Los príncipes de Asturias
Don Felipe y doña Leticia, en el salón del trono del Palacio Real de Madrid, durante un acto institucional. GTRES

Todo el mundo espera algún gesto trascendente del proclamado Felipe VI. Y si en algo coinciden expertos y políticos es en que debería ser el nuevo rey el que impulse una reforma de la Constitución, lo que podría suponer una regeneración de la monarquía, por hacerla más actual y más abierta y por ser refrendada junto a esa hipotética y reformada Carta Magna.

Si algo se reclama, debate o teoriza es sobre el papel que jugará el rey Felipe VI en la fricción nacionalista y si será quien aconseje o anime al Gobierno a iniciar una reforma constitucional que contemple otros modelos de estado. En cualquier caso, el rey no tendrá capacidad jurídica ni de mando para iniciar ni imponer ninguna reforma, norma o ley, pues su papel es el de representación, moderación y arbitrio. Pero su figura aún tiene un peso fundamental a la hora de ejercer de acicate para iniciar movimientos políticos.

Don Felipe quiere trabajar por "una Nación, una comunidad social y política unida y diversa" Varios líderes independentistas han revelado ya sus esperanzas de que la llegada al trono del actual príncipe de Asturias suponga un revulsivo que rompa el enrocamiento sobre el tema soberanista. Artur Mas, presidente de la Generalitat catalana afirmó este lunes que "un nuevo jefe de Estado, un nuevo rey de España, siempre es un nuevo escenario", aunque aclaró que "no será fácil que —el futuro rey— intente poner una solución concreta encima de la mesa".

El portavoz del PNV en el Congreso, Aitor Esteban, hacía ver durante el debate por la ley de abdicación que Felipe VI debe "ganarse el trono" convenciendo a la ciudadanía y a las fuerzas políticas de su "utilidad" y, para ello, le instaba a comenzar su reinado reconociendo las diferentes "naciones" del Estado y abriendo un periodo de reforma constitucional.

Con motivo de la entrega del Premio Príncipe de Viana de la Cultura de 2014 el príncipe de Asturias pronunciaba un discurso en el que manifestaba su "empeño y convicción" de dedicar todas sus fuerzas a la "fascinante tarea de seguir sirviendo a los españoles" y a su "querida España", "una Nación, una comunidad social y política unida y diversa".

Sin embargo, también advertía que "en periodos de dificultades como los que atravesamos", la experiencia de tiempos pasados "nos enseña que solo uniendo nuestros afanes, anteponiendo el bien común a los intereses particulares" lograremos "avanzar hacia escenarios mejores", lo que en opinión de algunos expertos suponía una referencia poco propicia al conflicto soberanista en Cataluña.

Posibles reformas constitucionales

Durante el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero se pidió al Consejo de Estado elaborar un informe sobre la posibilidad de reformar en Constitución cuatro temas fundamentales que ésta regula: el modelo autonómico (incluir la denominación de las 17 Comunidades Autónomas), la igualdad del hombre y la mujer en la sucesión dinástica a la corona, el encaje e integración de la Constitución europea y la función del Senado (y su carácter territorial). El Consejo de Estado determinó entonces que sí cabría una reforma de esos cuatro aspectos.

Aaí, además del tema nacionalista, desde muchos ámbitos se han reclamado reformas en los otros tres aspectos:

  • Discriminación a la mujer
    En el artículo 57 -Título II, de la Corona-, se establece que "la sucesión en el trono seguirá el orden regular de primogenitura y representación, siendo preferida siempre la línea anterior a las posteriores; en la misma línea, el grado más próximo al más remoto; en el mismo grado, el varón a la mujer, y en el mismo sexo, la persona de más edad a la de menos". El de la prevalencia del varón a la mujer fue un tema muy debatido antes de los nacimientos de las infantas Leonor y Sofía, pues de haber sido varón la segunda, habría tenido preferencia frente a su hermana. Sin embargo, fue un tema que quedó aparcado. "Es una anomalía constitucional, pero ahora hay otras urgencias", afirmaba Rajoy en 2012.
  • La Constitución Europea
    El 20 de febrero de 2005 la ciudadanía española aprobaba mediante referéndum el texto de la Constitución Europea. Ya antes habrían surgido dudas sobre si existirían incompatibilidades con la Constitución española. Fue el Tribunal Constitucional el que mediante la opinión mayoritaria de sus miembros, se pronunciaba afirmando que no existía contradicción alguna, por lo que no procedía una reforma en aquel momento.
  • La reforma del Senado
    La función del Senado en España también se ha puesto en tela de juicio en numerosas ocasiones, por considerarse redundante, poco operativa o innecesaria. El portavoz del PSOE en el Senado, Marcelino Iglesias, apostaba recientemente por reformar esa Cámara para que se pueda debatir en ella, "sin ningún tipo de cortapisa", sobre "todas las materias cuya competencia es de las Comunidades autónomas", algo que "relajaría muchísimo la tensión territorial que tradicionalmente se produce en nuestro país". El Senado quedaría así como un órgano de marcado carácter territorial.

Un proceso complejo

Podrían ser esos los cambios que impulsara Felipe VI, mediante su planteamiento a las diferentes fuerzas políticas, aunque se trata de un proceso enormemente complejo. Según explica Argelia Queralt, doctora en Derecho y profesora Derecho Constitucional en la Universitat de Barcelona, algunos cambios superficiales en la Constitución pueden hacerse de forma abreviada, como se hizo con la reforma para la adaptación al tratado de Maastricht y la reforma del art 135 para incluir el concepto de "estabilidad presupuestaria".

La reforma podría requerir un procedimiento simple o agravado Pero para determinadas materias, como es por ejemplo la corona, se necesita una reforma mucho más compleja y se requiere un referéndum obligatoriamente. "Si se modifica solamente la parte dedicada a la explicación de lo que son las comunidades autónomas, en el título octavo, eso podría hacerse con un proceso simple", explica Queralt.

Sin embargo, "hay que considerar que si las reformas se van a llevar a cabo de forma conjunta se debería utilizar un procedimiento agravado, que se utiliza o bien para un asunto de calado o para una reforma global de la Constitución", como sería el caso de los cuatro grandes temas citados.

Suponiendo que Felipe VI propusiera alguna de estas reformas y las fuerzas políticas atendieran su petición, primero se haría una votación en las Cortes para aprobar el inicio de la reforma de la Constitución. Posteriormente, habría que disolver las cámaras y celebrar elecciones. Se volvería a constituir el Congreso y el Senado y las Cámaras deberían decidir si se sigue adelante con la reforma y si así fuera deberían discutir y redactar el nuevo texto. Más tarde, sería imperativo la aprobación de esa nueva redacción mediante referéndum.

Una cuestión fundamental es que si finalmente se reformara la Constitución en artículos trascendentales, manteniendo el papel y estatus de la corona en su nueva redacción, de ser aprobada ésta en referéndum por la ciudadanía serviría también de refrendo de la monarquía y podría acallar las voces críticas que dudan de la legitimidad de lo votado en la Carta Magna de 1978.

Transparencia y control de la corona

Sin embargo, aún queda otro tema fundamental que quizá sea el mayor reto y el paso más difícil pero necesario que debería proponer Felipe VI: la reforma de la monarquía. En la pasada ley de Transparencia la corona quedó parcialmente fuera de la obligación y control al que se sometía a los partidos políticos, aunque desde Zarzuela se pidió que se les incluyera en la ley. El futuro rey debería así ser el que diera el paso de abrir la corona, de ampliar su transparencia y obligaciones.

Abrir un debate sobre la reforma de la Constitución debería ser "una oportunidad para abrir un debate sobre la monarquía y en el caso de que ésta continuara, para profundizar en el control de la actividad del monarca por parte del Parlamento", hace ver Queralt. De no impulsar estos cambios, "o en su caso no dificultar una reforma de la monarquía que llevara a un mayor control o transferencia, eso debilitaría su posición institucional", avanza la profesora.

"El soberano debe ganarse al pueblo para el que trabaja", explica la experta, que además, pone de manifiesto que la simpatía de los más jóvenes por la monarquía no tiene el mismo calado que en las personas más mayores, por lo que todo lo que hiciera Felipe VI por modernizar su institución contribuiría a mejorar su posición.