Carnicería
Escaparate de una carnicería. ARCHIVO

A fuerza de prolongarse, la crisis económica ha dado un vuelco a los hábitos alimentarios de los madrileños. Según los datos del Ministerio de Agricultura, las familias optan con más frecuencia por productos que duran más que los frescos, que son más baratos o que se conservan mejor y son más fáciles de preparar.

La Base de Datos de Consumo en Hogares refleja que el consumo de carne subió de 318.966 a 329.034 toneladas (+3,15%) entre 2008 y 2014. Sin embargo, el gasto per cápita se redujo de 385,71 a 366,65 euros. ¿Por qué?

El kilo de pollo congelado es casi un euro más barato de media que el frescoLos motivos son dos. El primero de ellos es que la compra de carne congelada creció un 247%, hasta las 8.787 toneladas. La que más lo hizo fue la de pollo, que se cuadruplicó, mientras que la de ternera y la de cordero se duplicaron.

"Los supermercados han comenzado a ofrecer carne congelada. Su éxito obedece exclusivamente a que la calidad es buena al tiempo que es más económica", admite un portavoz de Anice, la asociación nacional de industrias cárnicas. Mientras un kilo de producto congelado sale hoy por 4,37 euros de media, el fresco alcanza los 6,07 euros, 1,7 euros más. "Son productos con las mismas garantías de trazabilidad y seguridad alimentaria que el resto", añade el colectivo.

La segunda razón es que los madrileños compran menos ternera y añojo (-17%) y menos cordero o cabrito (-19%). Lo compensan con productos más económicos como pollo (+4%), conejo (+31%), pavo (+91%) y otras carnes frescas (+64%). Además, se han pasado a las modalidades más baratas. Por ejemplo, adquirir el pollo entero (2,89€/kilo) en lugar de fileteado (6,24€/kilo).

Los embutidos ibéricos han visto caer sus ventas a la mitad en algunas modalidades, como es el caso del jamón y la paleta ibérica por enteros.

Pescado barato

Las estrecheces económicas también han llegado al pescado. Hoy se come un 8,7% menos que hace cinco años (de 112.171 a 102.357 toneladas). De nuevo, cae el fresco (-11,5%) y sube el congelado (+12%), que ya es el 18,4% del que llega a las cocinas, frente al 15,8% de cinco años antes.

Se compra un 28% más de pescados en conserva y un 70% más de legumbres envasadasLas familias han hecho hueco en su dieta a congelados de segunda categoría (panga, abadejo). Ahora las pescaderías venden menos especies tradicionales, como la merluza, la trucha, el lenguado, la lubina, o la dorada. En su lugar, optan por especies baratas entre las que se encuentran el boquerón y la sardina, que apenas sobrepasan los 5 euros el kilo. Entre los de mayor precio - 7-9€/kg- crece el consumo de bacalao, salmón o rape, que cunden más. De la cesta de la compra salen mariscos, moluscos y crustáceos (-7%), sobre todo los mejillones y las gambas y langostinos.

Las alacenas de las casas se llenan de pescados en conserva, cuyo consumo se amplía un 28%. El fenómeno es similar al que ocurre con las legumbres en conserva (+70%). "La gente se vuelve más previsora. Aunque el precio es mayor, los productos envasados tardan mucho en ponerse malos y se cocinan fácilmente. Tal y como estan las cosas, duele mucho ver que la comida se estropea en la nevera", explica Antonio López, portavoz de  confederación de consumidores CECU.

Además, se han popularizado los platos precocinados con arroz. "Los que trabajan, tienen poco tiempo de cocinar, por eso recurren a estas salidas", añade López. Para Juan Revenga, nutricionista, esta práctica, junto con el abuso de los congelados, favorece los malos hábitos alimentarios: "Es más fácil y barato comer mal que bien. Las situaciones de malnutrición afectan más a las clases desfavorecidas".

Fieles al aceite de oliva

La necesidad de estirar los sueldos hace que se opte más por ingredientes básicos como el arroz (+24%), las pastas (+15%) y las legumbres (+14,5%).

A lo que los madrileños no renuncian es a las patatas, las hortalizas o la fruta fresca. Hoy toman un 7% más, aunque también se opta por variedades económicas y de temporada como naranjas, melones y sandías.

El aceite de oliva sigue estando en el centro de la cocina. Los 52.117 kilos consumidos en 2008 se han transformado en 58.825 (+12,9%). En cambio, merma el pan (de 195.719 toneladas a 181.429, -7%), que se toma menos fresco y más de origen industrial.

María Dolores, ama de casa, prefiere comprar en supermercados donde ofrezcan cupones de descuento.María Dolores, ama de casa: "Prefiero lo fresco, pero busco los cupones de descuento"

"No he recortado en comida ni en calidad, aunque sí me fijo en los precios. Prefiero lo fresco, pero busco los cupones de descuento y voy a los supermercados que me los dan. Hay que tener cuidado con las ofertas de 2x1 o 3x1. Muchas veces terminas comprando cosas que no necesitas o que se te ponen malas".

Héctor ha comenzado a comprar congelados porque son más baratos y cree que no tienen peor calidad.Héctor, parado: "Los congelados no tienen nada de malo si se conservan bien"

"Antes no compraba congelados, pero ahora sí porque necesito ahorrar. No tienen nada malo si se conservan y se descongelan bien. Lo último que cogí fueron alitas de pollo, porque estaban un euro más baratas que las frescas. Las hice a la parrilla y salieron estupendamente. Lo que no te comes, lo guardas y dura meses".

Bruno, estudiante que se fija en las marcas blancas a la hora de hacer la compra

Bruno, estudiante: "Compro latas porque se preparan más rápido"

"Me guío principalmente por el sabor e intento no escatimar en comida, aunque si sé que hay un producto de marca blanca que es del mismo fabricante y tiene las mismas características, voy a por él porque es más barato. En eso sí me fijo. Luego, como soy estudiante, prefieron comprar latas o verduras envasadas, porque se preparan más rápido. No tengo mucho tiempo".

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