos con los ojos La fotógrafa, por su parte, afirma que esta colección es su "incursión más evidente" en la sexualidad. "Pero ese tema —ya sea la sexualidad o la sensualidad— ha sido constante en todo mi trabajo. Incluso cuando hago fotos de objetos los miro acariciándolos con los ojos", dice en una entrevista con The New York Mag.

Rasgos escondidos

Otra de las notables características de las casi 70 imágenes del libro, editado por Aperture [80 págimas y un PVP de 55,25 dólares si se compra en línea], es que Callis evita mostrar los rasgos de los protagonistas ("me interesan los cuerpos, no las caras", dice) de estas escenas de dormitorio ("es en las habitaciones donde sucede todo lo importante de la vida").

Cada modelo es un pecador desnudo o un ángel en una pintura flamenca Las facciones furtivas y ocultas —por sombras, posturas o por la decisión directa de la fotógrafa de dejar las caras fuera de plano— añaden un factor de misterio y provocación. Esa "decapitación", explica Prose, "refuerza nuestra sensación de que estamos viendo abstracciones", como si cada modelo fuese "un pecador desnudo o un ángel vestido de blanco escondido entre las hordas de los condenados o salvados en una pintura flamenca".

Madre de dos hijos

Cuando Callis hizo las fotos tenía 34 años y era una joven madre de dos hijos, circunstancia que también es necesario apuntar para entender la decisión de mantener la colección oculta. Tras estudiar fotografía en Los Ángeles, donde fue alumna del radical Robert Heinecken, expuso por primera vez en 1974.

No estaba comprometida con el feminismo porque todo lo personal es político En unas declarciones recientes a The New Yorker recuerda que en aquellos momentos no estaba comprometida con el movimiento feminista, porque pensaba que "lo personal es político" en sí mismo y no era necesario tomar una postura "ardiente" y temía que la colección de fotos eróticas fuese considerada como un gesto de cosificación de la mujer y su cuerpo.

"Cuando hice esta serie estaba en medio de un proceso de divorcio mientras intentaba abrirme camino en el mundo del arte. Estaba más preocupada por culminar un trabajo potente por derecho propio y no por ser una declaración política", dice.